Octavio Escobar: “No estoy seguro de que el núcleo de mis obsesiones sea tan grande” (Entrevista)

Por José Manuel Sánchez Moro

Occctavioooo

Octavio Escobar Giraldo

Octavio Escobar (Manizales, 1962), una de las voces más interesantes de la nueva narrativa latinoamericana, incursiona de nuevo en España con una novela truculenta y vibrante donde mantiene su exquisito gusto por el buen hacer literario y el cuidado del lenguaje, evocando los atributos más reconocibles de su alta tierra cafetera, vecina del mítico volcán nevado del Ruiz colombiano. Publicado aquí en Periférica (Saide y Destinos intermedios) y la Editora Regional de Extremadura (El álbum de Mónica Pont), ahora nos sacude y deleita con Después y antes de Dios, un libro con el que busca su consagración en nuestro país.

P: Antes de nada, sabemos que Octavio Escobar es de buen comer. En esta nueva visita a España adonde viene para recoger el Premio de Novela “Ciudad de Barbastro” 2014 que acaba de ganar con su obra Después y antes de Dios, ¿en qué sitio lo hará para celebrar? ¿Algún local a recomendar en Madrid o Barcelona?

Hay sitios en Barcelona y Madrid que me gustan mucho, pero quisiera que me sorprendieran en Barbastro y Valencia. Tengo la esperanza de que mis anfitriones me descubran nuevos platos, otros sabores. Como siempre, lo más probable es que me incline por comida de mar, siempre exquisita en España.

P: Con esta de ahora, ¿cuántas visitas lleva hechas a España?

Creo que estoy llegando a la decena de veces. Antes de hacerlo por compromisos editoriales, vine a una Edición del Festival de Teatro de Cádiz, ciudad y evento que disfruté muchísimo. En tal ocasión estuve también en Sevilla y Granada, dos ciudades de las que guardo un gratísimo recuerdo.

P: Sabemos que la primera vez fue en 1996. Estando en Madrid, en Atocha, vio a Mónica Pont. De ese encuentro, aparentemente ordinario y casual, surge la novela El álbum de Mónica Pont, incluida en Transmutaciones. Literatura colombiana actual (ERE), volumen que sería declarado Mejor Libro de la Semana del Portal del Instituto Cervantes en 2009. ¿Cómo fue aquel encuentro?

Esa primera vez descubría un país muy distinto a Colombia, en el que la oferta cultural era maravillosa. Como fui cineclubista y sigo siendo muy aficionado al cine, me pasé buena parte del tiempo en media docena de salas, disfrutando esencialmente de producciones europeas, y también frecuenté mucho las librerías. En esos días el rostro de Mónica Pont aparecía en grandes afiches en los túneles del metro, en una revista sensacionalista, y surgió en mi mente la idea de una novela sobre inmigrantes colombianos que jugara con esa imagen y que me permitiera, además, articular una serie de escenas eróticas inspiradas por el tratamiento que del asunto hace el escritor mexicano Juan García Ponce en sus novelas y cuentos.

P: Esta antología, Transmutaciones (edición y prólogo de Antonio María Flórez), es una de las mejores muestras de literatura colombiana moderna. Desde que por primera vez Rubén Darío exportó influencias hispanoamericanas a Europa colonizando un mercado editorial fosilizado, ¿qué autores colombianos han tenido proyección internacional en y desde aquella época? ¿O hubo que esperar a Gabriel García Márquez y al Boom de los Sesenta con la labor de Seix Barral para que su país apareciera en el panorama internacional?

Pocas autores colombianos han sido realmente notorios en España. Obviamente José María Vargas Vila y tal vez algunos de los poetas del grupo Piedra y cielo, por su relación con Juan Ramón Jiménez. Dos narradores colombianos de los años 50 ganaron premios importantes: Manuel Mejía Vallejo y Eduardo Caballero Calderón, pero es por supuesto la presencia de García Márquez la que abre posibilidades a su generación y a las posteriores.

P: Octavio Escobar nació en la región cafetera de Caldas, tradicionalmente culta, cosmopolita y emprendedora, cuna del más famoso festival de teatro de América. Gran conocedor de la literatura de la zona, introdujo y prologó la antología a cara y cruz, “Estrechando Círculos” publicada en Don Benito (2000), exportando a Extremadura literatura caldense. De Arango Villegas dice ahí que posee un humor de implacable contemporaneidad, y reconoce el mérito de José Vélez Sáenz al adaptar la filosofía a la televisión… En todo el entramado literario de Caldas, siendo uno de los mejores embajadores internacionalmente de su literatura, ¿qué papel juega Octavio Escobar y su generación en la historia cultural de esta región? ¿Qué obras y nombres nos ayudarían a entenderlos mejor ahora?

