Antonio María Flórez, el médico trasatlántico: “La creación poética es como un parto” (ENTREVISTA)

 

Por José Manuel Sánchez Moro.

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Antonio María Flórez nace en Don Benito (Badajoz, Extremadura) en el año 1959. Hijo de madre española y padre colombiano, es médico cirujano especializado en medicina deportiva y con un Magister en drogodependencias. Ha desempeñado la investigación y la docencia universitaria en la Universidad de Caldas de Manizales y otras varias de Bogotá. También ha realizado incursiones en el ámbito político en Caldas; siendo asesor, además, en el gobierno nacional, en los ministerios de Cultura, Salud y Comunicaciones. Ha colaborado con revistas y periódicos de varios países como articulista y ensayista. Su obra ha aparecido a un lado y otro del Atlántico: títulos en Colombia como Dos voces (1989), en colaboración con Flobert Zapata, o Zoo (Poemillas de amor antiecológico) (1993); y títulos en Extremadura como El bar de las cuatro rosas (1995) o Bajo tus pies la ciudad (2012). Algunos de sus textos han sido traducidos a otras lenguas como el italiano, el francés, el danés, el catalán, el inglés o el portugués.

P: ¿Cómo recuerda su primera visita a Colombia? ¿Qué edad tenía?
R: No la recuerdo porque era muy pequeño. De sólo seis meses mis padres me llevaron a vivir allá. Viajaron en un crucero por el Atlántico, en un barco de bandera italiana llamado Américo Vespuci. Tocó puerto éste en las Canarias, Trinidad y Tobago, Venezuela, Curaçao, Aruba y Cartagena de Indias. Y de allí a Bogotá en avión y de ésta a Marquetalia, en plena cordillera andina, en una tartana renqueante que arribó al pueblo en horas de la noche. Me contaba mi madre que había sido aquélla, una travesía tranquila, que yo casi no lloré y que me dormía al arrullo de los motores del barco y de la brisa que nos impulsaba. Según ella, la disfruté mucho y seguramente mis padres también. Tal vez de ahí me venga esa fascinación que tengo por la literatura del mar y sus asuntos.

P: Una breve descripción de Manizales. Sabemos, tan sólo, que es un “nido de águilas” muy próximo al Nevado del Ruiz.
R: Así es como nombra Adalberto Agudelo a esta reconocida ciudad colombiana, sita en las escarpadas montañas de la cordillera Central andina, tutelada por las cumbres níveas de este volcán nevado, también llamado por los indígenas Cumanday. Se fundó a mediados del siglo XIX por colonos antioqueños, en una de las rutas que conducían de Medellín a Bogotá. En las contiendas civiles que asolaron el país en esa época, creció y se hizo fuerte gracias al emprendimiento de sus gentes y a la inaccesibilidad para sus posibles atacantes. Pujante y poderosa en lo político y lo económico en el siglo XX, sobre todo por el café y sus minas de oro, se destacó por un movimiento literario llamado “grecoquimbayismo”, más alharaca y oratoria desde la tribuna pública que otra cosa, pero que dejó su huella mediática en la prensa y la radio de mediados del siglo pasado. Hoy, el inmovilismo de su clase política y el fraccionamiento de la región en tres entidades departamentales, le ha quitado peso en el concierto nacional y la tienen anclada en lo económico. Es bella, falduda, pudiente, conservadora, culta, tranquila, con vocación universitaria y cuenta, además, con una de las literaturas más boyantes y representativa del país, con nombres ya consagrados como los de Jaime Echeverri, Eduardo García, Carlos Enrique Ruiz, Orlando Mejía, Flóbert Zapata, Adalberto Agudelo, Octavio Escobar, por mencionar sólo algunos.

