2014, el peliculón político

Por: Juanjo Carrillo Córdoba

“El año pasado dije que el año próximo sería mejor. Hoy digo que 2015 será también mucho mejor que 2014”. Convencido y sereno. Así se presentó ante los medios de comunicación el gallego de barba frondosa más famoso de nuestro país -vayan por delante mis disculpas a Luis Tosar, pero en este caso, no me refiero a él-. Las palabras arriba expuestas son de Mariano Rajoy en su particular balance del año que se nos va. Y es que, amigos, menudo año ¿eh? A título personal, discrepo con el presidente del Gobierno. Antes de que me echen a los leones y se me acuse de alta traición, me gustaría aclarar que no me refiero a las hipotéticas mejoras económicas  y sociales del venidero 2015 que copan algunas portadas de los diarios de tirada nacional, no. Mi opinión, como el voto y si ustedes me lo permiten, permanecerá en secreto. Aludo, más bien, al guion de esta superproducción que ha sido la Política española en el 2014. Propia de una película de Clint Eastwood, hemos tenido acción a raudales: encarcelamientos, persecuciones policiales, abdicaciones de reyes o una trama de espionaje con un joven prodigio. Casi nada. ¿Se vienen conmigo al preestreno de la película del año?

El primer trimestre político del curso estuvo copado de bastantes sinsabores para el corservadurismo –o liberalismo, que es la evolución 2.0 y queda más cool-, que hasta ese momento aunaba filas en la calle Génova. La secesión ideológica que vivía el Partido Popular y que había arrastrado durante todo el 2013, afloró en enero en forma de partido político. Se hizo llamar VOX, una nave dirigida por dos capitanes de la escuela clásica: Alejo Vidal-Quadras y Santiago Abascal. El mes de febrero, por su parte, no vino de la mano de San Valentín repartiendo cartas de amor. Repartió cartas, sí, pero en forma de citaciones judiciales. El remite de la carta llevaría serigrafiado el nombre de José Castro Martín, juez titular del Juzgado de Instrucción número 3 de Palma de Mallorca. Al reverso de la postal, la persona destinataria de la misma: doña Cristina de Borbón, infanta de España. Sí amigos, por primera vez en la historia de nuestro país, un miembro de la Casa Real se sentaba delante de un juez por una imputación de supuestos delitos fiscales y blanqueo de capitales. Cerca de 300 periodistas de 79 medios de comunicación estuvieron acreditados en un acontecimiento sin precedentes que suscitó el interés de las redacciones informativas de todo el planeta.

El 23 de marzo de 2014 quedará en la memoria de los españoles como una fecha funesta para la democracia. Su artífice y principal impulsor, Adolfo Suárez, cayó derrotado en el ring de la vida ante una enfermedad neurológica con la que llevaba luchando desde 2003. La capilla ardiente del presidente de la concordia aglutinó en los alrededores del Congreso de los Diputados a más de 30.000 ciudadanos que sí creían en la forma de hacer Política que se acordó en la Transición. Entre los presentes, todos los expresidentes del Gobierno desde la salida de Moncloa del abulense: Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. El impulsor del Partido Socialista en los 80,  Felipe González, destacó que “el paso de una dictadura a una democracia pluralista, tantas veces frustrada en nuestro país, se debe a su tarea”. Aznar, por su parte, comentó que “conocí a Adolfo y fui su amigo. Traté de seguir su ejemplo; soy, como todos lo somos, deudor de su obra política, y me hice voluntariamente —como tantos— legatario suyo, una de las mejores decisiones de mi vida política”. Entre tanto, vallisoletano Rodríguez Zapatero afirmó que “Adolfo Suárez lideró el cambio de una vieja y desgarrada nación a un país democrático y reconciliado consigo mismo”. Todos coincidían en su valoración positiva sobre Suárez. Todos rindieron honores al presidente de la Transición.

Foto Su+írez

Entretanto, el frío invierno se fue diluyendo con los primeros rayos de sol de la primavera política, bastante caldeada para la izquierda de nuestro país. El mes de mayo fue un auténtico terremoto con su epicentro en los días 25 y 26. Dos fechas que cambiaron el rumbo, con un giro de 180 grados, de la izquierda española. La dominical jornada del 25 de mayo amaneció con los colegios públicos abiertos. No es que hubiese clases de refuerzo de cara a la Prueba de Acceso a la Universidad, no. Ese día se celebraban elecciones al Parlamento Europeo, unas votaciones que sí bien es cierto que no atrajeron a la ciudadanía a las urnas –la participación fue de un 45,84%-, cambiaron el panorama político español. El bipartidismo, con el Partido Popular y el Partido Socialista como timoneles, se dejó por el camino miles de votos de unos ciudadanos sin fe en el sistema que se había cocinado en la Transición Española. Corrupción, falta de propuestas y carencia de acciones son solo algunos de los motivos que llevaron a los de Génova y Ferraz a establecer una reflexión de largo fondo. Y entre la debacle del bipartidismo, hubo un partido que se benefició de la situación. Su nombre es Podemos, una formación política aún sin destetar guiada por un profesor universitario de la Complutense de Madrid: Pablo Iglesias Turrión –pongo el segundo apellido, que sino algún lector del PSOE se me enfadará-. Conocido por sus apariciones en las tertulias políticas de laSexta, Cuatro e Intereconomía, Iglesias utilizó la televisión como la propaganda electoral más útil, flanqueado siempre por sus escuderos políticos Juan Carlos Monedero e Iñigo Errejón. ¡Y vaya si le funcionó! La fuerza electoral de izquierdas, que criticaba en sus mítines de forma constante el modelo y a los que hacen una Política que  acordó en la Transición –la ya famosa ‘casta’-, consiguieron nada más y nada menos que 5 eurodiputados en Bruselas. Un dato que evidenciaba dos realidades: el descontento con el PP-PSOE de la sociedad española y el surgimiento de un partido que copará muchas primeras planas durante el 2015.

