1944, Gran Cosecha

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Por José A Valverde

Se abren nuevamente las puertas del Rick’s Café Américan tras el parón de agosto, muy caluroso en Casablanca como podéis imaginar. Y lo hacen para dar cabida de nuevo al cine clásico y a la pasión por las películas que, entre todos, hacemos imperecederas.

La historia del cine está llena de momentos brillantes, inabarcables para un amante aficionado como el que suscribe, pero que en ocasiones llaman la atención al primer vistazo. En este caso me refiero a la calidad y cantidad de películas producidas en 1944. Tranquilos, no pienso abrumaros con todo lo que se rodó ese año, pero sí comentar los títulos que me parecen más destacados y nombrar otros. Preparaos para hacer una lista en la que anotar revisiones imprescindibles y descubrimientos increíbles si es la primera vez. Llegando a la fase decisiva de la Segunda Guerra Mundial, la industria del entertainment seguía volcada en su tarea de distracción y propaganda. Podemos apreciar claramente una diferencia entre proyectos dirigidos a la evasión del gran público y al intento de subir la moral y otros de más calado. De lo primero se encargaban las cintas ligeras y a todo color como las protagonizadas por Bob Hope, “La princesa y el pirata” con Virginia Mayo sería un buen ejemplo, o incluso el debut de Esther Williams con “Escuela de sirenas”. Otros  directores se ocuparon de reflejar una visión más pesimista y cruda de la vida. En este contexto podemos situar la irrupción definitiva  del Film Noir. Como es inevitable seleccionar para hacerse una idea clara de lo que he denominado “Gran Cosecha”, me quedo con seis títulos muy representativos. Ahora los abordaremos pero os adelanto que prácticamente todos los directores fundamentales del cine clásico rodaron en 1944 y, en la mayoría de los casos, films muy  destacados dentro de sus respectivas carreras.

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Empezamos con un plato fuerte. Una de las cumbres de la comedia de los 40’ y bandera de Frank Capra como director y Cary Grant como actor cómico. “Arsénico por compasión” es de aquellos títulos que quedan en la memoria colectiva y que siempre se recuerdan con cariño y sonrisas al ser comentada. Capra deja atrás el acaramelamiento de otras películas, buenas también, y nos mete en esta locura coral de entradas y salidas que se produce en casa de las adorables tías de Cary Grant. La estructura teatral está llevada con tal ritmo que es como si estuviéramos en exteriores asistiendo a una persecución. Las muecas de Grant llegan a su cénit pero no molestan. Entran en lo que el papel y el guion piden. El argumento no lo voy a contar, como sabéis, todo es consultable pero es recomendable guardar el factor sorpresa y preservar el secreto de tan entrañables ancianas. De la comedia saltamos a lo que ahora clasificarían de thriller psicológico o psicodrama. George Cukor nos hace sufrir casi tanto como a Ingrid Bergman en “Luz que agoniza”. Gaslight en el original y de la que quedó la expresión “hacer luz de gas” cuando hay maltrato psicológico sostenido como es el caso. Una vida matrimonial reciente y feliz empezará a mutar en tortura. Charles Boyer pasa de marido ejemplar a uno de los seres más despreciables de la gran pantalla en lo que dura la película. Como suele ocurrir hay un tercero en discordia, Joseph Cotten, que acabará in extremis solucionando la papeleta. Procuro no dar pistas pero es casi inevitable. La pobre Bergman, después de padecer este papel y los de “Encadenados” y “Recuerda”, debió dejar Hollywood harta de tanto tormento. No lo solucionó muy bien ya que lo primero que hizo Rossellini fue meterla en “Stromboli”…

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Howard Hawks, por su parte, nos regaló “Tener y no tener”. De género difuso, se mueve entre el thriller policial de aventuras y la película romántica. Como Casablanca, simultanea los dos niveles de la acción y el resultado es perfecto. Poco hay que comentar de la primera aparición en pantalla de Lauren Bacall que no se haya dicho estos días tras su reciente fallecimiento. Es obvio que la química de la pareja con Bogart salta a la vista desde la primera escena que comparten. No es fácil. La diferencia de edad y el carisma de Bogart parecen un listón insalvable para una principiante pero, sin duda, a ella tampoco le faltaban altas dosis de estos componentes. El mérito de Hawks en su apuesta por la joven actriz es en sí parte del éxito de la cinta. El texto de Hemingway, convertido en guion entre otros por William Faulkner, es un excelente vehículo para el lucimiento de director y elenco de actores que completa el queridísimo Walter Brennan y al que pone la guinda la participación de Hoagy Carmichael en la parte musical. Detalles imperecederos como la primera vez que Bacall le pide una cerilla a Bogart y cómo mira al encender su cigarrillo, la frase del silbido y el gracioso contoneo final de “la flaca” dejan en la memoria esta obra para siempre.

