La mujer en algunos textos colombianos

 

 

 

 

Por José M Sánchez Moro

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“La joven que va bailando
Me dijo que no sabía
Y mira cómo se menea
De la pura picardía”.
Porro popular colombiano.

Cosa de – si no lo fue tal, sí fue un amago o simulacro inintencionado- una rifa, me hago con un libro que o igual no tiene portada y contraportada, o tiene dos portadas y dos contraportadas. Me explico. Lo de la rifa fue que, siendo yo púber y aprendiz de poeta de esos que enamoran con versos a quinceañeras uniformadas del Sagrado Corazón, en un intento de poseer otro libro más me abro hueco a empujones entre el gentío, que eran mis compañeros de clase, hasta llegar a las proximidades del brazo derecho de mi profesora, la cual ofertaba un libro que, a modo de estudio de conjunto, reunía dos antologías: una de cuentistas caldenses, otra de cuentistas extremeños. Lo de la doble portada y doble contraportada o la ausencia de ambas tiene su parecido con la biología y demás ciencias naturales que, al tomar por el tallo una planta, advierten dos partes en la hoja: haz y envés, envés y haz, cada cual con sus características propias, pero en necesaria relación de apoyo y complementación. El diseño, siguiendo el modelo de cara y cruz, está urdido de tal modo que si vas a leer a escritores de cuentos de Caldas (Colombia) –tal y como rezará la portada-, en el reverso y del revés (siendo necesario o bien que voltees el libro 180º grados o que sea tu cabeza la que dibuje tal giro) se leerá “Antología de Cuentos Extremeños”. No habiendo consultado a los hacedores de este estudio de conjunto y sí habiendo pasado largos ratos manoseando el libro en el ya descrito juego idéntico, presiento que, desde la rocambolesca cubierta, se introduce al propietario del libro en la idea de que nos encontramos ante dos realidades sociales, culturales y lingüísticas, a priori, bien distintas o, incluso, opuestas, que van a confrontar y terminarán por fundirse. Si se mira el título del libro, “Estrechando Círculos”, parece que estemos en lo cierto.

ANTONIO MARIA

Antonio María Flórez

Nos centraremos en algunos de los cuentos escritos por colombianos y en sus respectivas obras y biografías, pero convendría no omitir la antología de cuentistas extremeños. Por encima, es introducida por el crítico y estudioso, doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Extremadura, Manuel Simón Viola, con un prólogo donde reflexiona sobre la creación literaria del cuento y el relato breve y acredita su condición de gran conocedor de la literatura regional. Aparecen algunos escritores como Efi Cubero, extremeña emigrante a Cataluña, que acaba de publicar “Punto de apoyo”, en la editorial “De la luna libros”, Mérida, 2014. José Antonio Ramírez Lozano que obtiene el premio de novela Felipe Trigo con “Las manzanas de Erasmo” en la misma edición en que el periodista catalán, Carlos J. Climent, gana el novela corta con “La casa habitada”, con un jurado que contaba con personalidades como Isaac Rosa. También, con un texto cercano a la prosa poética, aparece Pureza Canelo la que, entre otros como Félix Grande o Diego Doncel, alargará la lista de escritores extremeños en conseguir el Premio Adonais de poesía. Y, por último, Antonio María Flórez. No sólo porque figure en las dos antologías, la extremeña y la caldense, con dos cuentos firmados a su nombre, sino porque, como en una charla-entrevista recientemente aparecida en Rick´s Magazine me refería Álvaro Valverde (ex director de la Editora Regional de Extremadura), permitió a la Editora Regional de Extremadura abrir una línea de publicación hispanoamericana, Antonio María Flórez es el verdadero engranaje y pivote de esta antología.
Antonio María Flórez nace en Don Benito (Badajoz, Extremadura) en el año 1959. Hijo de madre española y padre colombiano es médico cirujano especializado en medicina deportiva. Ha desempeñado la docencia en la Universidad de Caldas (Colombia) y ha realizado incursiones en el ámbito político, siendo asesor en el gobierno de Caldas en los gabinetes de cultura, sanidad y comunicación. Su obra ha aparecido en un lado y otro del atlántico: títulos en Colombia como “Dos voces” (1989) en colaboración con Flobert Zapata o “Zoo (poema de amor antiecológico)” (1993); títulos en Extremadura y España como “El bar de las cuatro rosas” (1995) o “Bajo tus pies la ciudad” (2012). Algunos de sus textos han sido traducidos a otras lenguas como el danés, el catalán, el inglés o el portugués.

