Conversaciones con Jay Rivera: “Madrid es como una madre que a veces te quita, pero sobre todo te da”

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Por: Diego Rodríguez Sánchez

Fotografía cedida por : frecuenciaurbana.com

“Esto podría ser una exclusiva… estaría bien” dice Jay Rivera sentado en su sofá mientras mantiene la mirada fija en ningún sitio pensando en lo que acaba de decir. El tema del que hablamos no es nada menos que la nueva guarida en la que llevarán a cabo sus nuevas jam session tras el fin de su época en El Junco el pasado martes. Pero a mí no me mueve el hambre de exclusivas y prefiero cada cosa a su tiempo, así que digamos que la Youthness a partir de enero va a estar “navegando en nuevas aguas”, pista de sobra para los que manejen la noche malasañera.

Tan solo un par de horas antes estábamos en una cafetería de la zona de Tribunal, sin hablar de música, conociéndonos, cambiando impresiones sobre el amor y la gente y me contó cosas muy interesantes sobre una etapa en la que decidió dejarlo todo atrás, vender sus pertenencias y ser nómada. Más tarde fuimos a “La Palmera”, una casa pequeña pero con todo lo que un ser humano necesita, con alguna pintada en la pared y que aparentemente todo Madrid relacionado con la música conoce. Estuvimos escuchando poemas de Kerouac con un fondo musical que creo que correspondía a Steve Allen y leyendo a Hesse y algunos escritos suyos.

El motivo de esta reunión era hablar sobre la Youthness. Su etapa en El Junco ha acabado y parece que el lobo se ha quedado sin guarida. “Estábamos un poco inconformes con el trato y decidimos hacer un cambio de condiciones, sigue habiendo buena onda pero además queríamos hacer un cambio. Decir que el lobo se queda sin guarida no sólo es por lo de El Junco, sino que viene de más atrás, ya que el lobo es nuestro aspecto creativo y no aullaba libremente. El tener todos los martes ese show nos condicionaba porque todo lo que hacíamos era para la jam”. Sus jam sessions son un sinónimo de energía. No son al uso, ya que la teoría las define como una reunión informal de músicos que improvisan, y ahí hay más de una cosa programada, pero una vez en el escenario la improvisación y la confluencia de géneros no cesa “Hacemos esa mezcla de géneros porque es una traducción de nuestra visión de cómo debería estar el mundo: abierto. Abierto a todo; raza, género, credo, etc.”. Tal apertura les llevó en alguna ocasión a romper más aún los moldes y hacer una jam de poesía, en la que la cambiaron el tono y la energía fue sustituida por la emoción. “Era bajar el volumen y poner la luz romántica” dice el cantante dominicano. Algo arriesgado desde luego, ya que si la gente va buscando fiesta es muy improbable que esa sensación llene de alguna forma. “Me acuerdo que el primer día estaba fuera de El Junco y vino una pareja y pregunta por lo que hay hoy y cuando el portero les dijo que era una jam de poesía, se rieron y se fueron”.

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Desde luego, esa forma de hacer música en Madrid, la ciudad de las grandes discotecas y el entretenimiento prefabricado, hace que parezca algo minoritario. El gran público está en otros sitios, pero a Jay eso no le parece argumento suficiente “No vas a estar en los cuarenta principales, ni en el mainstream, pero eso tampoco es algo positivo. No siento que sea minoritario. No es underground, aunque tampoco está en el overground. Hacer blues en Dominicana… eso sí no tiene sentido. Aquí puedes llenar el sitio de 500 personas tocando blues, funk o soul. De todas formas, lo que hace que exista una escena son los músicos, no el público, y aquí no paran de tocar”. Entonces surge un dilema obvio ¿Si llega un punto en el que hay demasiada música para poco público? El cómo evolucionaría la situación es una cuestión más que planteable. Ya no solo en su jam, sino en otras a las que asistía regularmente como las que se hacían en el Oba Oba, el Blues Oscuro Casi Negro o en la sala Barbú, el público se repetía casi siempre. “Nos repetimos porque somos familia. Pero te enfocas en una sola parte del gremio. Te vas a otro sitio y encuentras a gente nueva. Hay grupos de personas distintos, por ahí moviéndose en masa de la misma manera que se mueven los que tú y yo consideramos familia”.

