Elías Moro “A los periodistas no se les lleva a ningún sitio si ellos no quieren”

Foto-Ramón Simón

Por José Manuel Sánchez Moro

Un lugar para nadie fue el tercer libro de Álex Chico. Con reseña de López-Vega en El Cultural, se terminó de imprimir el 14 de enero de 2013 en Artes Gráficas Rejas de Mérida. Se trata de la letra J, incluida en la colección de 27 libros -tantos como letras el abecedario tiene- “Luna de Poniente”, que, en la editorial emeritense De la luna libros dirigieron Marino González Montero y el también poeta Elías Moro, con quien hoy charlamos. Testigo y partícipe con títulos como “Contrabando”, “Óbitos súbitos” de los mejores tiempos de las letras extremeñas, con la Editora Regional de Extremadura comandada por Álvaro Valverde, primero, y Luis Sáez después. En Calambur han aparecido títulos como “Me acuerdo” y “El juego de la taba”.  Antón Castro se ha referido a él como un Gómez de la Serna, dada su habilidad para caer en uno u otro género. Narrativa, poesía y hasta aforismos, escuela en la que se encuadrará su último trabajo a punto de aparecer en la editorial sevillana Ediciones La Isla de Siltolá.

 

Elías nace en Madrid. ¿Qué le une a Extremadura?

Los orígenes familiares, en primera instancia: mis padres eran extremeños, de esos emigrantes que la miseria expulsó de su tierra a mediados de los 50. Siempre digo que yo hice una emigración a la inversa: de Madrid a Mérida por cuestiones de trabajo. Fue la casualidad lo que me trajo aquí; el amor y la amistad se han encargado después de mi permanencia en este lugar que tantas alegrías me ha dado en todos los ámbitos.

 

¿De qué conocía a Marino González y de dónde parte la idea de la colección “Luna de Poniente”?

Conozco a Marino desde hace más de 20 años, desde que fundó en Mérida la añorada librería “La Luna”. Desde entonces no he dejado de colaborar con él en algunos de sus proyectos, -participando, por ejemplo, en su revista homónima o con un par de textos para ser representados en teatro- hasta esta “Luna de Poniente” que ya toca a su fin. La idea de la colección parte del editor, y su realización ha sido posible también por el apoyo decidido a la misma del Ayto. de Almaraz.

 

¿Se elaboró una lista previa de autores? Parece que no, aludíamos al fin de la impresión del libro de Álex en enero de 2013, cuando Fernando de las Heras aún no se había estrenado como poeta –llegaría meses después en la Editora Regional de Extremadura-.

Sí, se elaboró una primera lista en la que aparecían alrededor de cuarenta autores. Pero no era un canon cerrado e inamovible, por lo que a la misma se fueron incorporando algunas nuevas voces que nos parecían interesantes en el proyecto.

 

Aún con todo, sí un croquis de aquellos con los que se contó en un principio, ¿no?

Claro, había algunos autores que nos parecía que tenían que estar en la colección dada su reconocida trayectoria poética. Pero las mismas características de esta -libro inédito, con empaque de tal, no antologías ni una simple reunión de poemas sin hilazón entre sí-, sumado a la lentitud o demora en la escritura de algunos autores o previos compromisos editoriales de otros, ha hecho imposible contar, muy a nuestro pesar, con algunas presencias deseadas

 

Una ausencia señalada, por ejemplo, es la de Diego Doncel. ¿Cuestión de criterio o de indisponibilidad de este?

Indisponibilidad por su parte, pues Diego era uno de los autores presentes desde el principio en esa lista que antes citaba. Pero no ha sido el único que, lamentablemente, no ha podido estar. Por ejemplo, nos hubiera gustado contar con más presencia femenina.

 

¿Cuál era el objetivo? Viendo el diseño de portada, una foto a tamaño completo del autor, con título y nombre, la promoción a toda costa…

El objetivo primordial era dejar constancia de la poesía que se está escribiendo por los extremeños en estos primeros años del milenio. Hasta donde nosotros sabíamos ninguna colección de poesía había apostado por un diseño así. Con esa imagen en blanco y negro del autor ocupando toda la portada -que debo confesar que a mí al principio no me gustaba demasiado, aunque luego se ha demostrado todo un acierto- se buscaba dar a la colección un sello propio de identidad ya desde el pórtico. Y de paso, hacerla bien visible para el público lector, algo que nunca viene mal.

 

En qué año se gestó la idea -hubo de ser muy pronto- o se fue detrás del poeta en cuestión: “oye, el libro que por h o por b no salió editado en su día y que tengas por ahí por casa…”.

