San Fermín, el origen

Por David Pérez Ballesteros

San Fermín 1909

Las fiestas de San Fermín son conocidas en el mundo entero, pero lo que muy pocos conocen es el origen de ellas. La Pamplona medieval del siglo XII y la famosa zona de Navarrería, son las raíces de tan popular y mundialmente conocida fiesta. San Fermín está considerado como el primer obispo de Pamplona, martirizado en la ciudad francesa de Amiens y en cuya conmemoración se celebraba dicha fiesta. Todo ello desde un punto de vista religioso. Desde este lugar del norte de Francia, el obispo Pedro de Artajona trasladó una reliquia del santo en el año 1186, lo que provoca que a partir de ese momento la devoción al santo se vaya consolidando con el tiempo. Dos siglos más tarde, llega a la ciudad otra reliquia, lo que asienta aún más si cabe la fe al santo. En esta época el programa de fiestas era escaso, la mayoría de las celebraciones eran de carácter religioso. Vísperas, procesiones o la conocida “comida de los pobres” que corría a cargo del Ayuntamiento eran sus actos más destacados.

Las ferias de ganado y las corridas de toros, de las que existen documentos desde el siglo XIV, siempre han estado muy ligadas a la fiesta. En un principio ambos acontecimientos tenían lugar cada 10 de octubre. Sin embargo, el mal tiempo que por esas fechas hacía en la capital navarra provocó el cambio de los festejos del santo patrón, siendo trasladados al 7 de julio, coincidiendo con los mercados de ganados. La fiesta de los Sanfermines se celebra por primera vez en 1591. Los pamploneses de esa época disfrutaron durante dos días de los festejos que se celebraron, siendo el comienzo la lectura del pregón bajo el sonido de un gran número de tambores y clarines. La Plaza del Castillo fue el escenario principal de las fiestas, danzas, procesiones y corridas de toros. Los festejos fueron incrementando año tras año con fuegos artificiales y danzas, además de alargarse hasta terminar el día 10 de julio.

La Iglesia no estaba de acuerdo con los cambios que estaban experimentando los festejos en honor a San Fermín, por lo que durante años se opondría a las celebraciones festivas. Decía que el pueblo se preocupaba más por la diversión que por la función religiosa, más propia de estas fechas. En este sentido, intentaron prohibir las mécelas de 1537, festejos típicos de Navarra, de carácter lúdico, donde vecinos de varios pueblos se juntaban en banquetes para jugar y bailar entre otras actividades. Pero los esfuerzos del clero y de las Cortes de Navarra poco pudieron hacer para frenar al pueblo, y eso a pesar de que infringieron todo tipo de penas y castigos para acabar con ello. Finalmente, en 1684, se derogó toda legislación que existía sobre todo este tipo de prohibiciones.

En el siglo XIX, la creación de las actuales figuras que forman la Comparsa de Gigantes y Cabezudos se convertirá en un hito importante de los Sanfermines, que se completará en el siglo siguiente con la incorporación de nuevos cabezudos a la Corte, kilikis y zaldikos. Durante este periodo también fueron muy sonados los peligrosos momentos que se vivieron en los encierros, donde en alguna ocasión el toro conseguía franquear la barrera que delimitaba el recorrido, teniendo trágicas consecuencias cuando esto ocurría. La segunda barrera de protección tiene su origen en estos sucesos ocurridos en los encierros de este siglo.

Durante el siglo XX las fiestas van en aumento, incorporándose nuevos ritos y festejos que acaban convirtiéndose en tradiciones de los Sanfermines. El carlista Ignacio Baleztena incorpora a principios de siglo el “Riau-Riau”. Su objetivo era incordiar a los ediles a su paso por la Calle Mayor. Los años de la posguerra dieron lugar al “chupinazo”, Jokintxo Ilundain y José María Pérez Salazar decidieron dar comienzo a las fiestas con el estallido de un cohete y así dar más alegría y emoción a este momento que hoy es seguido por millones de personas. El encierro y el encierrillo son otros hitos imprescindibles dentro de esta popular fiesta, ya que especialmente el primero hace que sean conocidas en el mundo entero. Con el paso del siglo se han universalizado gracias a su carácter popular, que combina el respeto a la tradición con el espíritu trasgresor del pueblo.

heminghay san fermin

Pero sin duda alguna, fue Ernest Hemingway quien con la publicación de la archiconocida novela “Fiesta” en 1926, dio a conocer a lectores de medio mundo las interioridades de los Sanfermines. Muchos de ellos acuden a las fiestas de Pamplona influidos por las vivencias del premio Nóbel, despertando en ellos un interés por conocer esa magia festiva que cautivó al norteamericano. Es a partir de estos años, y gracias a Hemingway, cuando las fiestas de San Fermín se convierten en unas fiestas universales. La ciudad se queda pequeña para albergar al gran número de visitantes que acuden a ella todos los años cada 7 de julio. Sin embargo, la hospitalidad de los lugareños, el ambiente participativo y sobre todo festivo que se respira en las calles, hace que los de fuera se sientan como en casa y se integren en la magia que envuelve la ciudad durante una semana. Si nunca has visitado Pamplona por San Fermín deberías hacerlo, ya que como dice la canción “no hay en el mundo para divertir como Pamplona por fiestas de San Fermín”.

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