Reconocía Álvaro Valverde, que en Octubre publica en la editorial catalana Tusquets Editores un nuevo libro de poemas, “Más allá, Tánger”, que en su periplo como director de la Editora Regional de Extremadura contó con dos hombres claves como fueron Antonio Saénz Delgado (profesor de literatura en la Universidad de Évora) y Antonio María Flórez, bien informados, gracias a los que abre un diálogo editorial con Portugal (José Luis Peixoto) por un lado y, por otro, con hispanoamérica. Antonio María Flórez comienza a sugerir nombres, tal es el caso, por ejemplo, de Adalberto Agudelo Duque, al que, recientemente, le ha sido editado un libro, muy breve de prosas poéticas, titulado, siguiendo la consigna de Cortázar, “Textículos”. También incluido en esta antología Adalberto Agudelo Duque, no nos centraremos en su cuento, ya que no se acerca a la mujer. En los que sí, serán el propio Antonio María Flórez, Rafael Arango Villegas y Adel López Gómez.
La gran mayoría son originaros, a excepción de Antonio María Flórez (padre colombiano y madre española, -Don Benito, Extremadura-) y Adel López (Armenia, departamento de Quindío) del departamento de Caldas. Caldas, 7888 kilómetros cuadrados de extensión, 5 grados latitud norte y 75 longitud oeste, es una región situada al centro de la República de Colombia, característica por su abrupta geografía. Su capital, Manizales, un nido de águilas, se halla enclavada en la Cordillera Central colombiana y, a sus espaldas, se encuentra el Nevado del Ruiz, volcán que, en su última explosión, sepultó a una población de veinte mil habitantes, conocida como Armero. La historia de Caldas está marcada por el proceso de Colonización Antioqueña, extensa región a la que perteneció Caldas primitivamente y que fue una de las más potentes fuentes de oro de la corona española. A Antioquia llegaron en una primera emigración extremeños y andaluces que dejaron una amplio contagio etnocultural, que va desde la lengua a las costumbres gastronómicas y religiosas. Con el tiempo, llegarían más peninsulares, vascos y asturianos. Abrazando los dos océanos, Antioquia contó con una población notablemente insumisa –pocas tribus indígenas soportaron la explotación y el trabajo forzado. Por estas razones, la ausencia de poblaciones aborígenes trajo la coexistencia única de negros y blancos. Más tarde, durante el período de entreguerras y con la consolidación de la producción cafetera como principal fuente económica del país, Caldas, con su ya capital Manizales, tomará más peso y se abrirá a occidente, definiendo su exclusiva identidad cultural, hasta ser vista hoy como “el meridiano cultural de Colombia”. En el ámbito cultural en general destaca, con presencia de serias personalidades intelectuales españolas, el Festival Iberoamericano de Teatro de Manizales y, más españolizada aún, la feria taurina de enero. En el literario en particular destacó por el cultivo del grecoquimbayismo o grecolatinismo durante gran parte del siglo XX. Y más recientes, por creaciones de editoriales como SIN-ISMOS o de revistas como sería el caso de AUROCARBÓNICA.

