Una olvidada biografía de Foster Wallace

David Foster Wallace Fernando Vicente

Caricatura de David Foster Wallace

Por José M Sánchez Moro

Si yo fuese Dios y tuviese el secreto sustituiría las clases de matemáticas en la escuela por una que dijese algo así como “Biografías de humanos no ilustres y repulsivos”. Al no ser Dios y no tener el secreto lo que sí tendría serían quejas de padres, despidos, embargos, desahucios y una desazón enorme al no poder mostrar a mis alumnos, se convertiría en una frustrada obra moral para mí a partir de ese momento, la reencarnación del diablo en vida o lo que es lo mismo, la biografía de David Foster Wallace.

Foster Wallace era, en sus ratos libres, tenista. Y tenista de los buenos. Si yo fuese Dios y tuviese el secreto podría confirmarles si en las estancias de su casa guardaba como buen cazador cada uno de sus trofeos obtenidos en este deporte. Aunque me temo que no era en sus salas de trofeos donde solía pasar la mayor parte del tiempo, sino en un sótano. Un lugar, el garaje, donde escribió mil doscientas veinte páginas de novela, es “La broma infinita”, y donde entre carpetas azules de manuscrito se ahorcó en Septiembre de 2008, días antes de empezar un nuevo año académico en la universidad donde trabajaba como profesor.

La editorial “Debate” trajo en Septiembre del pasado año un texto, ya olvidado por el público lector con total probabilidad, de D.T Max; una biografía, en la que se incluyen textos inéditos, que nos acerca al día a día de este autor suicida. “Todas las historias de amor son historias de fantasmas” no es una biografía más. En ella se narra el suicidio de un genio dedicado a las artes. Menos vendible que la biografía de Kurt Cobain, algo más que una de Larra. Si deciden sumergirse en su lectura partan antes de una hipótesis: es posible que en la afición solitaria por regodearse en su ego, estas personalidades endemoniadas vean en el suicidio el único vehículo para mitificarse. La autoexigencia y la fuerte autocrítica, dicho de modo más técnico.
“La broma infinita” de Wallace ha creado un grupúsculo de apasionados que dejan en distintas páginas de internet, blogs y otras plataformas, sus experiencias al enfrentarse al reto de las mil doscientas veinte páginas. En la biografía sobre el autor de D.T. Max se relatará con minucia aquellos tres años en que duró la redacción de esta obra. La crítica habla de un Cervantes moderno. Tal vez no sea justo para ninguno de los dos tal comparación, más que nada porque responde a una fórmula más de tasación. Pero sí hay que dejar claro que nos hallamos ante un autor necesario. Yo de Wallace me quedó con el personaje que idealiza su suicidio metiendo la cabeza en un microondas. Ustedes elijan. Shows televisivos, alcoholismo, psicologías traviesas tratados con un humor negro y gran ironía reprobatoria … Hasta tesis sobre el modo de palear de Federer y Nadal dejó escritas; inéditas y recopiladas por D.T. Max en este trabajo biográfico del que vengo hablando, “Todas las historias de amor son historias de fantasmas”.

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