Amor a lo bestia

Por Francisco Lirola

“¿Sabes lo que repetía el Torlonio? Esto: la mejor vida, Bruno, andar a cuchilladas por una hembra”  (Jose Luis Sampedro, La Sonrisa Etrusca)

El anciano calabrés transmitía a su nieto la sabiduría que su viejo amigo repartía como bombas entre los nazis. Salvatore era su nombre oficial, pero se hizo de gloria como Bruno, el viejo partisano italiano, un guerrillero. No se metió en la guerra por patrias ni ideologías, cosas de militares, sino por amor, una típica vendetta. Los alemanes le mataron a Salvinia, aquella mujer que era como un vendaval, fuerte, descarada,  la mataron en su molino, donde era la reina. El señor Roncone se convirtió en hombre duro, cascarrabias, franco, orgulloso. En su forzoso exilio a Milán no dejó de reprochar a su hijo el haber olvidado las tradiciones de su Roccasera natal y haberse ablandado con las costumbres del norte de la bota. Pero no era todo malo, allí conoció a su nietecito, Bruno, Brunettino, un bebé que lo tenía hipnotizado, atontado. Era un niño fuerte, inteligente, avispado, con un futuro prometedor, y necesitaba que su nonno le enseñara a ser un hombre para que no acabara como su padre. Él le contaba sus historias, y Brunettino las entendía, las asimilaba. No decía nada, no hacía nada, pero ya sabía de qué iba el cuento, o así pensaba su abuelo embobado. Gracias a aquél crío conoció a Hortensia, que lo enamoró, con la que se prometió, la que le hizo ver que las mujeres son más que sexo. Estamos hablando de un señor de pueblo, arraigado a su tierra, trabajador, combativo, hombre implacable, contestatario, como guerrillero mató e intentaron matarlo, torturó y lo torturaron, perdió amigos y se convirtió en un peñasco árido de su Calabria natal. Y sin embargo, se enamora como un adolescente, se enternece con su nietecito  y probablemente lo siente más que nadie.  Es amor a lo bestia.

tumblr_mtw9uyerQe1rdmjx1o1_500                                                                        (Vía Guarromántico)

A  través de un protagonista sin nombre, Juan Vilá sentencia este sentimiento en Señorita Google: “El amor ha muerto (…) Ya no existen las condiciones necesarias para que se dé un sentimiento semejante (…) Falta, sobre todo, generosidad y capacidad de entrega, falta compromiso y fe en que algo pueda durar más de diez minutos sin derrumbarse“. Y tal vez tenga razón, por lo menos en el sentido tradicional. Probad de hablar de amor con una chica, huye como lideresa madrileña. La juventud está de moda, ser joven es cool, los garitos se llenan de viejóvenes que no aceptan una noche de peli y mantita. El síndrome de Peter Pan generalizado. En esta búsqueda de la eterna juventud es imprescindible tener libertad, rechazar ataduras y compromisos, como una relación sentimental. La vida es corta, gózala, y nuestros estados de Tuneti se llenaban de Carpe Diems cuando lo aprendíamos en Lengua. El mundo se ha vuelto enorme, complicado, hay que moverse y nos sobran las cadenas. Pero el amor no ha muerto, ha dejado de ser un impedimento para pasarlo bien. En la era del follamigo (desde aquí todo mi desprecio para “amigovio”, le quita lo divertido) los sentimientos no han desaparecido, se han racionalizado y adaptado a los nuevos gustos. Ya nadie se vuelve loco de amor, eso es muy viejo, muy infantil, pero siempre habrá locos.

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                                                                           (Vía Guarromántico)

En el tema La última cena, los Narco describen una relación muy especial, la de un hombre y una mujer que tanto se quieren, tan apasionados, que se comen vivos. Literalmente. “Esto es romántico, no es violento. Algo así debió de pensar Armin Meiwes, llamado por la prensa El caníbal de Rotemburgo. Un chico tímido, oprimido por una madre tiránica, que tenía un gran sueño: comerse a alguien. Armin era muy buena persona y muy considerado, por lo que no quiso devorar a nadie que no estuviera de acuerdo. Y lo encontró. En 2007 contacta por un chat con Bernd Brandes, ingeniero berlinés y bisexual con gustos sadomasoquistas y violentos. Quedaron un fin de semana. Tras mucho hablar, Brandes reafirma su decisión, “córtalo de una vez“, refiriéndose a su pene. Meiwes lo capó, cortó la pirula por la mitad y la cocinó para los dos. Atiborrado de medicamentos y alcohol, el ingeniero no sentía ningún dolor. Cuando se terminaron la tapa, Armin Meiwes asesinó a Brandes en su mesa de descuartizar (a lo Dexter), lo desmembró y se comió su carne en los días posteriores. Armin cumplió su sueño, pero nunca llegó a entender los motivos de Bernd ¿Por qué era tan feliz mientras lo hacía? ¿Qué lo motivo? Aceptó con gusto el máximo sacrificio, la entrega absoluta. Todavía hay locos, y de muchos tipos.

El amor no ha muerto, está más vivo que nunca, liberado del peso de dogmas y tradiciones. Lo que antes eran juramentos ahora son calentones de un rato, ¿para qué complicarse? Disfrutad, pasadlo bien, follad mucho, que ya aparecerá alguien que te haga perder la cabeza, seguro. Hasta entonces, sed muy felices. 

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