Primo de Rivera: mentiras y manipulación

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Por: David Pérez Ballesteros

Sobre José Antonio Primo de Rivera se ha escrito y hablado mucho, pero en pocas ocasiones se ha contado la verdad sobre él. Al menos abiertamente y sin temor alguno. Manipulado por Franco a su antojo, la imagen que nos ha quedado del fundador de la Falange se aleja mucho de la realidad que siempre intentó mostrar tan peculiar e irrepetible personaje. Se podría decir que la manipulación vertida sobre él, nos ha llevado a vivir en la más absoluta ignorancia acerca de una de las figuras políticas más decisivas y desconocidas de la España contemporánea.

El hijo del general y dictador Miguel Primo de Rivera, procedía de una familia latifundista andaluza y era licenciado en derecho, su gran vocación. La familia, la política y sobre todo, su amor por España regían su vida política y personal. De él conocemos que fue fusilado por los republicanos, o rojos, como todavía triste e ignorantemente se sigue llamando al bando perdedor de nuestra Guerra Civil. También sabemos que está enterrado en el Valle de los Caídos junto a Franco, quien en cuyo recuerdo cantaba el Cara al Sol con el brazo en alto. De él sabemos que al final de su nombre los falangistas gritaban o gritan ¡Presente! Sabemos poco…

José Antonio era un político distinto, cierto es que nace en el fascismo, pero como intelectual que era se aleja de él buscando una vida digna, apacible y democrática para el pueblo español. Son palabras suyas. Era un personaje que emocionaba, especialmente a las juventudes de camisa azul mahón, neto y proletario. Con esas palabras definió la prenda que distinguiría aquel movimiento revolucionario donde el trabajo debía ser su primera fuente de producción. Era una España injusta y enfrentada – como casi siempre suele ocurrir en nuestro país – cuando surge su figura de la mano de su movimiento esperanzador. Los orígenes de Primo de Rivera pueden parecer de todo menos los de un hombre que intentaba buscar la paz y la justicia, de alguien que se posicionó del lado de los campesinos, obreros, pobres y de aquellos que en definitiva eran víctimas de la injusticia de aquella España. Lo peor de todo es que  aquello que anhelaba no pudo serlo, ni un lado ni otro le dejaron. Entonces, como ahora, tanto izquierdas como derechas priorizaban sus intereses por encima del pueblo y del país.

En el pensamiento de José Antonio el hombre estaba por encima de todo, incluso del partido. Creía y promulgaba una democracia verdadera, donde cualquier individuo podía alcanzar el puesto que le correspondiera en la sociedad. Daba igual su condición o clase, en su sociedad el trabajo era la única aristocracia existente, nada que ver con lo que conocemos de él. Fue todo un estilo, alguien diferente hasta en su forma de morir. Un hombre de principios, de esos que en la actualidad echamos de menos. Hay que leer sobre él para entender la magnitud del personaje. Desde intelectuales a artistas, pasando por políticos, de derechas o de izquierdas, españoles o extranjeros. Todos lo definen como alguien único y excepcional. Era un hombre que poseía un porte físico envidiable, un caballero, como así lo definió la diputada socialista durante la Segunda República Victoria Kent: “En dos ocasiones he tenido frente a mí a José Antonio Primo de Rivera de contrincante. Un perfecto caballero, un perfecto hombre, con toda la cortesía. Y debo decirlo porque eso es lo justo.”

Sobre José Antonio no interesa contar la verdad, nunca ha interesado. Debes investigar por cuenta propia si quieres saber más sobre tan admirado y maltratado personaje. El famoso rockero barcelonés “Loquillo”, es uno de los tantos que se ha preocupado e interesado en conocer más sobre José Antonio. En destapar la verdad. El catalán ha declarado en más de una ocasión su admiración hacia él, sorprendido por lo manifiestamente manipulado que estaba y está por ambos bandos después de haber pasado muchos años desde que fuera fusilado. Era un hombre de principios además de un confeso patriota. Su amor por España era tal, que le llevo a pronunciar una frase que ha quedado para la posteridad: “amo a España por encima  de todas las cosas, por eso la odio tanto”. Un hombre honesto y honrado que no comulgaba con tanta mentira, tanta traición y corrupción, con tan falsa democracia sobre su querido pueblo y los suyos. Un hombre que a pesar de los años, sus valores, discurso y dignidad serían aplicables a la actualidad. Hasta al actual líder de la nueva plataforma “Podemos”, ha sido acusado de emularle e incluso de hasta copiarle frases. Y es que Pablo Iglesias ha insistido en más de una ocasión, como ya hiciera José Antonio, que su movimiento no es de izquierdas ni de derechas. Posiblemente la cabeza visible de tan reciente partido político haya estudiado y analizado en profundidad el pensamiento de Primo de Rivera, de ahí la sorpresa de muchos. De haber sido así, debería animar a desenmascarar la mentira que existe sobre él.

