George Best, genio y figura

Por Cristian González

George-Best Mujeres

De la ciudad de Belfast surgió uno de los grandes personajes de la historia del fútbol. Conocido con el sobrenombre de “El quinto Beatle”, George Best no dejaba indiferente a nadie, ni en al campo ni fuera de él. Y es que el norirlandés juntaba en su persona un talento extraordinario con la pelota con una afición intensa por el alcohol, la fiesta y las mujeres.

Captado por la red de ojeadores del Manchester United a la temprana edad de 15 años, el club inglés creía haber encontrado a un futbolista diferente, a un genio. Y no se equivocaban, pues con tan solo 17 ya debutó en Old Trafford con los diablos rojos en 1964. Comenzaba la carrera de uno de los mejores jugadores no solo de la historia del club inglés, sino también de la del deporte rey. Durante los 11 años que estuvo en Manchester se mostró como un jugador rapidísimo, una centella, con una facilidad pasmosa para el desborde y con gol. Su forma de regatear era simplemente única y era muy difícil para los defensas rivales pararle. Como dijo en una ocasión un técnico del Manchester City “Parece imposible herirle”. Sin embargo, su periodo en Old Trafford no fue excesivamente fructífero en cuanto en lo que a títulos se refiere, ya que su palmarés refleja únicamente dos ligas inglesas y una Copa de Europa, la de 1968, en la que fue fundamental. Fue sin duda su mejor temporada, y fue reconocido con el Balón de Oro por parte de France Football. Fue el momento cumbre de su carrera. Tras alcanzar el trono continental, ni Best ni el United lograron títulos en las siguientes temporadas. En 1971 logró el Balón de Bronce, por detrás de Cruyff y Mazzola.

Tras su etapa en Manchester, Best vagó sin pena ni gloria por multitud de clubes británicos y alguno norteamericano. El lujo y los excesos ya gobernaban su vida y la pelota había pasado a un segundo plano para él. Su vida personal se había impuesto a la profesional, que ya servía para poco más que para sostener económicamente sus vicios. Un vividor nato que amaba las mujeres y la buena vida y era adicto al alcohol. Muchas fueron los extragavantes episodios que protagonizó el norirlandés. En el año 1968 tras lograr la victoria en la final de la Copa de Europa frente al Benfica, Best tomó un avión y se marchó a Inglaterra con su novia a celebrar la consecución del título con el músico John Lennon y Yoko Ono. En diciembre del año 1972, escapó en plena temporada a una fiesta que se celebraba en Londres y fue suspendido por su club y puesto a la venta pero al final no se marchó. SIn embargo, en 1974, tras faltar a tres entrenamientos del United, el técnico Docherty le dio de baja. Un hombre que no rechazaba nunca una buena juerga y que llegó a tener clubes nocturnos como negocios personales. A los 26 años, su estilo de vida le pasaba factura excesivamente y ya estaba en declive. Un talento que duró 9 años en el firmamento del fútbol mundial. Su amor por las mújeres era uno de sus vicios, si bien este no tiene por qué ser malo ni destructivo si se sabe llevar, además del alcohol y el juego habían dinamitado su carrera.

george-bestArrogante y dotado de un carácter único, ponerle un micrófono delante era oro puro para los periodistas. Son numerosas las salidas de tono de Best que han quedado para la historia. Y es que “The Belfast boy” no ocultaba al gran público su estilo de vida y su excéntrica forma de ser, sino que se enorgullecía de ella. Una actitud que le generó simpatías pero también muchos quebraderos de cabeza con los aficionados ingleses. Un futbolista cuya vida se asemejaba más a la de una estrella del rock que a la de un futbolista. No hay mejor manera de hacerse una idea de cómo era George Best que leer sus propias frases: “En 1969 dejé las mujeres y el alcohol, fueron los peores veinte minutos de mi vida”, “He gastado mucho dinero en mujeres, alcohol y coches. El resto lo he despilfarrado”, “Nunca salía por la mañana con la intención de emborracharme, sólo sucedía” o “Si yo hubiese nacido feo, nunca hubiérais oido hablar de Pelé” fueron algunas de sus perlas en los medios. Cómo en tantas otras ocasiones ha ocurrido en el mundo del fútbol, Best tuvo un talento extraordinario, pero no lo explotó al máximo. A pesar de ello, y sin haber jugado nunca un Mundial debido al ínfimo nivel de la selección de su país, el nombre de George Best siempre tendrá un hueco privilegiado en el Olimpo del fútbol junto al de otros grandes de la historia. Quizá hubiera llegado a ser el mejor de todos ellos con otro estilo de vida, pero lo cierto es que es imposible imaginarse a George Best sin su arrogancia, sin su ego, sin sus líos de faldas y aunque sea triste, sin su adicción al alcohol. Best fue, es y siempre será único. Por por sus habilidades en el campo y por su carácter único. Nunca surgirá un jugador como él. Incluso preguntado por Paul Gascoigne, que posiblemente haya sido el jugador que más se le haya asemejado por estilo de vida, Best dijo: “No me llega ni a los cordones de la botella”.

Fue de las primera superestrellas de la historia de este deporte. Su personalidad cautivaba a muchos aficionados, su aspecto de estrella, su feeling con las cámaras, un hombre con encanto. Los aficionados deseaban verle jugar y hacer virguerías por la banda de Old Trafford. Y es que muchos de ellos veían y admiraban al George futbolista, si bien es imposible separar al jugador del empedernido alcohólico mujeriego. En 2005, a la edad de 59 años Best fallecía en Londres por problemas derivados de su alcoholismo. Su última aparición en los medios, una foto de él postrado en una cama de un hospital acompañada de un escueto mensaje en el News of the World: “Don’t die like me”. Así era Best. Genio y figura, hasta la sepultura.

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