Regenerarse, reinventarse, independizarse o morir

Por Miriam Puelles

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Gritos, insultos y descalificaciones en general, son reproducidas especialmente en las redes sociales hacia el que, se supone, debería considerarse el emblema mediático de nuestro país. No obstante, este alud de críticas se ha ido incrementando conforme avanzan los acontecimientos hasta derivar en una actitud defensiva por ambas partes de la que no se discierne retorno alguno.

Las numerosas polémicas que RTVE ha ido cosechando, acumulando, desde que Echenique se situase al frente del ente público, no han hecho sino agravar su extrema crisis. Pero, ¿qué está ocurriendo en TVE? ¿Por qué este distanciamiento entre el público y la cadena? ¿Por qué este anclaje en el S.XX?

La respuesta común parece disponerse como sencilla: el problema se encuentra en la cadena y en su línea editorial. Giro hacia la derecha más conservadora con vírgenes y santos como asesores del paro, recomendaciones sobre la largura de falda que han de llevar las féminas, sueldos estratosféricos a determinadas presentadoras con discutible capacidad profesional, programas que recrean el cepillo de la iglesia a escala nacional… muchos han sido los factores que han ido catapultando la mala fama de un canal que siempre contó con el beneplácito del público a grandes rasgos.

Sin embargo, queridos directivos de TVE, aún estáis a tiempo de dar marcha atrás antes del cierre definitivo, aún estáis a tiempo a que vuestro target no muera y la regeneración del público, la juventud, os salude.

Comienza septiembre y, en consecuencia, el curso televisivo, una gran oportunidad para producir espacios suficientemente competitivos como para arañar décimas a los grandes canales privados. Eso sí, para ello, el cambio de mentalidad es fundamental.

Si bien es cierto que hace años, décadas incluso, José Luís Moreno fue un gran productor para la cadena, su forma de entender la televisión en determinados aspectos ha quedado algo (bastante) desfasada. Es decir, un “sábado sensacional” no es na recreación casi exacta del mítico ‘Noche de fiesta’ (lo habéis visto en las audiencias, lo hemos sufrido quienes nos atrevimos a mirar la pantalla). Y mucho menos estamos en un momento en el que la producción deba realizarse para un público familiar, tradicional y generalista. Eso quedó en la época en que Karina viajó a Dublín gracias a un pasaporte televisado. Segmentar y entender al público es fundamental para que éstos te sintonicen, si no todo esfuerzo será en vano y el dinero malgastado.

Por otro lado, informativamente, la tarea resulta más compleja. La credibilidad cuesta largos años forjarla pero se pierde en décimas de segundo. ¿Cómo va a tener confianza la audiencia en un telediario que les evoca a la prehistoria? El No-Do debería haber finalizado su emisión hace décadas. Su reimplantación indirecta bajo una estética futurista y superficial no es tan sutil como se podéis llegar a creer. Hablamos de información, de transmisión de hechos noticiosos contados de forma honesta, verídica y neutral (no aludiré a la objetividad por sus connotaciones). Plasmar un gráfico sobre el descenso del paro en caída libre cuando sólo han sido unas décimas es tergiversar la realidad, engañar a la sociedad. Y eso es inadmisible para una televisión que presumía de considerarse como “la televisión de todos”, sea cual sea su línea editorial.

Es entendible que la neutralidad se predisponga como un imposible y que cada televisión pública sea diferente, sin embargo, acercarse al equilibrio, a un posible climax equitativo, no es difícil de lograr si la supervivencia de un elemento tan “esencial” para la población depende de ello. Recordemos que el target de TVE está en sus últimos días y el que debería considerarse como potencial lo rehúye. ¿Es este el fin? ¿Existe una luz al final del túnel? Regenerarse, reinventarse, independizarse o morir; no hay otra salida.

 

 

 

 

 

 

 

 

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