Uvas, iras y vigencia

Por José A. Valverde

1 FOTO ARTICULO JOSE A VALVERDE

Bienvenidos de nuevo a vuestro local, Rick’s Café Américain, donde como sabéis, se habla de cine clásico. En este caso la propuesta es ambiciosa, pretendo hablar de cine pero relacionándolo con la literatura, novelas principalmente, que en muchos casos son la génesis de los guiones que estructuran las películas que finalmente disfrutamos.
Es un tema vastísimo y muy tratado. Para ser exhaustivo haría falta una enciclopedia y, como sabéis, la vocación de estos artículos no es sentar cátedra si no fomentar la reflexión, el recuerdo y el debate.
Para ello, voy a daros mi opinión sobre algunos casos destacados así como dar alguna pincelada acerca de algunas curiosidades que afectan a novelas adaptadas al cine durante la época que solemos denominar clásica.
Dado que las que voy a seleccionar merecen un artículo individual, lo iré haciendo por entregas intercalándolos con otro tipo de temas siempre relacionados con el cine clásico.

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Como habréis deducido al ver la famosa imagen, obra de Dorothea Lange que retrató a los emigrantes que la hambruna del Medio Oeste hizo partir hacia California y el fotograma del film, la primera es “Las uvas de la ira” (1940)

John Steinbeck escribió en 1936 una serie de siete artículos para el San Francisco News. Se publicaron más tarde unidos bajo el nombre “Los vagabundos de la cosecha”, disponible actualmente en Libros del Asteroide junto a una selección de las impactantes fotos de Lange.
Con este material Steinbeck inició su novela más famosa que se publicaría en 1939 y le daría el premio Pulitzer de 1940.

En tiempos de fuerte competencia entre los grandes estudios de Hollywood, uno de los más poderosos productores del momento, Darryl F. Zanuck, estuvo rápido, adquirió los derechos y tenía la película en el cine en enero de 1940 tras sólo 43 días de rodaje.
La película fue dirigida por John Ford que acababa de cosechar un clamoroso éxito con uno de los principales westerns de la historia: “La diligencia” (1939) Ford no fue sin embargo la primera opción para dirigir “Las uvas de la ira” ya que la celeridad del proceso lo hacía casi imposible. Los estudios adelantaron todo el trabajo de guion, a cargo de Nunnally Johnson, casting, decorados y otros preparativos.

Una vez en la silla de director, Ford tomó las riendas e interpretó visualmente el guion con una atmósfera, un trato de los personajes y una fuerza en los diálogos que hicieron a la narración de Steinbeck ya de por sí muy descarnada, un fiel retrato de la crudeza de la situación.

Sin ánimo de desvelaros el contenido a los que no hayáis visto ni leído esta gran obra, aquí van unas pinceladas del argumento que se hacen necesarias. En plena crisis de principio de los 30’ en Estados Unidos, los agricultores de Oklahoma que prácticamente no obtenían rendimientos de sus tierras, fueron desalojados y obligados a emigrar hacia el oeste en busca de oportunidades y trabajo. Se les ofreció California como una especie de tierra prometida que no sería tal cuando llegaron a ella y donde fueron tratados de una manera cruel. Las expectativas del número de personas que llegarían fueron superadas con creces y no había trabajo ni viviendas dignas que ofrecerles.

Todo esto lo vivimos acompañando en su periplo a la familia Joad. Destacan las interpretaciones de Henry Fonda como Tom Joad y de Jane Darwell como Ma Joad. Otro personaje imprescindible en la trama y muy logrado en su interpretación es Casy encarnado por John Carradine.
Fonda fue elegido por encarnar el americano digno que Ford siempre pretendía mostrar a pesar de las penalidades que sufriera y que, como muchos de los protagonistas de este director, se mueven entre la honradez, la introspección y, a veces, azuzados por la ley.
Personalmente no soy un devoto de Henry Fonda al que considero demasiado plano en muchos de sus papeles pero lo cierto es que no se puede pensar en Tom Joad sin ver su imagen.

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Para dotar del dramatismo necesario a la cinta, Ford decidió que los actores no utilizaran maquillaje y no había tampoco filtro de cámara. No ensayó mucho las escenas y se limitaba a tomar un par de cada una de ellas para intentar conseguir la mayor verosimilitud posible. Utilizó algunos trucos con los actores, según comentó mucho más tarde, cosa que no era propia de la manera de trabajar de Ford. Los ponía en situación incidiendo en lo desgraciados que eran y retocaba algunas actitudes como la del papel de Carradine al que hizo ser más histriónico. Baste decir como colofón a este planteamiento que la escena final entre Tom y Ma no llegó ni a ensayarse. Fonda se quejó de que ni siquiera la había dicho en voz alta. Ford dio la orden de rodar y en una sola toma quedó conforme. Visto hoy, parece mentira, el resultado final fue impecable.
Para que tengáis una visión un poco más completa os reproduzco unas líneas de una crítica de Carlos Boyero sobre la película: “El monólogo de Tom Joad antes de perderse en la noche, mientras su madre escucha y llora, tiene una potencia comunicativa que hace daño. Además de un genio, este director era también un hombre bueno”

Cuando se estrenó fue aclamada por la crítica de manera inmediata aunque no supuso un gran éxito en taquilla. El tema y el tratamiento resultaban un poco duros para lo que era el “entertainment” de la época.
De todos modos y para los que apreciéis los premios de la Academia, fue nominada a seis Oscar consiguiendo el de mejor director y mejor actriz secundaria.

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Pasados los años se da la paradoja de que es una película muy actual en el discurso de fondo que sostiene: la explotación y la miseria de los que sufren una coyuntura que no han ayudado a crear, la formación de guetos de emigrantes de los que es difícil escapar para prosperar y otra serie de injusticias sociales que subyacen.

Las diferencias entre la novela y su adaptación son fruto del enfoque que se requiere cuando se trabaja con palabras o cuando se hace con imágenes. En ambos casos estamos hablando de obras maestras, expresión que se suele utilizar con ligereza, tanto del cine como de la literatura y merece la pena disfrutarlas. El final cinematográfico es algo distinto pero, como suelo decir, ahora queda en vuestras manos comprobarlo.

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