El proyecto -27 libros de poemas signados de la A a la Z- ha tenido una duración de cuatro años. Y en este lapso de tiempo ha habido tiempo de esperar la obra de algunos autores y de desechar la de otros que por un motivo u otro no tenían cabida en la colección. Al fin y al cabo, sólo cabían veintisiete. Habremos tenido fallos, seguro, pero sinceramente creo que han sido más los aciertos.

 

¿Qué papel jugó Elías Moro en todo esto? Partiendo de las palabras de Antón Castro, por la que es un “animador” de escritores…

La generosidad y el cariño que Antón Castro me ha demostrado en tantas ocasiones, le lleva a atribuirme méritos que pocas veces merezco. Quisiera pensar que mi papel ha sido el que Marino esperaba de mí cuando me embarcó en esta aventura “lunar”: contacto con autores, petición de originales, lectura y análisis de los mismos…

 

Sorprende el diseño. Más ambicioso (rústica con solapas) que los de la otra gran editorial extremeña, la Editora Regional de Extremadura, con cubiertas más sobrias.

Todo el mérito del diseño hay que atribuírselo a Marino González. No en vano lleva más de veinte años en este mundo de la edición y ese bagaje creo que se nota para bien en los libros. Pero me gustaría recalcar ese hermoso detalle de la contra donde, en contraste con la portada en blanco y negro, aparecen en color y a mucho menor tamaño, detalles de las manos de los autores. Las magníficas fotografías de Pedro Gato también han sido parte importante de este proyecto.

 

¿Qué ha pasado con la Editora? Antonio María Flórez, reconocía, en una entrevista en la propia Rick´s Magazine, que tras la marcha de Luis Sáez, un proyecto de edición de escritores hispanoamericanos se venía abajo. Como tantos “otros” decía.

La deriva actual de la ERE es una pregunta que habría que trasladar a sus actuales responsables. Desde fuera, es evidente que el casi olvido de las antologías poéticas, la publicación periódica de autores hispanoamericanos y portugueses o la fluida coedición con otras editoriales de prestigio, han sufrido un varapalo considerable.

 

Elías-Francisco Miguel Rodíguez Cordero

¿Volverá la verdadera Editora como la llamaba Álvaro en su blog refiriéndose a “La tristeza del eco” de Álex Chico aparecida en ella? De qué dependería.

El que la Editora Regional -una editora pública reconocida como una de las mejores de España casi desde su fundación hasta no hace mucho- vuelva por sus fueros depende, a mi parecer, de un criterio editor y cultural que ahora mismo no sé cuál es. Por sumar otro ejemplo a los anteriores, que una colección de narrativa como “La Gaveta” haya dejado de publicarse me parece un fallo mayúsculo. La calidad y belleza tipográfica        -asunto no menor este-  de esos libros se echa mucho de menos.

 

No es arbitraria la referencia en la biografía a Álex Chico, a su letra J en la “Luna de Poniente”, y la crítica de López-Vega en El Cultural. Y es que, tal y como se quejaba Cumbreño en su blog, al XI CONGRESO DE ESCRITORES EXTREMEÑOS no se llevó ni al Hoy ni al Periódico de Extremadura. De otro lado, hasta el punto de presentir un veto, los libros de De la luna libros no se transitan por estas redacciones. ¿Cómo es esto?

A los periodistas no se les lleva a ningún sitio si ellos no quieren ir. Pero me consta que tanto uno como otro periódico, así como diversos medios audiovisuales, tenían cumplida información del congreso de la AEEX. El que sus responsables decidan que actos culturales de esa envergadura no interesan en sus medios dice mucho de sus políticas editoriales.

En cuanto a ese veto a los libros de De la luna en los medios que citas -algo así como el tonto que tira piedras contra su propio tejado-, resulta bastante evidente y notorio para quien quiera verlo.

 

En un Aula Literaria Gvadiana (de allí guardo la primera imagen de Elías Moro, compartiendo criterios con Aramburu) José Antonio Zambrano, reconocía que antes de iniciar su labor escritora releía para tomar ritmo. Si es así, ¿a quiénes se acerca Elías Moro antes de crear?

Si voy a escribir sobre un tema definido procuro acopiar la información que puedo alrededor del mismo. Pero no recurro a ningún autor en exclusiva y sí a todos en general; quiero decir que uno tiene un bagaje lector y cultural en el que se apoya inevitablemente su labor creadora. Tengo mis autores de cabecera, por supuesto, pero eso no implica un constante volver a ellos antes de embarcarme en un proyecto concreto. Pero esas lecturas y autores siempre están ahí, de eso no tengo ninguna duda.

 

Por igual, Zambrano decía en aquella aula tener un verso o dos siempre en la cabeza y que hasta que no se sentaba no cogía forma el poema. En el caso de Elías, no solo poemas, sino aforismos de pensamiento rápido. ¿Se vale de formas románticas como la servilleta, un cartón de tabaco o simplemente de la memoria?