Buena parte de la literatura de mi región se ha exportado a España a través de las acciones de Antonio María Flórez, quien honra su condición binacional con tales esfuerzos y es, además, uno de nuestros poetas mayores, con un libro fundamental: Desplazados del paraíso, próximo a reaparecer. Entre los narradores, yo quisiera mencionar a Jaime Echeverri, Alonso Aristizábal. Adalberto Agudelo y Eduardo García Aguilar. Del primero la Editora Regional de Extremadura publicó un libro de cuentos breves muy precisos e irónicos, Versiones y perversiones y otras transgresiones. También pertenece a mi generación Orlando Mejía Rivera, un gran ensayista, y narrador destacado.

P: La literatura de Octavio Escobar supone un gran recorrido, que no abandona temáticas populares y el cuento tipo o convencional… Sin embargo, todo el que se planta a analizar su obra, sorprendido, ve a uno de los escritores más versátiles del panorama actual. Nada más hay que tomar “De música ligera” (Premio Nacional de Cuento Ministerio de Cultura, 1998), para encontrarse con cuentos en los que hay voces narrativas en primera y segunda persona, cuentos que sólo son diálogos… ¿A qué se deben esos cambios de registro?, ¿qué busca con ellos?

Busco lo que creo que todo buen escritor busca: que el tratamiento formal de la narración se corresponda con el mundo descrito y con el tema tratado. Adicionalmente busco convertir cada proyecto nuevo en un reto y en una satisfacción para mí, y no solo a nivel intelectual. Para mí la escritura es también un juego, uno muy serio pero también muy divertido, y por lo menos yo no quiero jugar siempre bajo las mismas reglas.

P: Hay dos clases de escritores: Aquellos que, como Faulkner o Kafka, basan su producción en un mismo eje temático sobre el que giran y giran continuamente. Otros, como Vargas Llosa, son capaces de trabajar en el Perú del general Odría o, como es el caso de El sueño del celta, en la época del colonialismo europeo… Octavio Escobar estaría en el segundo subgrupo, ¿no?, si nos atenemos a los ámbitos de algunas de sus novelas: Nueva York, Madrid, Extremadura, Salamina, La Dorada, Manizales…

Me gusta cambiar, es cierto, y me gusta creer que puedo cambiar de intereses y de registros, pero no estoy seguro de que el núcleo de mis obsesiones sea tan grande. Creo que uno evoluciona, se renueva, pero también siempre es lo que es desde el punto de vista ético, por ejemplo, que es importante para mí.

florezescobar

Antonio María Flórez (izquierda) con Octavio Escobar

P: No obstante, en los trabajos de Octavio Escobar hay una insistente línea que consiste en salpicar el texto con figuras pertenecientes del imaginario colectivo (Monroe, en “De música ligera” Nino Bravo o Bee Gees y Travolta o, como en el cuento “Después del domingo”, Maradona). Algo cercano a Warhol y su pop art o a Terenci Moix, se me viene a la cabeza. ¿De dónde surge esa necesidad? ¿Pasó en el cine más tiempo que en la escuela?, pareciera…

Puede parecer muchas cosas, pero lo esencial es que no me avergüenza admitir que los medios masivos de comunicación, en sus formas más sublimes pero también mediante las más populares y simples, me han influido. Y siento que no solo a mí. Por lo menos también a mis personajes. Creo que la cultura es vasta en sus intereses y sus formas y eso enriquece nuestra vida.

P: Su nueva novela, la de Pretextos, ¿tiene alguna relación con las publicadas en Periférica, Saide y Destinos intermedios?

Sí. Hay espacios físicos comunes y también comparten una narrativa rápida, con muchos diálogos y personajes muy caracterizados. Son tres novelas con raíces en el género negro y mucha influencia del cine. Son también, curiosamente, novelas locales, muy de la entraña de la Colombia más íntima.

P: Después y antes de Dios, la novela premiada en Barbastro ¿qué asunto la mueve?, ¿y en qué se diferencia con su novela anterior Cielo parcialmente nublado?

Ambas novelas se centran en mi ciudad, Manizales, una población de cuatrocientos cincuenta mil habitantes tradicional, muy conservadora, aunque en privado se presenten fortísimos contrastes. Cielo parcialmente nublado la aborda en un momento muy significativo para Colombia, la semana previa a la instalación de los diálogos de paz de 1999, y en ese sentido la convierte en un espejo de los temores y los anhelos de la clase media del país. Es un pequeño cuadro familiar lleno de sugerencias y silencios. Después y antes de Dios es, por contraste, un proyecto que le apuesta más a lo excesivo. Comienza con una mujer que mata a su madre y la vela durante dos días, en un apartamento decorado con reproducciones de las pinturas de El Greco. Es una novela en la que me quise dejar llevar por la truculencia. También es una novela muy veloz y una metáfora que espero los lectores españoles se animen a interpretar.

pretextosP: ¿Cree que este libro será bien acogido por el lector español?, ¿en qué basa esa percepción?

No lo sé. Pongo mi fe en la tradición del premio, que sé han ganado narradores muy importantes, y en el prestigio de Pre-Textos, una editorial muy respetada en Colombia.

P: Y, por último, ¿se ha citado con alguien en España en esta visita para jugar al ajedrez o al baloncesto?

Esa posibilidad depende siempre del tiempo y la generosidad de los amigos.

Anuncios