P: La idea de “Estrechando Círculos”, ¿de dónde viene?
R: Es una vieja aspiración mía que nace de un complejo de ubicación y de identidad nacional. Me explico. Soy hijo de padre colombiano y madre española, criado aquí y allá. Viajero siempre de aquí para allá. De chaval, cuando me preguntaban de dónde era, yo explicaba que era de los dos sitios, porque así me sentía, pero me obligaban a definirme por una de las dos nacionalidades, y eso me angustiaba y me hacía sentir mal. Yo quería ser efectivamente de los dos lugares, y así lo decidí, más allá de lo normativo. Eran los tiempos en los que aún no existía la ley de doble nacionalidad en ninguno de los dos países (beneficio que ahora tengo). Pero me encontré, además, con que mi gente de aquí poco conocía de lo de allá, y al revés. Había que hacer el esfuerzo de ponerlos en contacto para que se conocieran y valoraran mutuamente lo del otro. Y en ese marco es de donde nacen todas mis ideas transfronterizas, trasatlánticas. Yo quería que mis amigos escritores de Caldas se conocieran y fueran valorados en Extremadura, y que los de aquí lo fueran allá. Y basándonos en un proyecto mío anterior que había nacido de la Asociación Colombo-Española de Manizales, que yo había formulado con el apoyo del muy generoso José Antonio Gabriel y Galán, pero que no había cuajado, nos conjuramos desde la distancia Octavio Escobar, Simón Viola y uno, para tratar de revivir aquella vieja idea de conjuntar a mis amigos de ambos lados del océano. Y con la complicidad de Manolo Núñez, nos pusimos a la tarea de armar y desarrollar el proyecto, que tuvo unos resultados estupendos ya que dio como fruto un libro a cara cruz con cuentos de grandes escritores contemporáneos de Caldas y Extremadura y el viaje de algunos de ellos a sus regiones pares, generándose una muy interesante sinergia de apoyos e impulso a las literaturas de estos territorios implicados en el proyecto.

P: ¿Y por qué Estrechando Círculos?
R: Porque quise hacerle un homenaje a ese grupo cultural que habíamos creado varios jóvenes medio locatos de la comarca en el instituto “Luis Chamizo”, y que Paco Señor había bautizado con el nombre dadaísta de El Círculo Cuadrado (así se tituló, años después mi primer libro). A él estuvieron vinculados también María Rosa Vicente Olivas y Javier Alberto Martínez.

P: Extremadura, como bien advierte Simón Viola en el prólogo de los cuentos extremeños de ese libro, es una región “aislada y mal comunicada” mientras que Octavio Escobar señala en su prólogo a los cuentos caldenses que Caldas es el meridiano cultural de Colombia. Viendo esto, Extremadura no jugaría en España el mismo papel que el departamento de Caldas en Colombia, ¿no?
R: Simón Viola se hacía eco, en aquel momento en que nacía el proyecto de Estrechando Círculos, de una situación que hasta entonces era patética, la marginalidad sociopolítica y cultural de Extremadura; realidad que hoy ya no es, por fortuna y gracias, entre otras cosas, a los efectos positivos que en esta tierra generó la Democracia. No es comparable con lo de Caldas, por razones geográficas, históricas y socioeconómicas. Aquella región es central, poco dispersa, muy rica e influyente en la política nacional desde siempre. De hecho, uno de los candidatos a la presidencia 2014, era un caldense; el líder negociador institucional de las conversaciones de paz en La Habana también es de allí y algún ministro del nuevo gobierno será de aquella región, por poner sólo algún ejemplo.

P: ¿Qué otras fórmulas se han llevado a cabo para conjugar, no sólo la literatura, sino la cultura y la tradición en general española con la colombiana?
R: Muchas, muchas. Dentro de las que uno ha liderado, propiciado o participado, podría mencionar: La creación y dirección de la Asociación Colombo-Española de Manizales, la Semana de España de Manizales, el cine club “Luis Buñuel”, la revista Aurocarbónica, todas estas en Colombia. Y aquí en España, también bastantes: el proyecto Estrechando Círculos ya mencionado, el Encuentro Medellín-Barcelona 2006, el Encuentro de Escritores Colombianos en Cataluña en Barcelona con Casa Amèrica de Cataluña y la Fundación Santillana, el evento Miradas. Arte y violencia en Colombia con la U. de Barcelona, el especial de literatura colombiana actual con la revista En Sentido Figurado, la colección Letras Americanas de la ERE, Transmutaciones con la ERE y Luis Sáez, Noticias del paraíso con Vberitas y Ventana abierta, actividades en bibliotecas y colegios de literatura colombiana, uf, un montón…

