El tour de Brando

Por José A Valverde

Últimamente tal vez se oiga menos pero para la gente de mi generación ha sido siempre la cantinela más escuchada. Esa que dice que Marlon Brando ha sido el  mejor actor de cine de la historia. No voy a ser yo quien lo niegue, por supuesto. Una figura realmente majestuosa en la pantalla y un icono todavía muy presente en la memoria colectiva. Merecidamente, y sin usar el manido método de morir joven y dejar un hermoso cadáver. Lo que dejó fue una carrera, irregular, pero memorable.

La trayectoria cinematográfica de Brando es, permitidme el símil, como el Tour de Francia. Hay muchas etapas pero generalmente lo interesante está en dos bloques, Alpes y Pirineos, jalonados de altas cimas donde sólo los campeones llegan con insultante soltura. Sus cordilleras se situaron en los primeros cincuenta y  en los setenta. Yo me quedo con siete etapas reinas que son las que comentaré. Bando 1

Tras un breve prólogo para calentar, hizo de una tacada, dejando al margen el valle mexicano que fue “Viva Zapata”, cuatro cimas difícilmente superables en cuanto a intensidad interpretativa y personalidad de actor que devoraba la pantalla. No había cumplido los treinta cuando ya llevaba el maillot amarillo gracias a, ojo, “Un tranvía llamado deseo”, “Julio César”, “Salvaje” y “La ley del silencio”. Respirad hondo.

Vamos a verlas por encima, vale la pena.

En 1951, un Marlon Brando en su segundo largometraje, protagonizaba la adaptación del clamoroso éxito teatral de Tennessee Williams, que se encargó también del guion, dirigida por el turbio personaje pero brillante realizador Elia Kazan. Escoltado en los roles secundarios por su habitual compañero en esa época Karl Malden y Kim Hunter, se las veía con una gran estrella: Vivien Leigh. La tensión sensual que transpiraba, nunca mejor dicho observando las camisetas del actor, la relación entre ambos traspasaba la pantalla. Imagino que más de medio siglo después, Brando seguiría atrayendo cuñadas enloquecidas. El salto al estrellato fue inevitable. El actor del Método se convirtió en el Método mismo por muchos estudiantes del Actor’s Studio que vinieran detrás.

Tras su papelón mostachero en “Viva Zapata” con Kazan, que prefiero obviar, en el 53 se puso en manos de Joseph L.  Mankiewicz para acometer otra adaptación: “Julio César”. Sin duda logró quedar como el Marco Antonio de referencia para los restos, superando incluso a Richard Burton en “Cleopatra”. Sus monólogos, al igual que los de sus reputados compañeros de reparto, enaltecieron aún más a Shakespeare. La habilidad del mejor director en mi opinión manejando diálogos y textos largos, Mankiewicz, hace de esta película  una obra maestra que he llegado a ver en fragmentos hasta en cursos para directivos. Verdaderamente impactante en su versión original con las declamaciones de todo el elenco, a cual mejor.

Sin respiro, el  mismo año, protagonizó “Salvaje” cuya iconografía repleta de cuero, tejanos y motos ha superado la calidad del film que es un poco más flojo que los dos anteriores pero sin desmerecer. De paso vimos a Lee Marvin en una de las ¡nueve! películas que hizo ese año, entre ellas una memorabilísima y, aunque fuera el secundario, le hizo dar un gran salto: “Los sobornados” de Fritz Lang al que volveremos en otros artículos por ser uno de los mayores talentos nunca vistos tras una cámara.

marlo brando

La última llegada en alto de esta primera cordillera fue, al año siguiente, un verdadero Tourmalet: “La ley del silencio”. Primero guion y luego novela, publicada por Acantilado, de Bud Schulberg con la dirección de nuevo de Elia Kazan y la compañía de Malden y la debutante en la gran pantalla Eva Marie Saint que, hasta entonces, se había dedicado a la televisión. Gran hallazgo y premio para el encargado del casting. Os recomiendo vivamente leer la novela si hace tiempo que no revisáis la película y, en cualquier caso, ver y leer las dos versiones. Fantásticas ambas, igual que ocurre con otras novelas como “La noche del cazador” de Davis Grubb, disponible en compactos de Anagrama, que te vuelve a atrapar aunque conozcas al dedillo la historia.

