Terrorismo de andar por casa

Por Miriam Puelles

Miedo, repercusión, dolor. Estos tres elementos parecen situarse como el punto nuclear del terrorismo original, del tradicional. Sin embargo, y más allá de lo que se pueda pensar al ver determinadas masacres, su objetivo último no es matar personas, sino extender el pánico entre la población.

ETAEn España tenemos fuertes conocimientos al respecto derivados de situaciones pasadas que en determinados puntos del país se vivieron de forma mucho más evidente. El terror a hablar, a salir a la calle, y en definitiva, a vivir, se mantuvieron como una constante durante varias décadas; dejando de este modo un férreo rastro posterior que todavía, en algunos casos, es difícil olvidar.

En cambio, no estamos aquí para hablar del terrorismo etarra y su actividad armada, sino de una nueva forma de entender este concepto de definición abstracta. Pero, para ello, pongámonos en contexto.

Numerosos teóricos de este concepto han atribuido cuatro olas de terror a lo largo de la historia; desde los anarquistas y la doctrina del terror rusa a finales del Siglo XIX, pasando por el anticolonialismo y lucha por la libertad, las guerrillas en el contexto de la Guerra Fría, hasta la revolución iraní de 1979 y posterior ola religiosa.

 El global de la población mundial ha estado sumida en un clima de muerte y temor desde tiempos inmemoriales, sin embargo, en la contemporaneidad, un hecho ha cambiado la percepción del terrorismo, y, además, una serie de factores externos derivados de la evolución han precipitado lo que algunos ya empiezan a denominar como ‘La quinta ola’.

Desde que el 11 de septiembre de 2001 Al Qaeda emprendiese la mayor acción propagandística de la historia reciente de nuestro planeta a través de la caída de las torres del World Trade Center de Nueva York, 11 Sla obsesión por la seguridad ha sido una constante en las políticas exteriores de las grandes potencias occidentales. No obstante, ¿qué ocurriría si los ataques terroristas traspasen sus fronteras, sus aduanas, sin poder hacer nada para remediarlo? ¿Están realmente preparados los países para afrontar estas nuevas pruebas procedentes de cualquier lugar? E incluso, ¿qué ocurriría si estos ataques se sucediesen desde dentro, desde el interior de sus límites fronterizos?

El desarrollo de internet y las redes sociales han derivado hacia un nuevo concepto de comunicación en el que la libertad para expresarse y exhibir comentarios o pensamientos se predispone como máxima (exceptuando determinados países absolutistas o anti democráticos que rechazan estas prácticas a partir de la prohibición de estos medios sociales). Es por ello que grupos terroristas como ISIS han sabido adaptarse a esta nueva realidad para utilizar las RR.SS. como medio de propaganda y captación de soldados.

En un medio como Twitter donde un comentario, un vídeo, o una fotografía publicados en un momento determinado es capaz de provocar un efecto viral que lo extienda entre miles o millones de personas, desarrollar la famosa definición de “propaganda por los hechos” es más que posible. Y si no, por ejemplo, no hay más que ver las numerosas informaciones que nos llegan a diario sobre chicas jóvenes que han abandonado sus respectivos países occidentales para emprender un nuevo camino hacia el autoproclamado califato árabe. ¿Cuál es el poder que este medio tiene para que un grupo como ISIS pueda atraer a tal cantidad de personas? ¿Cuánto? ¿Cómo lo consiguen?

Atras quedo el viejo zulo

Atrás quedan los zulos y escondites en las sombras de las montañas…

Por primera vez nos enfrentamos cara a cara con el miedo, con el terrorismo. Ponerse en contacto con estas personas es posible a través de una red social, sin salir de casa. Atrás quedan los zulos y escondites en la sombra de las montañas. En la actualidad se lleva el terrorismo al descubierto, el exhibicionismo masivo que permite tanto captar simpatizantes como extender de un modo más evidente el temor.

Es más, este grupo terrorista convertido en problema de nivel mundial por países como EEUU, nos muestra sus ejecuciones y actos a través de Twitter o Youtube; con el fin de hacer llegar al mundo entero de lo que son capaces. Y, sin duda, las repercusiones son evidentes.

Abu Bakr al-Baghdadi, también conocido como el líder de ISIS, ha creado un califato de la nada, de la simple convicción de un grupo de personas dogmáticas de que tenían que emprender una serie de acciones para acabar con el bochorno que éstos aseguran haber sufrido durante décadas. Y ahí está, el número 54 de la lista Forges como una de las personas más poderosas del mundo. Pero, ¿cómo levantar un imperio de la nada? Ahí entra internet, ahí entra el terror.

Como si de una nueva empresa se tratase, ha utilizado este medio para darse a conocer, para mostrar sus productos, sus objetivos, y su fin último. La mezcla entre acciones directas, reales, y las cibernéticas, se han ido manteniendo como una constante, como una apuesta complementaria que ha provocado la viralidad necesaria para su difusión y éxito en poco tiempo. ¿Nos encontramos entonces ante una gran estrategia de marketing?  Si entendemos el terrorismo como un concepto propagandístico del terror, sin duda, no podemos evitar reconocer la fortaleza de este grupo en sus acciones. No obstante, esta capacidad para darse a conocer viene atribuida gracias a personas con grandes conocimientos de la programación y del mundo virtual, sin las cuales les hubiese sido imposible estar donde se encuentran en la actualidad.

Por todo ello debemos preguntarnos: ¿estamos asistiendo a un nuevo concepto del terror? ¿Cuánto está influyendo internet en el avance y repercusión de las acciones del Estado Islámico? Y, lo más importante, ¿hasta qué punto la población es consciente de que está consumiendo acciones terroristas desde su propia casa? Mientras los teóricos divagan sobre las posibles consecuencias, un concepto parece seguro, ‘La quinta ola’ ha llegado.ISIS Y TWITTER

 

 

 

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