Trautmann, de prisionero a leyenda citizen

Por Cristian González
La historia de este alemán comienza en Bremen, su ciudad natal y que le vio nacer en elaño 1923. Trautmann siempre estuvo interesado en el deporte, y practicó varios de ellos, como balonmano, atletismo y fútbol, el que a la postre le serviría para ganarse la vida. Siendo joven se unió a  las juventudes hitlerianas, concretamente a la organización  Jungvolk, precursora de la paramilitar Hitler youth. El estallido de la II Guerra Mundial llegó  cuando Trautmann ejercía como aprendiz de mecánico, y como tantos otros jóvenes alemanes del periodo,se acabó uniendo a las tropas nazis para servir a Hitler.
En 1941, Trautmann se unió a la Luftwaffe, la brigada paracaidista del ejército alemán. Su primer papel asignado en las tropas nazis fue el de técnico de radio, si bien sus escasas aptitudes para ello hicieron que pronto pasase a servir como paracaidista. Conforme avanzaba la guerra fue destinado a lo largo de todo el campo de batalla en que se había convertido Europa (Polonia, Ucrania, Francia…). Sus acciones, sobre todo las logradas en el frente del este del continente le proporcionaron un ascenso a sargento y varias medallas, incluída una cruz de hierro. Durante la guerra fue capturado por las tropas aliadas en dos ocasiones pero Trautmann logró escapar. Sin embargo, hubo una tercera  vez casi al final de la guerra, en la que un soldado británico le capturó definitivamente y fue envíado provisionalmente a un campo de prisioneros belga. Más tarde sería enviado a  Marbury Hall, Inglaterra, país que sería su casa durante años.

En el campo de prisioneros británico en el que el alemán permanecería hasta el año 1948, eran habituales los partidos de fútbol organizados entre los reclusos. Resulta curioso que Trautmann en un principio no los disputaba como portero, posición que le daría la gloria años después, sino como defensa central. Si bien, un día tras lesionarse en uno de estos encuentros, intercambió su posición con otro prisionero, y descubriría su posición idónea. Tras el cierre definitivo del campo de prisioneros en el que se encontraba, se le ofreció la posibilidad de volver a su país natal, pero decidió quedarse en las islas a comenzar una nueva vida. En  su primer año tras su liberación, Bert combinaba su trabajo en una granja con su participación en un modesto equipo amateur de fútbol. En el modesto St Helens Town, se formó una gran reputación como guardameta debido a sus buenas actuaciones realizadas. Esta buena fama se extendió y llamó la atención del Manchester City, equipo que jugaba en la máxima división inglesa en aquel momento. En un principio, su fichaje supuso el descontento de los aficionados del club de Manchester debido a su pasado nazi en la Gran Guerra que concluyó en 1945. Montones de cartas llegaban a los dirigentes de los citizens con amrgas quejas por el fichaje. Además, realizaron un boicot a la venta de entradas. Sin embargo, a base de brillantes actuaciones, se metió al público de su club en el bolsillo.

Quinientos ocho fueron los partidos que disputó el cancerbero alemán con el Manchester City. Aunque todos ellos influyeron en que se conviertese en una leyenda del conjunto citizen, hubo un partido en especial que hará que sea recordado por siempre en el mundo del fútbol. 5 de mayo de 1956. Estadio de Wembley en Londres. Manchester City y Birmingham City se diputan la FA Cup de la temporada 1955/1956. A falta de unos 15 minutos para el final del encuentro y con el Manchester City ganando por 3-1, se produjo la jugada por la que esa final pasaría a la historia. Peter Murphy, extremo izquierdo del Birmingham encaraba la portería rival y Trautmann salió a taparle. Entonces se produjo un choque entre ambos en el que la rodilla de Murphy impactó violentamente en el cuello del guardameta alemán del City. El choque se saldó con varias vértebras dislocadas e incluso alguna partida. A pesar del choque y sin saber realmente el alcance de su daño, Trautmann finalizó el partido e incluso realizó varias meritorias paradas evitando más goles del Birmingham City. En la entrega de trofeos y medallas su cuello estaba visiblemente torcido. 4 días después, y tras los pertinentes exámenes médicos, Trautmann supo que se jugó la vida acabando el partido, y que su médula espinal no quedó afectada por unos escasos milímetros. Ese partido fue el que marcaría la carrera del portero alemán para siempre. La gravedad de su lesión durante aquella histórica final de FA Cup fue tal que en la temporada siguiente, la 1956/1957 no pudo jugar en todo el año. Trautmann nunca volvió a ser el mismo en su carrera tras aquella grave lesión, aunque aún diputó varias temporadas hasta su retiro definitivo  en el año 1964. Tras su retirada, el germano dirigió a varios equipos y selecciones nacionales, pero sin éxito.

En julio del año pasado Trautmann falleció a la edad de ochenta y nueve años en su casa de la ciudad de Valencia. Acababa una vida llena de contrastes: por un lado los horrores de la guerra, algo que ningún hombre deberñia nunca sufrir, y por otro la gloria deportiva, los honores de ser leyenda para los aficionados de un gran club como el Manchester City. Un hombre que siempre estará en la historia del fútbol.

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