La delgada línea que separa lo erótico de lo pornográfico (II): El Imperio de los Sentidos

Por: Diego Rodríguez Sánchez

**[ATENCIÓN] Este artículo contiene ese término anglosajón del spoiler, que se usa para denominar cuando alguien te jode el final de una película que pretendías ver y que seguramente ya no veas porque crees que no te va a sorprender, como si lo único valioso de un flime fuera la escena final. Aun así, la historia es tan conocida que no saber el final es difícil y el verdadero valor radica en cómo se llega hasta él. En definitiva, que con decir el final de esta película no estoy descubriendo nada que no se pueda decir, al contrario que si digo que al final de Breaking Bad muere Heisenberg (ups, esto sí que era un spoiler, lo siento…).

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Cuando era niño, antes de pasar a la adolescencia, ya mostraba interés por el sexo (opuesto). Me pasaba lo que a todos los niños, cada día me enamoraba de una chica diferente. Aún no comprendía aquel factor que volvía loco a los adultos con respecto al sexo, pero mi curiosidad era insaciable. Por aquellos tiempos, mi abuelo coleccionaba películas que salían en las revistas y periódicos. A veces rozba el síndrome de Diógenes o la obsesión, pero le permitió disponer de una filmoteca bastante amplia. Yo solía acercarme a esa colección con el fin de amenizar mis aburridas tardes de los largos veranos, y un día me encontré con la película El Imperio de los Sentidos. Me llamó la atención la portada y más aún la contraportada; como me daba vergüenza que se me viera, decidí apropiarme de forma indebida del DVD, y siendo completamente sincero, no estoy seguro de haberlo devuelto aún. Creía que sería una buena forma de saciar mi curiosidad, aunque después del visionado de la película estuve un tiempo dudando sobre si me había causado algún tipo de trauma por las escenas que había visto.

 En ese momento no lo sabía, claro está, pero empezando esta serie de La delgada línea que separa lo erótico de lo pornográfico volví a echarle un ojo al filme y, la verdad, merece la pena tratar esta película. Como ya dije en el artículo de La Vida de Adèle, el gran factor que sirve para separar lo erótico de lo pornográfico es, que mientras el porno se limita sólo a mostrar sexo, el cine erótico plantea una diversidad de temas filosóficos y morales. Es verdad que en La Vida de Adèle, aparecen escenas y actrices que pueden motivar al espectador a verla con fines estrictamente sexuales, pero en el caso de El Imperio de los Sentidos el asunto es completamente diferente, hasta el punto en que si a alguien le resultan excitantes ciertas escenas de esta película, debería ir pensando en hacerle una visita a ese psicólogo que tan olvidado ha quedado.

 

El Imperio de los Sentidos

La película se estrenó en 1976, dirigida por Nagisa Oshima, perteneciente a la “nueva ola” del cine japonés. Relata una la historia real de Sada Abe, una mujer japonesa que impactó a su país en 1936, cuando su obsesión por el sexo la llevó a matar a su amante y a cortarle los genitales para “llevarse una parte de él”. Adoptando esta historia, Oshima opta por transmitir el sexo y la violencia como forma de transgresión moral.

Japón pasaba por una etapa de estrictas leyes de censura, lo que llevó a que la película se tuviera que clasificar como de creación francesa para que se permitiera acabar la producción. Se prohibió en muchos sitios y en la mayoría de los países que sí estaban dispuestos a emitirla, se tuvo que ir adaptando, omitiendo ciertas escenas según la legislación de cada lugar.

Creo recordar que era Woody Allen el que decía algo así como “el sexo es sucio cuando se hace bien” pero esta película traspasa lo sucio y entra de lleno en lo repugnante. Seguramente fue eso lo que la condujo hacia la férrea censura, acompañado de escenas como en la que Sada está jugando con niños desnudos y le agarra a uno el pene sin querer soltarlo, que aunque no es de lo peor (visualmente hablando) sí sacude la moral de las personas que ven la película.

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Marco filosófico sobre el sexo y la muerte

Los filósofos taoístas, a través del concepto del yin yang explicaban todo lo que acontecía en el mundo como resultado de un fuerte dualismo entre diferentes fuerzas. Pero no hace falta viajar al lejano oriente para encontrar pensamientos así; también Freud afirmaba que la dualidad de la naturaleza humana surge de dos instintos: Eros y Thanatos. La propia raza humana se crea y se destruye a sí misma continuamente.  El Eros representa los conceptos de la vida, el amor y la sexualidad (la sexualidad, después de todo, se reduce a crear vida y amor) que se encuentran en continuo enfrentamiento con el Thanatos, que se trata de la muerte y la agresión.

A veces, en los amores más locos y pasionales (recomiendo tener uno de éstos al menos una vez en la vida), los fuertes sentimientos de odio y violencia se entremezclan con amor y pasión, creando un bucle catastrófico en el que al final nada sale bien pero por lo menos tenemos la certeza de que los sentimientos son reales, debido a que la fuerza con la que se manifiestan no deja lugar a dudas. La razón y la iluminación son muy interesantes, pero nos aburriríamos mucho si no dejáramos que de vez en cuando se apodere de nosotros un instinto puramente animal.

Aristóteles dijo que El hombre es un animal político y André Compte-Sponville en su libro Ni el sexo ni la muerte, transforma el zoon politikon por El hombre es un animal erótico, debido a que no todos los animales sienten placer en lo sexual, pero tras el visionado de la película y ver como el ser humano puede romper los principios de su naturaleza, destrozando así el equilibrio necesario para todo, no habría problema en adaptar la frase a un El hombre es una bestia erótica.