Sirviendo de introducción, tomaremos un texto de Antonio María Flórez, no incluido, sin embargo, en esta antología. Apareció en un libro del autor que mereció, en 2003, el “Premio de Poesía Ciudad de Bogotá”, que es el segundo premio de mayor transcendencia literaria que se otorga en el país cafetero. El libro que se llama “Desplazados del paraíso” es, a modo de poemario (con poemas que van desde breves estrofillas melódicas y rítmicas a párrafos, deliberadamente, narrativos), una denuncia de las consecuencias que acarrea la violencia de las FARC contra la población civil. Estructurado en cinco partes bien diferenciadas (“Paraíso”, “La huida”, “La muerte”, “Tocando a las puertas” y “Perdido Amor”) narra la huida forzada de dos enamorados ante la presión derivada de la conflictividad guerrillera. En el poema 27, parte IV (“Tocando a las puertas”), se lee lo siguiente describiendo a la mujer:
Mujer: Es igual pero distinta al otro sexo, sobre todo en lo que le interesa. También es llamada ama, amante, amazona, arpía, bachillera, beldad, bruja, callonca, chagorra, chirusa, chuquisa, colipoterra, comadre, concubina, costilla, cuija, dalaga, doncella, dueña, fulana, gacela, guaricha, hembra, hurí, jamona, lechuza, ligera, lolita, madre, maja, Maruja, matrona, ménade, odalisca, pécora, pindonga, piruja, prostituta, puta, señora, señorita, tarasca, tigresa, tití, vampiresa, varona, Venus, virago”. Este poemita le costaría a Antonio María Flórez, a raíz de su lectura pública en Venezuela, ataques virulentos y agresivos en algunos periódicos. Él se defiende argumentando que se descontextualiza del resto del poemario. Ya, ustedes, juzguen. Volvamos a “Estrechando Círculos”.

Rafael Arango Villegas: un zapatero, una ñapanga, el humor y la creación.
arango villegasArango Villegas, reconocido como un verdadero humorista según sus escritos, nace en la capital de Caldas, Manizales, el día después de navidad del año 1889. Su vida transcurre desempeñando los más variopintos oficios, entre los que destaca el comercio minero (una, junto al café, de las principales fuentes de ingreso de Caldas). Tuvo un total de siete hijos y colaboró, a modo de cronista (con mucho humor), en diarios regionales y nacionales, durante su estancia en Bogotá. Algunas de sus obras, que han sido recogidas en “Obras completas” con reediciones en Colombia y España, son: Bobadas mías, Pago a todos, Los municipios de Caldas. Muere en Manizales en 1952.
En la antología “Estrechando Círculos”, su cuento, “Como narraba la historia sagrada el maestro Feliciano Ríos”, responde, perfectamente, al epíteto que Octavio Escobar Giraldo (profesor de la universidad de Caldas y uno de los escritores de la región con mayor proyección internacional en la actualidad) cuelga sobre su obra: “en él (Rafael Arango Villegas) el humor y la ironía son de impecable contemporaneidad”. Y es así porque, Arango Villegas, confiere a este cuento, ya desde el tema central (la creación del universo, con Adán y Eva), una aureola de dicho popular, moraleja o refrán cercano a la estructura del cuento más tradicional. Sus personajes así lo acreditan. Un zapatero, Feliciano Ríos, y un joven aprendiz que hace novillos para, en horario lectivo, escuchar al maestro zapatero y aprender el oficio. Personajes del pueblo llano que fácilmente, tanto ellos como sus chascarrillos, pueden situarse en el imaginario colectivo. El chascarrillo, la enseñanza en cuestión surge en el momento en el que Feliciano Ríos, habiendo abandonado su tarea, se fija en una mujer (ñapanga y jamona, la llama) que pasa ante la zapatería. Entonará soflamas del tipo: “quien las ve tan empingorotadas, y están el mundo porque a nosotros nos dio la gana”, para comenzar su interpretación bíblica sobre la creación de la mujer. A su parecer, parecer de maestro según el título del cuento, este mundo “estaba organizado para organizar con hombres. Nada más que con hombres”. Así, narra la creación bíblica del universo en el ya consabido pasaje de la manzana y el pecado, achacando todos los males del hombre a la mujer que llegó aquí gracias al primero. El cuento, por sí mismo, no encierra mucho misterio. Sí lo guarda, por el contrario, la caracterización de los personajes y su ya aludida pertenencia al pueblo llano. Retahílas, dichos de un cronista, Fernando Arango Villegas, que, en calidad de humorista (“era su norte vital”), recogían la tradición, memoria e imaginario colectivo del pueblo caldense durante la primera mitad del siglo XX.

