Ríos de Howard Hawks

Por José A. Valverde

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En esta ocasión y, a petición popular, hemos instalado unas puertas batientes en la entrada del Rick’s Café Américain. Vamos a hablar de western. Desde un punto de vista alejado de los tópicos. He elegido a Howard Hawks, uno de los directores más importantes de la época dorada de Hollywood, por su versatilidad y porque, probablemente, no esté tan encasillado en este género en la mente de los aficionados como John Ford, por ejemplo.

 Hawks, como otros grandes directores, mostró su capacidad para abordar y enaltecer películas de todo tipo. De hecho, podríamos considerar que dejó obras maestras en muchos de ellos. Si miramos hacia la comedia, dirigió entre otras “La fiera de mi niña” (Bringing up baby) 1938 con Cary Grant y Katharine Hepburn, y “Luna Nueva” (His girl friday) 1940 también con Grant, que recibía una sensacional réplica de Rosalind Rusell. Firmó igualmente hitos del cine negro como “Scarface” o la gran “El sueño eterno” (The big sleep) 1946, repitiendo la pareja Bogart Bacall que él mismo había descubierto en “Tener y no tener”. Dio a Marilyn Monroe uno de sus primero papeles, aunque secundario, en la divertida “Me siento rejuvenecer” (Monkey business) 1952 y triunfó en el musical con la recordadísima “Los caballeros las prefieren rubias” lanzadera definitiva de Monroe. Escenas pertenecientes a ese film como el número de “Diamonds are  girl’s best friends” han quedado imborrables en la historia del cine.

En definitiva una carrera que abarca seis décadas desde su debut en 1928 y su último trabajo en 1970 con un total de cuarenta y siete películas.

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Hawks con Lombard y Barrymore

 

Como vemos, era un todoterreno y una de las figuras más respetadas del ambiente cinematográfico de la época. Tocó el western en numerosas ocasiones pero me voy a centrar en dos películas imprescindibles: “Río Rojo” y “Río Bravo”. No incluyo en esta relación de ríos “Río Salvaje” porque su título original es “The big Sky”, aunque merece la pena, y Río Lobo,  ya tardía, y que considero menor comparada con las mencionadas.

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Hawks con los protagonistas de Río Bravo

Para alejarnos de los clichés que rodean al western, conocidos entre nosotros como “películas del Oeste” hasta hace no mucho, hay que decir que, aun reconociendo que es el género americano por excelencia, con permiso de Sergio Leone, claro, va mucho más allá.

Reflexiona un buen amigo al hablar del tema, del que es muy aficionado, que en el western muchas veces la teórica acción o el argumento es lo de menos. Trata fundamentalmente del ser humano y su capacidad de enfrentarse o encarar retos. Caben todo tipo de sentimientos: la fidelidad, el odio, la traición, la codicia… Y esto no es un tema exclusivo de un tipo de películas si no de un análisis, en ocasiones ligero y otras muy profundo, de la naturaleza humana.

 Centrándonos en las películas,” Río Rojo” y “Río Bravo” son prácticamente polos opuestos. La primera es una auténtica epopeya, tanto en la pantalla como lo fue en su producción, larga, difícil y costosa. Rodada en 1948  en blanco y negro, recoge toda la tradición del género. Utiliza grandes espacios, muchos personajes y extras, escenas monumentales como la de la estampida del ganado, indios y resto de ingredientes que se os ocurran. Pero toda la acción, centrada en el desplazamiento de 10.000 cabezas de ganado desde Texas a Misuri, no deja de ser un enorme McGuffin como diría Hitchcock. Es decir una trama que nos permite conducir a través de más de dos horas de intensa emoción el auténtico tema de la película. Éste es la lucha de fuerzas cada vez más notoria entre los dos protagonistas y la evolución de su relación y sentimientos. El jefe de la expedición y dueño de las reses, Thomas Dunson, interpretado por un acertadamente envejecido John Wayne y su hijo adoptivo, Matt Garth, un Montgomery Clift que ya en su segunda película consigue una gran interpretación de un personaje complejo, irán pasando del amor al odio al hilo de las adversidades que deben superar en el camino.

Como no es mi costumbre desgranar la historia creo que con lo anterior hay suficientes pistas para saber que el film está no sólo lleno de aventura sino también de tensión entre fuertes personalidades.