El Imperio de los Sentidos lleva al extremo este dualismo entre Eros y Thanatos, los mezcla, los confunde y borra la confusa línea que los separa, poco a poco, hasta que se produce una colisión entre ambas fuerzas que deriva en un fin catastrófico.

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El lado más oscuro del sexo

Una de las cosas más bonitas del ser humano es cuando éste rompe sus barreras. La búsqueda de uno mismo a través de liberarse de todo aquello que está impuesto por el exterior, es un ejercicio muy recomendable a cualquier persona. Pero a veces, romper la barrera que te separa de un abismo supone el inevitable fin de la caída. Así es como Oshima nos conduce muy poco a poco hacia un final trágico. En el sexo, cada uno de nosotros tiene sus manías y sus placeres inconfesables, pero mientras las dos personas (o tres o cuatro, depende de la suerte que tenga cada uno) que mantienen una relación sexual estén de acuerdo con lo que se hace en la cama, no hay motivo de discusión.

Aun así, a veces esta liberación puede evocar el desastre. Y eso es lo que se intenta reflejar en El Imperio de los Sentidos. Aparece una Sada que mira el sexo de manera esquiva y un Ishida que asume un rol guía a través del placer.  “Este sendero está lleno de placeres ocultos que llevan al hombre al placer eterno”, “Piensa en ti misma, quiero sentir tu placer. Quiero que te sientas libre” le dice a Sada.

Y se sintió libre. Repitiendo el clásico frenesí del paso de la opresión al libertinaje, el primer momento en el que se nota que hay algo raro es cuando después de casarse Sada se pasa la noche chupándole el pene a Ishida mientras él duerme. A partir de ahí se suceden escenas en las que se confirma la situación, como aquella en la que él tiene que ir al baño y ella le dice que orine dentro de ella, que no quiere dejar de follar; o la escena en la que pasean por la calle y ella en vez de cogerle de la mano le coge del pene.

3Las obsesiones de Sada ya eran evidentes, e Ishida pasó de esa figura de guía a ser un personaje completamente sumiso a lo que ella hacía. Si bien es verdad que ciertos fetiches en la cama no tienen por qué ser algo malo, el problema nace cuando las sensaciones que experimentas ya no te llenan y tienes que andar buscando estimulantes más fuertes. Así se da lugar a la escena en la que Sada se restriega la comida por la vagina para luego dársela a él, porque “todo lo que hacemos juntos, aunque sea el simple acto de comer, debe ser un acto de amor”. Sus barreras ya están completamente diluidas y confunden el amor con cualquier otra cosa. 

Esa búsqueda de sensaciones les llevó a incluir la violencia en sus relaciones. Al principio pellizcos y golpes que no escandalizan a nadie, pero luego eso degenera al estrangulamiento, porque asegura que se siente mayor placer. “Sada, sabes que te pertenezco. Haz con mi cuerpo lo que quieras”. Las barreras entre Eros y Thanatos ya están destrozadas y eso le acabará costando la muerte a Ishida a cambio de seguir propiciando placer a Sada.

¿Hay algo malo en esto? La historia impacta, sobre todo porque es un caso real y después de ahogarle Sada le cortó el pene y lo anduvo paseando por Tokio durante cuatro días, pero quiénes nos creemos si nos atrevemos a juzgar la vida sexual de otras personas. No tenemos derecho. Sí que es verdad que la historia acabó con la muerte de uno de ellos, pero fue de manera voluntaria, porque no soportaba el dolor de después de que lo ahogaran y le pidió a su amante que esa vez fuera hasta el final. Se trata de una especie de eutanasia forzada por haber andado explorando los límites del amor y la muerte y esa frontera que a priori puede parecer fácil de delimitar, pero cuando te adentras en el tema te das cuenta de lo difícil que es saber dónde empieza lo uno y dónde acaba lo otro.

 

La erección post mortem

Estragon: ¿Qué tal si nos colgamos?

Vladimir: Hmm. Eso nos daría una erección.

Estragon (muy excitado): ¡Una erección!

Vladimir: Con todo lo que sigue. Donde cae, una mandrágora crece. Es por eso que gritan cuando se le arroja arriba. ¿Sabías eso?

Estragon: ¡Vamos a colgarnos inmediatamente!

Fragmento de Esperando a Godot de Samuel Beckett

En ocasiones, al morir un hombre su cadáver sufre una erección, sobre todo cuando la muerte es a causa de estrangulamiento o ahorcamiento, debido a que la presión el en cerebro provoca esta respuesta. Es por esto, por lo que Sada sentía más placer cuando en plena relación sexual estrangulaba a su amante.

Por lo tanto, teniendo esto en cuenta, podemos entender que no habría una forma más perfecta que la erección post mortem para representar y entender lo cercanos que caminan los conceptos de Eros (amor, sexo…) y Thanatos (violencia y muerte). También se da un caso similar en los crímenes por violencia de género, cuando un degenerado que no puede soportar ver a la mujer que ama con otro, decide matarla. Ahí podríamos hablar también de una confusión entre las pasiones del amor y las pasiones de la muerte.

Pero volviendo a la película, dudo que haya sensaciones más fuertes que la de morir o matar a alguien. Y si sumamos la completa sumisión de Ishida a la búsqueda de sensaciones sexuales fuertes de Sada, dudo que hubiera otro final posible en esta historia. De hecho, es posible que aún muerto, la erección post mortem de Ishida le acabó propiciando a Sada el último gran orgasmo de su vida.

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