La IRA del cine irlandés

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Por: Javier Sánchez Pedrero

Uno de los cines europeos más controvertidos, debido a su temática o a sus formas, es el irlandés. La evolución de la gran industria cinematográfica en Irlanda fue  un proceso muy lento debido a la pobreza, a la censura de la Iglesia Católica y a los conflictos en los que se encontraba el país. Durante algunas décadas del siglo XX, el mayor contacto que tuvo Irlanda con el cine fue el uso de algunos de sus territorios como escenarios de numerosos films extranjeros como: Barry Lyndon (1975) de Stanley Kubrick, El hombre tranquilo (1952) de John Ford, Moby Dick (1956) de John Huston o Michael Collins (1996) de Neil Jordan.

Los encarnizados sucesos derivados de los conflictos nacionalistas, con la lucha armada del IRA y sus repercusiones socio-políticas nunca quedaron al margen de los entramados de la industria del séptimo arte. A comienzos del siglo XX, Gran Bretaña concedió a una parte del territorio irlandés una cierta autonomía, intentando realizar un proceso gradual de independencia. Irlanda quedó dividida, lo que desencadenó la disputa armada. Por tanto, en el transcurso del siglo XX, será un tema común los enfrentamientos con los británicos y las experiencias dramáticas acaecidas en Irlanda del Norte. Así poco a poco el cine irlandés va adquiriendo su propia idiosincrasia, consolidándose como una industria potente.

 

Quienes mataban por Irlanda no eran vistos como terroristas sino como representantes del pueblo irlandés

Pero antes de adentrarnos el análisis de películas, dediquemos unas líneas a repasar la historia del terrorismo en Irlanda. La guerra de independencia de Irlanda terminó en 1921, con la firma de un tratado entre el gobierno británico y Michael Collins, líder del IRA. Irlanda del Sur se constituyó como un Estado Libre, alcanzando su anhelada independencia, pero el país quedó dividido. Como consecuencia de la intensificación de los disturbios, el gobierno británico envió un ejército a Irlanda del Norte para paliar los efectos de su tratado. Poco después se creó el IRA Provisional, una escisión del movimiento republicano, formado por los mayores opositores a una politización del movimiento nacionalista. El Norte de Irlanda quedó bajo soberanía británica. Esta zona, también denominada Ulster, está compuesta por seis condados y fue formada por la presión de los unionistas, grandes opositores a una Irlanda unida e independiente de Gran Bretaña. Por otro lado, estará la posición contraria, representada prioritariamente por el Ejército Republicano Irlandés (IRA), organismo republicano terrorista defensor de una Irlanda unida e independiente. Esta situación da lugar a grandes hostilidades y compactos posicionamientos que llevarán a la segmentación de la sociedad irlandesa.

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Army Patrol, de Clive Limpkin. Tomada en 1971 en Irlanda del Norte

 

La identidad nacional de Irlanda y el concepto de patria irlandesa ha estado centrada en dos fundamentos: el catolicismo y la actitud fuertemente contraria a la influencia inglesa en su sociedad. Quienes mataban por Irlanda, en muchos casos, no eran vistos como terroristas sino como representantes del pueblo irlandés que justificaban sus actos en una campaña de resistencia frente a la ocupación extranjera. De tal modo que buscaban la legitimación de la violencia, viendo el uso de esta como algo necesario para alcanzar el fin: conseguir la libertad de Irlanda forzando la retirada de las tropas británicas.

Los miembros del IRA se caracterizaban por ser integrantes jóvenes, con ideales románticos nacionalistas frente a una precariedad ideológica, pues actuaban más por influencia e instinto que por fuertes ideales políticos. Veían la lucha nacionalista como una experiencia emocionante y de reivindicación de sus derechos, con ideas inculcadas en muchas ocasiones desde el propio seno familiar. Había una fuerte socialización, que junto a la situación de estos jóvenes que eran testigos de los disturbios presentes en las calles, les llevó al convencimiento de que era necesario matar para alcanzar un objetivo común. Todo esto, se reforzaba con una antipatía natural hacia el ejército británico y el RUC (Royal Ulster Constabulary, cuerpo de policía de Irlanda del Norte) puesto que estos atacaban incluso a miembros que no pertenecían al IRA.

Durante el transcurso de las últimas décadas del siglo XX, la parte más moderada del movimiento republicano comienza a politizarse. El partido nacionalista más destacado fue el Sinn Fein hasta que finalmente la dimensión política del movimiento republicano fue alcanzando mayor relevancia y apoyo que la militar.

