Tentadoras bombillas

 Javier Pachón Bocanegra

El asombro en el rostro del niño que ve por primera vez la fastuosa iluminación que este año ha escogido su endeudado ayuntamiento. Sobre los hombros de su padre, observa el gentío desde una posición privilegiada. No quedan claros en la marea, que se esconde bajo un cielo brillante de burlas a la pobreza disfrazadas de falsas estrellas. Ese pistoletazo de salida a la ‘preNavidad’ que atrae a la muchedumbre como lo hacía Cream con Sunshine of your love. Un efecto similar en las masas debió de pretender Sánchez cuando en las últimas semanas planteaba la reforma del ya célebre artículo 135 -sobre el techo de la deuda- para que con la apuesta se ganase que los populares le atacasen donde más duele, acusándole de querer ser “el más populista del lugar”.

No sabía Pedro Sánchez que en su afán por alcanzar la hipotética regeneración del presunto Partido Socialista iba a caer en las zarpas del temido depredador de los políticos. Una fiera que, según los expertos, transmite la llamada ‘enfermedad de la coleta’: el populismo. Era el líder socialista -el mismo que venía clamando contra los profesionales de ese arte- quien ahora sentía cómo las ganas de exclamar la palabra ‘casta’ recorrían su espalda en forma de un intenso escalofrío. Dónde quedarían ahora sus negativas a pactar con “los populistas”. Dónde la claridad en sus afirmaciones sobre la incompatibilidad de su partido y Podemos. Cómo descalificaría ahora a la formación de Pablo Iglesias. Si -como afirmó en A3- “el final del (otro) populismo es la Venezuela de Chávez”, ¿cuál sería el resultado del suyo? ¿La Andalucía de corruptelas de Chaves? Quizá sea capaz ahora de exclamar sin tapujos “Podemos”, en lugar de buscar un rodeo como si por no designar a la formación por su nombre fuese a eliminar su protagonismo. No imaginamos las consecuencias, ya que -según los conocedores de la materia- el populismo no existía en el Parlamento hasta la llegada de Iglesias. Todo por insistir en la reforma de un artículo que fue pactado con los patriotas de la gaviota para la supuesta estabilidad del país mientras era él partícipe del acuerdo.

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“Velas en el Balneario”, Jorge Caffarena

Puede que el cambio en el discurso de Sánchez haya conectado más de lo esperado en su intento de que la multitud le eleve hasta su reluciente objetivo, como el crío que busca en sus padres el apoyo que le alce para perseguir con su diminuto dedo índice a las cegadoras bombillas del alumbrado.

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