 Tras esta tremenda racha y en la cumbre, insisto en el término, de su carrera, empezó a caerse de la bicicleta en numerosas etapas. Algunas fueron caídas y fracasos estrepitosos como el remake de “Rebelión a bordo” que casi arruina a los estudios. Presa de los caprichos y de las malas decisiones, su carrera bajó mucho durante quince años. Hubo excepciones como “Guys and Dolls” de Mankiewicz que, a pesar de no ser una gran cosa, sobresale en esa época de declive. Tal vez el reparto estelar, con Frank Sinatra y Jean Simmons y el rebufo de las películas anteriores, esta es del 55, la salvan. Sé que a muchos les gusta “El rostro impenetrable”, western que él mismo dirigió pero que a mí me parece soporífero a pesar de la buena interpretación del malvado y fiable Malden…Otra vez. En fin, como digo años para olvidar a pesar de ser dirigido por Chaplin, compañero de la Loren y otros inventos.Corleone

Tras las etapas de llano, el Tour cambió de organizador y lo pusieron a disposición de un joven llamado Francis Ford Coppola que, en perfecto maridaje con un renacido Brando, removió los cimientos de la historia del cine. Para muchos y desde entonces. Nació la mejor película “ever made”: “El Padrino”. Poned el disco con la banda sonora de Nino Rota,parte esencial del éxito de la película que no se entendería sin ella, y relajaos un rato que aún hay etapas para meterles más minutos a los que venían confiados a rueda.

La película no sólo relanzó a Brando  y catapultó a Coppola si no que cambio muchas cosas no sólo del cine si no, me atrevería a decir, de la cultura popular. El término familia pasó a tener otro significado convirtiendo la palabra en polisémica, los gánsteres, a pesar de sus tropelías, empezaron a ser semihéroes y la figura de Don Vito,  un icono del siglo XX. Puede que llegue el día en que no senombre a Marlon Brando pero dudo que se deje de reconocer a Don Vito. La interpretación es sencillamente sensacional. Hay que tener presente que el anciano Don Vito era un actor de cuarenta y ocho años. La caracterización y el talento hicieron creíble y perfecto al personaje. Con sus lentos gestos, adusta mirada, susurrante dicción y juiciosos, dentro de sus códigos, pensamientos, el protagonista cala de tal manera que sobrevuela las tres películas. La segunda necesitó de dos actores, Pacino y De Niro,  en su mejormomento para empatar a Brando. Cierto que lo lograron. 

El mérito de Marlon Brando y sus dos etapas resulta evidente cuando comparamos con Robert de Niro.Este, tras un fulgurante arranque con títulos como “Taxi Driver”, “El Padrino II”, “Toro salvaje” y “El cazador”, no ha vuelto a conseguir reflotar su carrera al mismo nivel… y han pasado casi cuarenta años Otro mérito de “El Padrino” es ser un clásico desde su nacimiento. La ves y nunca parece vieja. Gracias a las constantes reposiciones televisivas, las sucesivas generaciones han podido conocer a los Corleone. Lástima que en pantalla casera. Debería ser obligatorio un reestreno de las dos primeras partes cada cinco años en cine para poder verlas como fueron concebidas. Se puede escribir horas sobre esta película así que pasaremos al siguiente control de firma para no llegar tarde a la salida. Eso sí, benditos los que tengáis la suerte de no haberla visto para poder hacerlo por primera vez. Qué envidia.

Apocalipsis

El mismo año y en otro alarde de valentía y confianza en sus posibilidades, hizo algo totalmente opuesto. “El último tango en París”. Bertolucci escribió y dirigió una película que llevaba el escándalo por bandera, más si la perspectiva es española donde obviamente no se estrenó por su alto contenido erótico. Lo que si se estrenó fue el pasaporte de muchos que cruzaron por primera vez los pirineos para poder verla. Si hoy la celebérrima escena de la mantequilla puede resultar escabrosa, imaginad en 1972… Luego hay gente que cree haber inventado algo, a E. L. James me remito. Al margen de la carga erótica, a mí me parece muy buena película aunque no de las de repetir a menudo. Maria Schneider coprotagonizaba la cinta y es de justicia nombrarla, nunca se quitó el papel de encima.

Por último y perdonándole haber sido el padre de Superman, Jor-El, llegamos a la cronoescalada decisiva. Ya sólo para el lucimiento puesto que cualquier rival está a estas alturas descartado. De nuevo con Coppola, en su “revisión” de la obra de Conrad “El corazón de las tinieblas”  trasladada a Vietnam, un breve e intenso papel nos dejó otro icono: Kurtz. Qué miedo. ¿Cómo se puede mirar así? En fin, no le hizo falta mucho tiempo para comerse la película con permiso del grandioso Robert Duvall y sus Valquirias. 

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