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Son muchas las personas que se han sorprendido cuando han conocido verdaderamente la magnitud de tal personaje. Lo seguirán haciendo. Un hombre joven que deseaba una España más justa y digna, una España donde todos tuvieran cabida. Una España a la que amaba y por la que murió fusilado en la cárcel de Alicante un 20 de noviembre de 1936, en plena Guerra Civil Española. Cuando Miguel de Unamuno se enteró de su muerte afirmó que habían matado a uno de los cerebros más privilegiados de Europa. Un José Antonio “condenado a una compañía deshonrosa, que ciertamente no merece, en el Valle de los Caídos. Se le deshonra asociándole a ferocidades y corrupciones ajenas”. Son palabras pronunciadas por el socialista Indalecio Prieto. Un hombre revolucionario, pues su movimiento nació con el fin de revolucionar España en todos sus aspectos. Era José Antonio un patriota auténtico, pero no de bandera, sino de hechos y propuestas que es lo que realmente hay que demostrar para considerar a alguien tal condición. No está mal airear la bandera a los cuatro vientos, pero esta tiene que ser la predecesora de actos previamente realizados. Todo el mundo sabemos lucir bandera, eso es muy fácil. En su testamento queda reflejado dicho patriotismo. Conociendo ya cuál sería su destino, sabiendo que la muerte le esperaba sin remedio alguno, inscribió en él unas palabras estremecedoras y esperanzadoras a su vez: “Ojalá fuera mía la última sangre española que se vertiera en discordias civiles”. Lamentablemente su deseo no se vería cumplido, pero dice mucho acerca de él.

Más desconocida aún es su amistad con Federico García Lorca, una amistad peligrosa que la llamada memoria histórica trata de ocultar y olvidar. Por edad ambos pertenecían a la Generación del 27, una generación que con acierto ha sido definida “de la amistad”. Compartieron ambientes intelectuales, gustos literarios… aparte de amistades que los dos tenían en común. José Antonio admiraba profundamente a Federico, decía que este sería el poeta de la Falange, a la que definía como “un movimiento poético que levantaba la bandera de la poseía frente a la poesía que destruye, puesto que a los pueblos no los ha movido más que los poetas”. Se rodeó de varios escritores a los que se les llamó “la corte literaria de José Antonio”, teniendo una relación muy estrecha con otros autores de la Generación del 27. El protagonista de la exitosa novela Soldados de Salamina, Rafael Sánchez Mazas, es un ejemplo de ello. Curiosa es la anécdota que Gabriel Celaya cuenta acerca de la relación entre Lorca y José Antonio tras una cita con Federico en el hotel Biarritz de San Sebastián. Allí estaba esperando Celaya  a Lorca cuando éste, apareció con la compañía de José Manuel Aizpurúa, fundador de la Falange en la capital guipuzcoana. Gabriel, hombre de izquierdas, negó el saludo al arquitecto falangista, lo que creó una situación tensa. Tras marcharse Aizpurúa, Federico le preguntó por qué no había querido saludarle, diciéndole que le habían provocado a él una situación nada agradable. Relata Gabriel Celaya que intentaba explicárselo de una forma o de otra, quizás guiado en demasía por sus ideales políticos, y que Federico, insistiendo en el lado humano, trataba de explicarle que Aizpurúa era un buen chico con una gran sensibilidad, que adoraba sus poemas y que gozaba de una gran inteligencia. Este no atendía a razones o motivo alguno, por lo que Federico ante la situación le confesó algo que no esperaba y le dejó sorprendido por completo: José Manuel es como José Antonio Primo de Rivera. Otro buen chico. ¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Pues te lo digo. Solemos salir juntos en un taxi con las ventanillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo, ni a mí me conviene que me vean con él.

4b705-joseantonioprimoderiveralemayfilosofiaIan Gibson recoge otra anécdota ocurrida en Palencia, allá por agosto de 1934. En un céntrico restaurante de la ciudad, entró José Antonio junto a otros cuatro falangistas. Al darse cuenta  de que allí se encontraba García Lorca, le mandó una nota escrita en una servilleta que Lorca con disimulo. En ella al parecer ponía: Federico, ¿no crees que con tus monos azules y nuestras camisas azules se podría hacer una España mejor?

La muerte injusta de ambos no pudo ver la construcción de esa España, un país que sin duda hubiera ido por mejor camino que el que siguió. Ellos murieron jóvenes, víctimas de un odio que tantas muertes provocó por aquellos años en nuestro país. Un odio que no paró ni tan siquiera cuando mataron a ambos, pues la manipulación se apoderó de ellos según convenía a las ideologías políticas siempre tan oportunistas. Una historia bella pero enterrada en el olvido. Sin duda deberíamos conocerla todos, pues quizá abriría nuestros ojos y cambiaría en cierto modo muchas formas de pensar, numerosos prejuicios y estereotipos que seguimos teniendo en España lamentablemente.

El anarquista Diego Abad de Santillana ya lo dijo alto y claro tras conocer su ejecución: “Los españoles de esta talla, los patriotas como él, no son peligrosos ni siquiera en las filas enemigas. ¡Cuánto hubiera cambiado el destino de España si un acuerdo entre nosotros hubiera sido posible tácticamente!

Ojalá sirva este artículo para que al menos haya más gente que se interese por José Antonio Primo de Rivera, por sus ideales y sobre todo por conocer la verdad. La mentira que sobre él existe debe ser desmontada. No lo merece.

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