Cada vez me fío menos de mi memoria y no siempre está uno, como decía Fray Luis de León, “en sazón de recibir”, así que me valgo de la romántica libreta desde hace tiempo para cazar la ideas al vuelo; nunca salgo sin ella en mi macuto. Y suelo tomar los apuntes, que acaso luego acaben en algo más sustancioso, con un lápiz. Idea que no se apunta, idea que se pierde.

 

De aulas sabe mucho Elías Moro. Fundó en Mérida el Aula Literaria “Jesús Delgado Valhondo”. El introductor de éstas, Ángel Campos Pámpano, lo llamó el Pau Gasol de las letras extremeñas. ¿Cómo cree que han ayudado a literaturalizar a un pueblo antes incomunicado y ajeno a los escritores de primera línea en cuanto a la crítica se refiere? Alguna anécdota de ellas.

La idea fundamental de Ángel Campos Pámpano al crear las Aulas Literarias fue acercar lo mejor de la poesía y la literatura española, portuguesa e hispanoamericana a los alumnos de instituto de la región, sembrar semillas “literarias” en sus conciencias con la idea de que germinaran a su debido tiempo. Una iniciativa de este tipo, en aquellos años casi desiertos culturalmente, fue un acierto fundamental, reconocido por muchos de los autores que por aquí pasaban. A día de hoy, no hay en España una actividad similar, ni con tanta proyección en ese ámbito educativo. Y los frutos de aquellas semillas ya se están recogiendo.

 

En cuanto a la anécdota, para mi bagaje personal, me quedo con esos momentos relajados de después de las lecturas, el acercamiento personal y más cercano con algunos autores que admiraba como tales y que luego he admirado también como personas. Por citar algunos, Bernardo Atxaga, Luis Landero, José Hierro, Félix Grande, José Viñals, Juan Carlos Mestre, Jordi Doce, Cristina Grande, Fernando Sanmartín…

Una de las que recuerdo con más frecuencia es cuando José Hierro me hizo “robar”     (“-Tú llegas bien, me decía”) naranjas amargas de la Plaza de España de Mérida  bajo la pachorrona mirada de un policía municipal, para preparar con ellas lo que el poeta llamaba el “Cóctel del 27”: un generoso chorro de ginebra, un poco del zumo de las naranjas, algo de azúcar y un susto de tónica. Aquella noche cayeron unos cuantos de esos cócteles que, por los efectos perversos que me produjeron en el organismo, más parecían los del conocido “molotov”. Llegué a casa a las tantas de la madrugada “bastante perjudicado”, por decirlo con un eufemismo suave. Por no hablar del amargo despertar.

 

¿Dónde se hospedan los escritores durante sus visitas? Hablábamos de Aramburu antes, que viene de Alemania, por ejemplo.

En esa cuestión cada Aula se organiza a su manera, pero hasta donde yo sé casi siempre se alojan en el mismo hotel. En el caso de Mérida, y de bastantes años a esta parte, en el Parador, ya que nos ceden de manera gratuita un espacio para realizar en él la lectura abierta al público de por la noche y es una manera de corresponder a su apoyo.

 

En breve aparece “Algo que perder”, en Ediciones La Isla de Siltolá. Un libro de aforismos. Editorial propicia para estas lides. Ya, en las portadas, se retoma a Gómez de la Serna. Álex Chico se refería ella como la que releva a la difunta DVD hoy. Es un catálogo glamuroso, donde se incluye a la gama de escritores que en 100 años se estudiarán en las aulas de literatura. ¿Qué opinión le merece?

La opinión no puede ser otra más que altamente positiva. No porque haya publicado en ella mi anterior libro, “Manga por hombro” o esté a punto de aparecer ese “Algo que perder” que citas. Lo que me gusta de ella, aparte del cuidado en la edición, de la belleza de las cubiertas, de la generosidad y buen trato del editor… es la firme apuesta que, en afortunada mezcla con autores consagrados, hace por gente joven y desconocida sin menoscabo de la calidad. Y aunque ya es una firme realidad, no tengo ninguna duda de que su catálogo dará también mucho que hablar en el futuro.

No obstante, ya ha pisado esa editorial. Títulos como Poesía para niños de 4 a 120 años. Analizando su catálogo tiene uno la sensación de que es un escritor inquieto, experimentador, sorpresivo. No como un Kafka siempre girando y girando en torno a lo mismo, quiero decir.

A la hora de escribir me considero bastante ecléctico en los temas y las formas: si bien es cierto que lo que más me gusta es la poesía, también lo es que es el género que más complicaciones y dudas me provoca a la hora de llevarlo a cabo. Pero me siento muy cómodo en otros como el microrrelato, el aforismo, la greguería, el apunte de lo cotidiano…

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