 

El cine es una puerta abierta para entender la Historia

Esta incómoda situación se ve reflejada, en ocasiones con demasiada crudeza, en gran parte del cine irlandés. Cabe destacar que las películas, al igual que cualquier creación cultural, son siempre portadoras de una ideología, ya sea en mayor o menor grado. Suelen reflejar las opiniones y los valores que destacan en la sociedad en un período determinado. El cine es siempre una puerta abierta para entender la Historia y más específicamente en el caso del IRA ya que las heridas no están, ni mucho menos, cerradas.

La obra por antonomasia sobre el caso del terrorismo irlandés es En el nombre del padre de Jim Sheridan (1993). Un film basado en hechos reales que describe una época en la que el IRA sembraba el caos por las calles de Londres en los años 70. Cuenta la historia de un irlandés que poco o nada tenía que ver con la organización pro irlandesa, pero que se encontró en el peor lugar, en el peor momento. Fue arrestado y condenado en Londres (junto a amigos y familia, todos ellos irlandeses) por un atentado que nunca cometió. Su caso es conocido como el mayor error cometido por la justicia británica. Una de las consecuencias de esta tragedia fue la pérdida de confianza de los británicos en sus instituciones. La película presenta como, en una época de lucha contra el terrorismo, la policía británica detiene y traslada de forma arbitraria a cualquier irlandés, inocente o no, desde Belfast hasta Londres. Allí, encarcelados, se les sometía a una infinidad de torturas mentales y físicas hasta conseguir una confesión real o ficticia. Cabe destacar que en este film, aunque siempre con un punto de vista a favor del pueblo irlandés, se condena tanto las acciones de los miembros del IRA como las del gobierno británico. Su director afirmaba en su presentación en el Festival de Berlín de 1994 que “no es un filme contra el Estado británico ni contra Gran Bretaña, pero sí pone de manifiesto el exceso de poder y los procedimientos de la policía”. Se podría decir que en lo más profundo de este relato, conviven varias películas en una. Todas ellas están elaboradas con cuidado y convencimiento: la historia de una relación padre-hijo, el aprendizaje vital de un joven que llega a la edad adulta metido en una cárcel, la exhortación del género carcelario tratado de forma brillante y la lucha contra la opresión constante del sistema al ciudadano de a pie, todo ello con el IRA como telón de fondo. Aunque este film no tuviera diálogos, únicamente música y sonido, sería comprensible para cualquier persona.

Consideramos importante destacar un film que se centra en los comienzos del IRA, concretamente entre 1919 y 1923. Nos referimos a El viento que agita la cebada, realizada en 2006 por el conocido y polémico Ken Loach. Narra la historia de dos hermanos que se alistan en las guerrillas del IRA para expulsar al ejército británico de Irlanda. Tras duros enfrentamientos, el gobierno británico pacta para acabar con la violencia. Pero este pacto no agrada a todo el mundo y provoca un enfrentamiento entre estos dos hermanos con un final trágico. Esta obra que muestra de manera muy cruda la realidad y que defiende en cierto modo las acciones del IRA ha sido duramente criticada. “¿Por qué Ken Loach odia tanto a su país?”, tituló el Daily Mail; mientras The Sun afirmaba que “era la película más pro-IRA jamás filmada”. Loach respondió a dichas críticas en una entrevista concedida al diario El Mundo en septiembre de 2006. Esto fue lo que le respondió al periodista Javier Estrada cuanto le preguntó sobre el tema: “Supongo que se refiere a los ataques lanzados por la derecha británica más radical, en los que me llegaron a comparar con el nazismo. ¡Si hasta dijeron que había disfrutado promocionando mi película sobre la alfombra roja de Cannes! En serio, si un amigo o conocido mío me dijera esas frases tan terribles, me dolería. Pero que tu enemigo abuse verbalmente de ti puede ser algo hasta positivo. Primero, que el Imperio Británico no fuese una institución de caridad que se paseaba por el globo ayudando a la gente pobre. Y lo segundo, que el problema de Irlanda se derive de la colonización británica, y no de dos bandos irreconciliables porque sí”. Esta película se estrenó pocos meses antes de que una comisión independiente declarara que el IRA había renunciado el terrorismo y que el entonces primer ministro británico, Tony Blair, afirmara que se estaba abriendo la puerta a un acuerdo de paz definitivo en el Ulster. 