Aun así los miedos por la música en Madrid son algo inevitable. Los artistas en la calle ahora son casi perseguidos ya que tienen que audicionar para tocar y el Café Central, un referente internacional, cerrará sus puertas. En los últimos años ha habido avances, pero ahora la situación va hacia atrás. “Imagínate la tristeza de pasar por lo que era el Café Central y encontrarte un Mc Donalds, pero es un ciclo que creo que siempre va a ser así. Viví el cerrar de varias salas importantes para mí como la Soul Station y es una putada pero la música no va a parar. Si cierra uno abre otro y la música sigue”. Mi negativismo choca a veces con la forma que tiene Jay de ver la vida, que no solo piensa que todo puede ir más o menos bien pero que además es posible que vaya a mejor. “Estaría bien que cuando llega un extranjero a un hostal, además de los tours también les digan los conciertos que hay y demás. Eso generaría un interés muy grande por lo que está ocurriendo en esta ciudad. Creo que Madrid puede hacerlo. Madrid es como una madre que a veces te quita, pero sobre todo te da”. Desde luego se llena la boca de amor y cariño cada vez que dice el nombre de lo que Cela llamaba La Colmena. “Lo que está pasando en Madrid es una cosa impresionante, me gustaría que se asociara la ciudad con esa escena y no solamente con el bocata de calamares en la Plaza Mayor”. ¿Estaríamos los españoles a la altura de gestionar un posible New Orleans? Por miedo, no me atrevería a responder.

Tras un largo tiempo en el que ninguno nos movimos de nuestra posición, Jay se levanta y coge una pipa. Se vuelve a sentar y le da una calada; el humo era denso y muy blanco. Entonces como por arte de magia me viene a la cabeza la relación de la música con las drogas. Hasta qué punto ayudan y hasta qué punto son algo destructivo es una línea que cada persona sitúa en un punto diferente. “Para mí no hay nada malo, todo depende de la conciencia con la que se aborde. Cualquier cosa que nos pueda dominar, al punto en que no eres tú, es malo. Esto no tiene por qué ser siempre la droga, también pueden ser otras personas. Lennon dijo que él ya sabía escribir canciones antes de fumar, la marihuana simplemente lo que hizo fue darle una manera distinta de pensar sobre esas cosas. No es que yo me fume un porro y me de superpoderes. Simplemente te muestra a ti mismo. No comparto la demonización de ciertas cosas; yo soy anti químicos pero no critico nada. Para mí la naturaleza es una cuestión de comunión”. Esa espiritualidad y esa forma de afrontarse a las cosas me recuerdan a muchos grandes personajes como Bob Marley o Lennon que no solo eran músicos sino grandes activistas. “Siento un compromiso social. Pero no como las manifestaciones en las plazas sino las manifestaciones que se dan dentro de ti. Esto lo han dicho otros pensadores como Morrison o el mismo Hesse. Fui muy orientado a la revolución y el activismo, y apoyo esa lucha pero eso es scrtching the surface, hay mucho más hacia adentro y lo primero es uno. Mi mensaje de revolución es amar, porque somos pétalos de una misma flor”.

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Con un pensamiento así, y teniendo en cuenta de que el éxito en la música muchas veces tiene que ver con la forma de ser del personaje en cuestión, no costaría imaginarse a Jay liderando una banda o una revolución. “No creo en el éxito. Estoy haciendo lo que dentro de mí me está pidiendo hacer en este momento, el éxito es secundario”. Por lo tanto, ¿Qué planes de futuro puede albergar un grupo que no cree en el éxito? Está más que claro que abandonar El Junco es un aullido de libertad de una banda que se veía convertida en una eterna improvisación en una jam, pero cuyo verdadero futuro está en los conciertos. “En un concierto muestras una personalidad que no es la misma que en las jams aunque nosotros seamos los mismos. La jam es bailar y mantener a la gente viniendo para dar negocio al garito en cuestión, pero el concierto es… es amor, escuchar, sentir con conciencia”. Parece que se dieron cuenta de esta verdadera vocación cuando dieron tres conciertos acústicos en su casa y vieron como funcionaron. Ahora en enero vuelve la jam en un local diferente, pero sólo dos días al mes, lo cual les deja espacio de sobra para centrarse en sus proyectos. “El futuro es el disco, bueno, es un EP. Pero me doy cuenta que tenemos una prisa por lograr llegar a un punto específico y es como si tuviéramos un tiempo limitado para llegar a ese punto. ¿Pero por qué obsesionarse con todo eso? La vida es un flash… lo importante para mí es que en cada momento te estés expresando tal cual eres. No hay norte, mañana podría estar en otro país o viviendo en una cueva, no sé… estaría igual de feliz”.

Expresar lo que sientes, amar, la revolución que parte desde tus adentros… parece que Jay lo tiene todo más que claro. Su visión de que el pasado es el pasado y el futuro aún queda muy lejos hace que hablar con él se convierta en un ejercicio de auto comprensión en el presente, en lo que tú eres “ahora”. Y poco a poco de vas dando cuenta de que sí, Jay Rivera es una persona muy amada pero todo bajo la premisa de que él da amor y cada vez cuesta más negar que en algún lugar existe una fuerza universal que todo lo regula.

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