Foto Pablo Iglesias

Un día después, los teléfonos no dejaron de sonar en la calle Ferraz. La caída del PSOE había sido estrepitosa y Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del partido por entonces, se convertía en la primera víctima política de la debacle en las urnas. Poco antes de las dos de la tarde, Rubalcaba salió a la sala de prensa de un modo sereno, con rostro del que se sabe vencido. Anunció la convocatoria de un congreso extraordinario los días 19 y 20 de julio y afirmó que “debe ser una nueva dirección la que continúe el trabajo”. Esa nueva dirección se la disputaron, en los albores del verano, un madrileño y un vasco: Pedro Sánchez y Eduardo Madina. Finalmente, y gracias al apoyo incondicional del PSOE-A –a los mandos de Susana Díaz– el que había sido jugador del Club Baloncesto Estudiantes hasta los 21 años, Pedro Sánchez, se hacía con la Secretaría General del PSOE. Con un lenguaje cercano, Sánchez lleva prácticamente medio año intentando reconquistar a ese elenco de votantes que han cedido su confianza en el color morado. ¿Conseguirá su objetivo? El 2015 nos lo dirá.

Dos de junio de 2014. La Presidencia del Gobierno comunica a los medios de comunicación una comparecencia de Mariano Rajoy a las 10:30. El desconcierto entre los periodistas es máximo. El rumor de una posible crisis gubernamental por los resultados del 25M cobra fuerza. Puntual a su cita, el presidente del Gobierno aparece, con gesto serio, ante las cámaras que cubren la noticia en directo. Se acerca al estrado y lanza un mensaje histórico: “su Majestad el rey don Juan Carlos acaba de comunicarme su voluntad de renunciar al trono y abrir el proceso sucesorio. Los motivos que han llevado al rey a tomar esta decisión es algo que Su Majestad desea comunicar personalmente a todos los españoles a lo largo de esta misma mañana.” España se enfrentaba, por primera vez desde la muerte de Franco, a una sucesión de un jefe de Estado. Eso sí, esta vez el régimen democrático ya estaba establecido. Horas más tarde, Juan Carlos I anunciaba su marcha del trono en directo, asegurando que “guardaré siempre a España en lo más hondo de mi corazóny afirmando que “una nueva generación reclama por justa causa un papel protagonista”. Una nueva generación que tuviese como espejo a Felipe de Borbón, el que había sido príncipe de Asturias desde su jura a la Constitución en 1978 y que el 19 de junio se convirtió en el nuevo rey de España con el nombre de Felipe VI de España. Para algunos renovación y soplo de aire fresco a la democracia. Para otros, falta de libertades a la hora de elegir al jefe de Estado. Lo cierto es que el crédito ciudadano en la figura de Felipe VI es evidente. Para los españoles, el monarca es la figura más valorada tras el papa Francisco, según un estudio de El País.

Foto Felipe

El toque surrealista no podía faltar en el 2014. Que vivimos en España, amigos. El pasado mes de octubre, la Policía Nacional detuvo a un joven de la quinta del 94 acusado de estafa, suplantación de identidad y usurpación indebida de un cargo público. Su nombre es Francisco Nicolás Gómez Iglesias, un joven desconocido para la opinión pública del que se filtraron imágenes –en buena sintonía, no estilo foto-fan lectora de la SuperPop– con gente de la primera línea de la Política como José María Aznar, Mariano Rajoy, Rodrigo Rato o Esperanza Aguirre. Sorprende aún más saber que el pequeño Nicolás –como le conoce la sociedad- fue uno de los 2000 invitados a la proclamación de Felipe VI. Con apenas 20 años, ha logrado poner en jaque y sacarles los colores a todas las caras visibles del panorama político-económico español. Su labia y su pillería consiguieron cerrar grandes negocios con empresarios de referencia nacional. Él, por su parte, se defiende. Afirma que no es un estafador, todo lo contrario. Sus palabras refutan las opiniones de los políticos y asegura que trabajaba para el Gobierno y el CNI. ¡Y se querían perder ustedes la película, santo Dios!

Mucho ruido y pocas nueces. Así se podría definir el curso político en la Cataluña de Artur Más. Lo que a priori se presentó como el año decisivo para la Cataluña independiente y europeizada –sin apoyo alguno de la Unión Europea, pero no seré yo el que arranque los sueños de las personas. Ya lo hará la cruda realidad por mí-, terminó con el presidente de la Generalitat con las orejas gachas convocando un pseudo-referéndum no vinculante y sin la participación esperada. Matías Alonso, Secretario General de Ciudadanos, me comentó en septiembre que “en la Cataluña de 2014 están en peligro los valores superiores de la libertad, la justicia, la igualdad y la pluralidad política”. La idea de Más iba un poco por ese camino. Conmigo o contra mí. Y en Política, amigos, las cosas no se pueden hacer de ese modo. A la vista están los efectos de su modus operandi.

Foto Catalu+¦a

Llegamos a los créditos. Menudo peliculón, ¿no? Espero que ahora me entiendan cuando discrepé con Mariano. No soy rebelde, créanme. Simplemente, pienso que el 2014 ha sido difícil de superar políticamente. No obstante, en este caso segundas partes sí fueron buenas. El 2015 es año de elecciones… ¡y por partida doble! Auge de Podemos, reacción desde Génova y Ferraz, Cristina de Borbón de vuelta a los juzgados, la Cataluña independiente –no toda la sociedad catalana- con el orgullo herido y el País Vasco viendo los toros desde la barrera. Véngase al 2015, amigos, que estará entretenido.

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