Analicemos ahora una obra que narra uno de los hechos clave en la lucha del pueblo irlandés y del IRA contra el gobierno británico. Estamos hablando del conocido como Bloody Sunday, una coproducción británico-irlandesa dirigida por Paul Greengrass en el año 2002. Narra de una forma casi documental los trágicos sucesos ocurridos el domingo 30 de Enero de 1972 en la ciudad norirlandesa de Derry en la que, durante una manifestación pacífica a favor de la independencia del territorio de Irlanda del Norte, los soldados británicos del Regimiento de Paracaidistas dispararon fuego real contra civiles y asesinaron a trece personas (otro falleció poco tiempo después), seis de ellas menores de edad y de las cuales ninguna pudo ser demostrada como miembro del IRA. Esto marcó un punto de inflexión en la evolución de la organización ya que como dijo el propio director: “Si algo supuso ese Domingo Sangriento es que el gobierno británico lanzó a los brazos del IRA a toda una generación de jóvenes”. Esta acción ratifica una vez  más la conocida como teoría de la “espiral”. A raíz de estos hechos, Londres suspendió provisionalmente el Gobierno soberano de Stormon, Belfast, dominado esencialmente por protestantes y fue Westminster quien ejerció su autoridad de manera directa, es lo conocido como Direct Rule. El posicionamiento ideológico del director en este suceso está claramente a favor de los manifestantes norirlandeses. Sin embargo se muestra crítico también con las actuaciones de los miembros del IRA, que en esta ocasión tampoco tuvieron la oportunidad de mostrar su fuerza, ya que el ataque británico fue desmesurado. En la película, durante el tiroteo, se escucha una pregunta de un paracaidista británico que define claramente el momento, dice: “¿A quién disparamos?”, los militares se cegaron con el odio y no supieron distinguir entre miembros armados del IRA y civiles indefensos. Se podría decir que en la batalla hubo “piedras contra balas”. Greengrass exhibe los asesinatos con crudeza y verosimilitud, pero sin llegar a ser desagradable, consigue que sean impactantes. Los últimos minutos del film son sobresalientes; sin diálogo alguno, unos chicos entran en una sala, se arman y salen de ella: el gobierno británico ha despertado a un dragón dormido. El especialista Enric Alberich destaca así el montaje que se realiza para narrar los cruentos hechos: “Instalado este “efecto de realidad” como decorado permanente de cualquier movimiento, en donde verdaderamente se dilucida la naturaleza última del filme es su utilización del montaje. Bloody Sunday juega de principio a fin con un montaje alterno que compagina la ilustración de las peripecias de los manifestantes con el seguimiento de las llamadas fuerzas del orden en sus tareas de estudio estratégico y de despliegue logístico. El conflicto se plantea, pues, en su más cristalina esencia: dos mundos, dos polos opuestos que se mueven por separado pero que están destinados a chocar entre sí. Greengrass recurre al uso canónico del montaje alterno: una aceleración progresiva, una disminución paulatina del tiempo destinado a cada secuencia a medida que la hora de la verdad se aproxima. Y la pretensión de esta táctica narrativa no es otra que la de llevar a término, bajo el disfraz del documento, un ejercicio de puro suspense cinematográfico. (Cfr. “Sumergidos en el corazón del conflicto”, 2003, Suplemento de La Vanguardia, p. 24). El hecho de que esta película sea una coproducción entre Irlanda y Gran Bretaña muestra el deseo de esclarecer los hechos del pasado y cerrar heridas.

Una obra distinta y atrayente es el telefilm Elephant del británico Alan Clarke. En él se muestran durante 40 minutos, dieciocho asesinatos todos ellos relacionados con el IRA. Estos aparecen sin diálogo, sin explicación. Simplemente son asesinatos, unos detrás de otros. La clave de esta película está en el título: Elephant, como dijo Clarke en una entrevista: “es como si hubiera un elefante en el salón de tu casa, al principio te escandalizaría, pero si este no se moviera y permaneciera constantemente allí sin que tú puedas hacer nada, te acostumbrarías a él”. Esto mismo pretende con su film, los asesinatos estaban en aquella época a la orden del día; cuando vemos el primero nos escandalizamos, con el segundo nos sentimos mal, pero ya no es lo mismo y así hasta llegar al decimoctavo en el que estamos ya deseando ver de qué forma se va a realizar por simple curiosidad, sin pensar en lo que en realidad estamos viendo, que no es otra cosa que un asesinato a sangre fría.

Go on home British soldiers

A través de estos ejemplos hemos podido contemplar diversas visiones del terrorismo en Irlanda, diversos acercamientos a lo que es una misma lucha y realidad. El tema del IRA en el cine, al igual que cualquier planteamiento sobre el terrorismo, influye en los espectadores quienes no quedan al margen de esa situación.  La industria cinematográfica irlandesa ha sabido hacerse eco de ello, transportando la historia a la gran pantalla y haciendo partícipes a un público del conflicto armado irlandés. Podríamos terminar diciendo que en esta situación no se asemeja a la del conflicto vasco con ETA ya que el cine en España tiene todavía unas cuantas barreras que romper antes de poder tratar ciertos temas. Sería también interesante realizar un desarrollo similar a este pero sustituyendo el cine por la música ya que es un medio cultural que siempre ha transmitido ideologías.

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