Cuando Letizia Ortiz abandonó a un literato

Por José M Sánchez Moro.

La historia ya ha sido más que reLetipetida. La hoy reina Doña Letizia Ortiz estuvo casada con un escritor de mala nota, licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Extremadura, que ahora escribe en periódicos locales y publica en editoriales menores de la región extremeña, mientras trabaja de profesor de Lengua y Literatura Castellana en un instituto de secundaria. Esto es, como decía iniciando el párrafo, desde hace tiempo territorio colonizado por la opinión pública.

De más difícil acceso será una novela corta que Alonso Guerrero, que es como se llama el susodicho, manda a las imprentas de la Editora Regional de Extremadura en el año 2003. Alonso Guerrero nace en Mérida (Badajoz) en 1962. A la edad de 21 años, en 1983 se da a conocer con Tricotomía. Un año después aparecerá La segunda vida de las gárgolas. Todas ellas narraciones cortas. En 1987, se mueve en distancias más largas y se acerca a la novela con Los años imaginarios. Así, con otros títulos a su haber, llegamos a 2003. El 1 de Diciembre de ese año la Editora Regional de Extremadura termina de imprimir El hombre abreviado. En este libro, Alonso Guerrero, ex marido de la reina Letizia, narra, con llamativas pesquisas autobiográficas, el divorcio del protagonista (es él).

Como toda novela corta, El hombre abreviado de Alonso Guerrero, deja que los personajes se intuyan o presientan (no hay descripciones totales, ni actos reiterados que puedan servir al lector como descripción interpretativa) y son pocos los escenarios de desarrollo de la novela. Un escritor, en pelea con el mundo a causa de una separación matrimonial, que recorre calles céntricas de Madrid, parafraseando a clásicos y bebiendo soles y sombras (que es coñac/brandy mezclado con anís). Acude a su piso, al que era su piso, aquel piso que compartía con su mujer, para firmar el divorcio. Sin un duro y tras esta operación, se va a beber al bar de Malasaña donde la conoció a ella. No sin un trasfondo de noche que no acaba valleinclanesco, arriba a Atocha donde conoce a algunos desgraciados trasnochadores. Morirá, borracho perdido y huyendo de la policía, arrollado por un coche.
En la mujer, que es Letizia Ortiz, se profundiza poco. Vale decir que la narración es un discurrir a marcha forzada del pensamiento y las interpretaciones del escritor, que, además, provienen de influencias expresionistas (referencias a Kafka en las primeras líneas de la novela). En el encuentro que tienen ante el abogado para la firma del divorcio, sí que dejará algunas prendas. Le dice la mujer al abogado: “No sabes lo que es convivir con una garrafa de whisky, con un insomne que ha acabado desarrollando la pasmosa habilidad de cohabitar a espaldas de la vida práctica”.
Muy exagerado e, incluso, gracioso.
-“Los escritores no sabéis amar, amáis como masturbadores.
-¿Te refieres a mí?
-Me refiero a un fondo bibliográfico para el que la palabra hijo es un lamentable cambio horario”.

Escenas de este tipo, muy conseguidas, ayudarán a acrecentar la irrealidad de lo descrito, claramente en compensación con la burbuja en la que vive el protagonista y escritor, que es la misma que le ha acarreado el divorcio.

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