Adel López Gómez: las sospechas, los celos y la resignación.
Adel López Gómez nace en Armenia, departamento de Quindío en 1901 y muere en Manizales, departamento de Caldas en 1989. Armenia fue una ciudad que surge durante el proceso de Colonización Antioqueña en la “antigua Caldas”. Situada, por igual en la Cordillera Central colombiana, su geografía y tradición popular tiene un mismo punto de salida que Manizales. Adel López Gómez ejercitó la literatura (novelas y cuentos) y el periodismo, si es que no se puede incluir este como género literario. Su nombre quedará grabado por su pertenencia a la Academia Colombiana de la Lengua.
Su cuento, “La Cacerola dorada”, incluido en “Estrechando Círculos”, tiene idénticas proporciones al de Rafael Arango Villegas. Así, los personajes son pertenecientes al pueblo llano (un matrimonio que regenta una tienda de ultramarinos, en el que el marido despacha el negocio y la mujer aguarda, dedicada, única y exclusivamente, a las tareas del hogar) y los sucesos son referidos en segunda persona, una vez ya acontecidos, por el infeliz marido a un segundo de identidad no especificada y al que se llamará “señor”. Aparecerá un personaje obstáculo, Braulio Manzanera, ricacho de a bien, con labia y mundo recorrido, que mantendrá una relación bien jalonada en fases con Esneda, la mujer del marido infeliz que vio como su tienda de ultramarinos, “El vergel florido”, de la que vivieron él y su mujer durante siete años, desaparecía. Y desparecía por la ambición de la mujer. Ya que abandona al marido por Braulio Manzanera, en el plano sentimental y en el laboral. Esta relación que se inicia con los pellizcos y las visitas casi diarias de Braulio al “Vergel Florido”, no sin resquemor y sospecha del marido, acabará, tras la venta de una finca colindante a la tienda por parte del marido a Braulio, con el levantamiento de una tienda similar en cuanto a los productos ofertados por el intruso. Esneda abandonará “El Vergel Florido” para marchar a “La Cacerola Dorada”, al lado de Braulio Manzanera. El marido infeliz, siendo voz narrativa, iniciará el cuento advirtiendo las ventajas de contar el suceso en frío, y que celoso no, celoso no. Pero que le costaba reconocer a Esneda. A Esneda o a aquella arpía que, “perfumada… oliendo a mujer ajena”, lo abandonó por dinero.

Estas son algunas manifestaciones de literatura colombiana cercana a mediados de siglo XX. Período marcado por el grecoquimbayismo y por, como ejemplificó Ángel Rama en aquella ciudad imaginaria atestada de cultos hispanistas que adaptaban las formas españolas a las indígenas, la simbiosis cultural derivada de la apertura a un mundo cada vez más global. Existen manifestaciones caldenses más modernas como Octavio Escobar Giraldo, recordando las gestas de compañeros de la ochentera selección argentina de Maradona en su cuento “Después del domingo” o cuentos verdaderamente contraculturales como el de José Vélez Saénz, adaptando a Nietzche al fenómeno televisivo. Modernas, quiero decir alejadas de esos cronistas y costumbristas que presentan a la mujer como ser maléfico, también hay algunas manifestaciones arraigadas a Manizales como el cuento de Adalberto Agudelo Duque, “La noche de las barricadas”, repleto de localismos que merecerían un capítulo aparte. Agudelo Duque, que, ¡por cierto!, fue quien bautizó como nido de águilas a la capital del departamento de Caldas.

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Octavio Escobar

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