Aporto eso sí, un par de datos que os pueden orientar sobre la grandiosidad del proyecto. Los exteriores se rodaron en Arizona que sirvió para representar los tres estados que atraviesa el convoy. Fue necesario construir una presa para la escena en la que se cruza el Río Rojo y reconstruirla  ya que, en pleno rodaje, se derrumbó. Por último, hicieron falta 1500 vacas para representar el total del rebaño. Fueron compradas en México. Para dar verosimilitud histórica, se colocaron por fuera los ejemplares que correspondían al tipo de ganado que hacía esa ruta y el resto en el centro. Al acabar los exteriores, se vendió el ganado sano que, lamentablemente no fue todo…

Como idea final del tipo de western que representa Río Rojo, hay que destacar que sólo dos escenas de la película ocurren en espacios cerrados. Esto  nos ayuda a entender lo importante que era para Hawks en este caso enfrentar al hombre con la naturaleza y las adversidades.

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Wayne y Clift en Río Rojo

 “Río Bravo” es otra cosa. Magnífica pero diferente en casi todos los aspectos. A priori parece un producto más enfocado al entertainment. Ya casi en los 60  y con la exigencia del color, había que dar al público motivos para ir a las salas.  En este caso el reclamo era el reparto. Encabezado por la estrella americana del cine de aventuras por excelencia, John Wayne, se le acompañaba de una estrella  del espectáculo como Dean Martin, muy digno actor en esta película, la fulgurante aparición de Angie Dickinson y se aderezaba con un ídolo juvenil, Ricky Nelson, para llegar a todos los públicos. A mí, francamente, me sobra Nelson pero el resultado final es tan bueno que se perdona todo.

 

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 El guión es una historia básica. Un peligroso bandido es  retenido por el sheriff del pueblo y no quiere dejarlo escapar. Para hacer frente a los forajidos que vendrán a rescatarlo, cuenta únicamente con un ayudante borracho, Dude (Dean Martin) y una reliquia tullida, Stumpy (Walter Brennan). Tan precario equipo, con el posterior refuerzo del pistolero ansioso y juvenil encarnado por Nelson, deberá  afrontar el reto. Como digo el argumento es simple pero ahí aparece la fuerza de Howard Hawks que crea una película, al contrario que “Río Rojo”, casi totalmente de interiores. Teje una red de sentimientos en los que apoyarse: la fidelidad, la amistad, la rectitud y confianza en las propias creencias e incluye el amor con el papel de Angie Dickinson arrebatadoramente prendada del sheriff Chance.

De nuevo  más de dos horas de película que pasan en un suspiro y que nos dejan escenas memorables y diálogos muy logrados. Es remarcable que en el momento de su estreno en España, sufrió mutilaciones de más de veinte minutos del metraje y no por problemas con la censura si no por la presión de los distribuidores. Cortaron fragmentos tan preciados actualmente como la canción que canta Martin en la oficina del sheriff por no considerarlas de interés para el público.

Esta es una película a la que se coge un cariño especial. De hecho, muchos no aficionados al western la tienen como una de sus favoritas. Tanto “Río Rojo” como “Río Bravo” aparecen en cualquier ranking que veáis entre los diez mejores westerns clásicos.

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Walter Brennan

Y no, no me he olvidado de Walter Brennan. Uno de los más destacados secundarios de la historia del cine con aparición en 243 películas, habéis leído bien. Para Hawks era una especie de amuleto y,  tal como hiciera en “Tener y no tener”, en estas dos piezas lo utiliza como pegamento para compactar definitivamente el resultado de sus películas. Le sirve para aliar personajes, para aportar vis cómica y para demostrar que no hay papel pequeño si lo interpreta un gran hombre.

Una vez más, muy a pesar de la dirección, el local debe cerrar. Si una lección podemos extraer de esta lectura, sobre todo si se ven las películas, es que Hawks daba a la amistad un papel esencial. Nunca caerás del todo si en tus peores momentos tienes un amigo que te haga reaccionar y salir tú mismo, por tu orgullo, de situaciones difíciles, como hace Chance con Dude, sin paternalismos, con determinación y sin rencor. No tendrás que volver  a sacar la moneda de la escupidera…

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Dean Martin como Dude

 

 

 

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