Galope andaluz

Javier Pachón Bocanegra (@pachonboc)

Donde Mediterráneo y Atlántico se mezclan en uno. La vista de las extensas costas choca con la montaña. Mismo lugar en el que el desayuno emblema es el oro líquido sobre las masas de trigo. Punto para confundir el deslumbre del mar y los destellos en la nieve. Último capítulo de los musulmanes en su edén. Cuna en la que mecer a Picasso, Lorca, Bécquer o Alberti. También donde nacieron el ‘Club de los EREs’ o el de ‘los Cursos de Formación’. Sede de la lucha del paro por alcanzar al Teide en esa pugna por hacerse con la mayor altura. Enclave para ofenderse si se les burlan desde fuera, pero nunca cuando la bufonada se produce desde dentro. Capital del sol y la oscuridad, de la cultura y la corrupción. Caricatura de España en su esperpento.  

“Andalucía es el único lugar donde no solo se viene a hacer turismo. Aquí se viene a ser tú mismo”, presume el último spot de la comunidad. Algo así debieron pensar los bondadosos, causantes de la mayor mofa que se recuerda a la figura del andaluz: ya que nos han votado, ¡vamos a ser nosotros mismos! Y vaya si lo han sido. Difuminándose el “pim, pam: propuesta” de Carmona (PSM) con el “pim, pam: imputado” de Alaya, llegan a Al-Ándalus los primeros entretenimientos de un año cargado de juguetes, aquellos con los que los ciudadanos juegan a la democracia: las elecciones. Populares, podemistas, upeydianos, ciudadanos y unidistas buscarán el poder del sur que solo los socialistas han conocido en más de 30 años. “¡A galopar, a galopar!”, exclaman todos parafraseando a Alberti y recordando la voz de Paco Ibáñez. Veremos si, como en el poema, los aspirantes terminan con el “hasta enterrarlos en el mar”.

El escandaloso descaro de los EREs y del ‘caso Edu’, de la cocaína y las putas a cuenta de los fondos europeos, no parece todo ser suficiente para que el Partido Socialista Andaluz abandone el trono. Tampoco debe bastar con estar a la cola de Europa en educación. Si el paro general (34%) compite con el Teide, el juvenil (59%) batalla con el Everest. Nada pesa lo necesario. Al menos, así lo manifiestan las siempre fiables encuestas (EGOPA, Metroscopia y CIS), que les dan como ganadores con alrededor del 35% en estimación de voto. Encomendados a la fuerza de la todopoderosa y omnipresente Susana Díaz, que sin ser presidenta electa -sustituyó a Griñán- es capaz de establecer valoraciones propias en nombre de todos los andaluces. Sabedora de su inminente victoria -parece que solo queda saber por qué margen y con quién reinará- rompió sobre la bocina el pacto con IU por el que han mantenido su hegemonía: “Inestabilidad”, alegaron; el tren de las generales, parece. Chaves y Griñán -los antiguos jefazos- se han convertido en el último mes en una pesada ancla que los socialistas tendrán que arrastrar en esta recta final.

Como principal -y eterno- oponente en la guerra por hacerse con el sillón de la Junta, los populares fían su futuro a las manos de un desconocido no solo para el mundo, sino también para el pueblo andaluz -el 38% de los andaluces no le conoce, según la última encuesta de Metroscopia-: Juan Manuel Moreno Bonilla. Los de la gaviota han basado su aleteo en atizar a los socialistas del sur por las corruptelas sistemáticas en su gobierno, aplicando el principio hypokrisis que utiliza Moreno Bonilla en Andalucía y Pedro Sánchez fuera de ella. La delegación de Rajoy acarició la cima con Javier Arenas en los últimos comicios, donde fueron la lista más votada, pero la alianza de izquierdas impidió su entrada en los ahora dominios de Díaz. Según el último CIS, los populares quedarían relegados a una segunda posición el próximo día 22 de marzo con un 25,7 por ciento en estimación de voto.

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Sin precedentes y sin tener claro cuáles serán sus resultados, aparecen en Andalucía dos nuevos colores que no dejan de cruzar por los televisores: Podemos, con Teresa Rodríguez; Ciudadanos, Juan Marín. Los de púrpura se enfrentarán a unas elecciones por primera vez en su corta historia. Las descalificaciones y dudas que circulan alrededor de la formación a nivel nacional se aplican a su candidata regional y eurodiputada por el partido de Iglesias. Desde que se anunciase el adelanto electoral ha habido algún que otro roce entre Sevilla y Madrid por tener distintos puntos de vista sobre las ambiciones en el sufragio. Eso sí, los sondeos y las cocinas -tan cuestionadas por Rodríguez- dejan a Podemos en un 15% como tercera fuerza, un 19 en el barómetro del CIS. En el caso de Ciudadanos, intentarán utilizar la inercia positiva que ha tomado la figura de Albert Rivera para entrar en el parlamento andaluz después de que este vaticinase un pacto PP-PSOE. El líder catalán de familia andaluza patinó en un mitin en la comunidad con una cita que -pese a su razón- fue motivo de enfado colectivo: “No vamos a repartir pescado, vamos a enseñar a pescar”. Al enojo -por la torpeza de decir una ardua certeza a un público que ve en la crítica externa un ataque contra su honor- se le une los burdos intentos del PP nacional de desprestigiar a los de Rivera apelando a su procedencia catalana: “Siudatans”, decía Rafael Hernando inventando términos en su estrategia por emborronar el naranja. Metroscopia les dibuja dentro de la corte con un 11 por ciento estimado, el Centro de Investigaciones Sociológicas les deja en un 6.

Como socio de gobierno de los socialistas a través de un pacto que no cumplió las expectativas del tercer y último partido representado en el Parlamento, Izquierda Unida encara la fecha con unas ambiciones difícilmente verosímiles: el CIS les reduce a un 6% de votantes, mientras el candidato Antonio Maíllo afirma querer ser “el primer presidente gay de Andalucía”. Tras haber sido el bastón, primero de José Antonio Griñán y luego de Díaz, desconfían ahora -o eso dicen- de lo que les puedan prometer Susana y compañía, pero no descartan volver a pactar. Intentando alejarse de Madrid, se espera que den forma a una asamblea más fragmentada que en 2012. Por otra parte, sorprendería que UPyD o el Partido Andalucista obtuvieran algún escaño. No sería conveniente obviar que el 41% de los encuestados por el CIS reconoce no saber a quién va a votar aún.

El sol continuará bañando cada rincón. Los alemanes, rusos y británicos, no abandonarán Marbella. La Giralda, la Torre del Oro, la Mezquita y la Alhambra no se moverán del sitio. Se irá la oscuridad para dar paso a la claridad o abandonará la luz para que entren las tinieblas, quizá todo continúe igual, independientemente de los ingresos y marchas. Lo que se asegura es que el frenético galope seguirá hasta el final, “hasta enterrarlos en el mar” a unos o a otros.

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