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Nos adentramos ahora en el Film Noir con tres de las más reconocidas, justamente, películas del género: “Perdición”, “Laura” y “La mujer del cuadro”Billy Wilder, Otto Preminger y Fritz Lang ya venían aportando al cine norteamericano mucho durante años. Con estas películas acabaron de asentar las bases del cine negro desarrollando lo ya existente y mejorándolo notablemente. En el caso de Lang su influencia expresionista en el tratamiento de luces, sombras, transparencias y reflejos merece un apartado especial. En próximos artículos tendrá que haber monográfico de este genio del cine menos conocido de lo que parece para el público en general.Tratándose de realizadores de esta talla cualquier comentario que yo pueda hacer me produce un cierto pudor pero habrá que intentarlo. Las tres contienen los elementos esenciales del género pero los utilizan de distintos modos según el enfoque del director. Están presentes los flashbacks, el hombre corriente que duda y cae, la femme fatale y el tercer personaje que suele ser clave aunque tal vez no protagonista. ARTICULO VALVERDE VIII“Perdición” ya fue comentada en el artículo dedicado a Wilder. Sólo añadiré que el protagonista, Walter Neff y su jefe y mentor Barton Keyes, pueden ser considerados como uno solo. La  parte de la conciencia la representaría el papel que borda Edward G. Robinson y el proclive a la tentación, Fred MacMurray. A Barbara Stanwick en el rol de Phyllis Dietrichson sólo nos queda aplaudirla embobados por el embrujo que despliega y por la credibilidad que da a la personificación de la tentación. Es, en mi opinión, el culmen de la mujer fatal y el modelo que se repetiría en innumerables películas posteriores. Phyllis no sólo lleva al abismo a Neff si no que es realmente mala, lo sabe y lo hace consciente de las consecuencias. Eso le diferencia de otros personajes femeninos del cine negro que acarrean muchos disgustos a los protagonistas pero a veces sin mala intención. Como ya dije, la película es de imprescindible revisión. Casi la recetaría una vez al año y, por supuesto, urjo a verla a los que aún tengan la suerte de apreciarla desde la virginidad cinematográfica. El enfoque es distinto en “Laura” dirigida por Otto Preminger que le da un aire especial a la película desde el principio. El fantástico plano secuencia en teórico tiempo real, que abarca el tiempo que le lleva a Waldo Lydecker (Clifton Webb) recibir al detective en la bañera, salir de ella, vestirse y llegar juntos a la calle. A partir de ahí nos sumergimos en la turbia historia de la desaparición de Laura, papel que elevaría a la bellísima Gene Tierney a los altares de la mitomanía. El propio Lydecker va desgranando en sucesivos flashbacks sus recuerdos, vivencias y una tapada obsesión por Laura. Obsesión en la que cae también el detective, prendado por el magnetismo del retrato de la desaparecida sobre la chimenea de su casa. El fulgor que desprende la presencia de Gene Tierney y la interpretación de Clifton Webb marcan el éxito de esta historia relativamente sencilla pero maravillosamente contada. En cuanto a Dana Andrews me gustaría contener mi crueldad pero no puedo. En mi opinión es uno de los actores con más suerte del cine. Protegido de Preminger y usado por Lang, accedió a grandes papeles que su calidad no merecía. Es una visión poco compartida pero su falta de expresividad y carisma no cuadra con su filmografía que es magnífica.

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Hay que mencionar también la banda sonora de la película y su tema central. Os recomiendo escucharla y, si sois aficionados, buscar la interpretación que Frank Sinatra hizo del tema central. En definitiva otra obra maestra del género negro por la que tenéis que pasar o repasar. ¡No es negociable! Una última curiosidad sobre “Laura” es la participación de Vincent Price en un papel aparentemente inocuo. Y para negro, negrísimo, el cine de Fritz Lang en ese periodo. Su película de 1944 fue “La mujer del cuadro”. En este caso el protagonista es Edward G. Robinson, envuelto en las brumas de una trama que ni él mismo se explica. El detonante es la contemplación de un cuadro expuesto en un escaparate,  el título original es “The woman in the window”, y la aparición de una joven idéntica a la representada en la pintura. Se trata de Joan Bennett que se convertiría también en una de las más crueles féminas pero tal vez más acentuadamente en películas posteriores, también de Lang, como “Perversidad”. El tercer lado siempre necesario para cargar de tensión la trama lo cubre un villano atípico pero efectivo: Dan Duryea.

Las sorpresas continuas que depara el film y los aspectos técnicos como iluminación y fotografía suben mucho el nivel de una película en la que Robinson demuestra lo mucho que puede hacer en hora y media. Impecable actor tanto de principal como de secundario consigue subir la calidad de cualquier producción con su sola presencia.

 

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