La mujer en la génesis maya frente a la génesis cristiana

Por Lucía Tena

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El papel de la mujer en el famoso Popol Vuh (el génesis maya), comparándolo con el que esta protagoniza en la Biblia cristiana no deja de ser otro punto clave e interesante de estudio.

No podemos decir que en el Popol Vuh “aparece más la mujer” que en la Biblia pero sí que “su aparición es más presente”.
Empecemos desde su creación. Desde este instante se marcará una gran diferencia que podría haber llegado a calar en la misma cultura que estas dos obras envuelven o incluso en las religiones que se han levantado como torres a su alrededor.
La “mujer maya” nace de manera independiente al hombre, son seres complementarios y la figura femenina será fundamental para entender no solo la esencia del Popol Vuh sino también su rol decisivo en la creación de una cultura que gira en torno al maíz.
Sin embargo, volviendo a la tradición bíblica, en la creación del hombre acudimos al “desprendimiento de la mujer”. La mujer se desprende de la costilla del hombre y no debemos pasar por alto este detalle, pues cuando se trata de textos que narran los orígenes y el misterio de la vida siempre radica en cualquier explicación un símbolo, un enigma y un “más allá”. La mujer bíblica acaba siendo un “apéndice del hombre” y quizás desde entonces en la cultura cristiana no ha sido raro apreciar que la mujer es dependiente del Adán que le acompaña.
En el Popol Vuh nos encontramos en una época regentada por mujeres, deidades femeninas y dos personajes centrales: Ixmukane e Ixquic. La primera, “abuela engendradora” será decisiva en la creación cumbre de la cultura, el hombre de maíz. Ella será quien machaque las semillas blancas y amarillas del maíz nueve veces; nueve veces por los ciclos por los que se guiaban los mayas y, mucho más cercano a la realidad, nueve veces por los nueve meses de gestación materna. Ixmukane será la mujer del saber oculto.
Pero ahora quisiera hacer una breve reflexión entre el nacimiento de los dos hermanos gemelos (héroes mayas) y el nacimiento de El Salvador. Ambos llegarían a la vida desde el vientre de sus madres pero no podemos detenernos en la superficie de la cuestión. ¿Cómo dos mujeres (aparentemente elegidas al azar) albergan en su interior la esperanza de todo un pueblo y toda una cultura?
Para todos es más conocida la historia de la Virgen María. El espíritu Santo fue quien le habló de su misión. Pero dirijámonos al episodio del Popol Vuh ; Ixquic ( “Ix-“ es lo femenino, enlazando con la luna; “-quic” es la sangre, la savia, el agua y la resina) tras oír la fantástica historia de aquel héroe maya, ajeno al reino de Xibalbá, cuya cabeza hizo florecer a un árbol perecedero y más aún, tras serle prohibido el acercarse al lugar, aumentaron sus deseos y la tentación se presentó más fuerte que la autoridad paternal.
Llega al sitio censurado y allí contempla lo que su padre narraba. La cabeza del héroe se dignará a hablar con la joven y se mantendrá firme al decir que el espíritu de alguien que es divino permanece en la sangre y en la saliva (otra vez el par “sangre y agua”). Le escupirá a su mano y en el acto Ixquic quedará encinta. Podemos decir entonces que en ninguno de los dos casos se describe un encuentro sexual y en ambas ocasiones la mujer es totalmente necesaria. Al fin y al cabo, sin la mujer, no hubiera sido posible.
Sería casi interminable enumerar y reflexionar sobre todos los nudos (como aquellas cuerdas tan importantes para los mayas) que unen a estas dos maravillosas obras y que las separan, por eso solo dedicaré unas líneas a un aspecto que realmente se zambulle sin compasión en aquellos que piensan en las creencias.
Sabemos que el maíz, elemento de creación, será también sagrado para todos los que siguieran los pasos y pensamientos de los mayas del Popol Vuh y que el trigo, cuerpo de Cristo, no es menos para los cristianos. Pero, ¿todo esto reside en alguna cuestión económica? Ambos alimentos se pueden considerar como elementos fundamentales en la base de la alimentación de estas poblaciones, e incluso debieron ser y son fuentes de ingresos de dos culturas enteras.
Si fuéramos alborotadores no tardaríamos en decir que estas obras no tienen soporte ninguno y de ser así, este sería un simple argumento económico. Pero siempre, como he dicho antes, en estas obras hay un “más allá” que nos debe hacer sospechar, desconfiar y estimular. No es posible que simples textos, con una gran riqueza rítmica casi ritual y emocional, no escondan nada. Y como la curiosidad debería ser superior que la indiferencia, y lo es, aunque en pocas personas, tampoco deberíamos dejar perder algo que por algún motivo ha permanecido de un lugar a otro, siendo perseguido, escondido y ensalzado durante la carrera del tiempo.
Abro este paréntesis para quien estime más la curiosidad que el desinterés, para quien tenga entrañas y sea amigo de rarezas literarias y existenciales.
Pero antes de dejar esta controversia abierta, me gustaría citar unos versos de Juana Inés de la Cruz, que siempre supo valorar el enigma o la “magia” que ella heredaba de sus antepasados, del lejano Popol Vuh ;
¿Qué mágicas infusiones,
de los indios herbolarios
de mi patria, entre mis letras
el hechizo derramaron?
Y por último, una muestra de una de las premisas del cristianismo( “el amor al prójimo”), en boca de Santa Teresa de Jesús;
El amor perfecto tiene esta fuerza: que olvidamos nuestro contento para contentar a quienes amamos.
Y de esta manera ubico, con dos Mujeres sabias, como aquellas protagonistas, la preocupación por pensar más allá de lo que se ve y la necesidad de apoyarnos en las lecturas para vislumbrar misterios que ni siquiera imaginamos.

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