P: En una entrevista a Álvaro Valverde en la misma Rick’s Magazine reconocía que, en su periodo como editor, decidió, al igual que había abierto una línea de edición con Portugal, abrir una con Colombia. Usted, “bien informado”, le sugería nombres, ¿cuáles fueron?
R: Letras Americanas fue una idea muy ambiciosa que yo le propuse a Álvaro Valverde cuando era director de la ERE. Una idea, valga decir, que los dos teníamos en la cabeza y que fue madurando en cada uno paralelamente. Si existía una línea portuguesa, debería existir una línea ultramarina, pensaba Álvaro, que ya tenía contacto frecuente y cercano con escritores hispanoamericanos desde hacía muchos años, como el guatemalteco Luis Eduardo Rivera, por ejemplo. Era lógico y esperable que en algún momento tenía que cuajar un proyecto como éste, por las relaciones históricas de Extremadura con América. Y cuajó en buena hora por la sabia intuición de Álvaro y su buen hacer editorial, que además supo seguir estupendamente su sucesor Luis Sáez.
¡Ay!, pero es una lástima que no la hayan continuado, por esas cosas de la crisis y por los recortes subvenidos. Y yo no sé si también por voluntad política del actual gobierno de Extremadura, que si es así, sería lamentable. La cultura es, y siempre será, nuestro mejor avío, el mejor embajador de Extremadura al otro lado del charco. Y ya se sabe el buen nombre que da y cuán rentable es el uso subsidiario de la cultura en la economía.

P: Hasta dónde se extendía aquel proyecto, aquella idea… 
R: La idea propuesta era que se publicaran inicialmente autores de los países que tuvieran una mayor tradición en sus relaciones históricas con Extremadura: México, Perú, Chile, Colombia, Cuba, Venezuela, Ecuador, por ejemplo. Serían anualmente tres o cuatro libros en la colección a crear, de autores reconocidos y contrastados en sus países, pero poco conocidos en España, y no vinculados, por otra parte, a las grandes editoriales comerciales. Dado mi conocimiento y cercanía con la literatura de aquellos países, cuando tocamos el tema, le propuse a Álvaro que empezáramos con Colombia, por razones lógicas. Y así fue como yo le serví de puente a él para entrar en contacto con escritores de aquel país que cumplieran con esas características. Yo les explicaba a ellos el proyecto, la seriedad y alcance del mismo y los invitaba a que le enviaran al director de la Editora su currículum y la propuesta de libro a publicar que, de todas maneras, debería pasar por el muy exigente filtro del comité evaluador de la entidad. Varios premios nacionales de literatura de Colombia se apuntaron a la idea como Orlando Mejía, Octavio Escobar, Adalberto Agudelo o Jaime Echeverri. Algunos de los que no creyeron, después de publicados los dos primeros libros y ver la pulcritud y calidad editorial de la colección, lamentaron profundamente no haber aceptado la invitación.

P: ¿Y cómo fue lo de Transmutaciones?
R: Luis Sáez, relevo de Valverde en la Editora, supo valorar en su justa dimensión el proyecto y decidió seguir con él, a pesar de los recortes que ya se avecinaban. Propuso que nos metiéramos con una antología de literatura colombiana contemporánea, pero no al uso, ya que esta se la jugaría con un autor por género: novela, cuento, novela corta, ensayo y poesía. Hecha esta selección, vio que era necesaria una nota introductoria, me propuso que la hiciera yo por claras razones, y lo que iba a ser sólo un par de páginas de contextualización del proyecto, terminó siendo todo un ensayo sobre la literatura actual de aquel país. Lo de Transmutaciones fue un grandísimo acierto. El libro tuvo bastante éxito, llegando a ser considerado por el Portal del Instituto Cervantes como el libro de la Semana, se presentó en un montón de sitios de España y Colombia, incluida Casa América y la Feria Internacional del Libro de Bogotá y La Vanguardia de Barcelona dijo de él en octubre de 2010 que “Transmutaciones es la más importante muestra sobre la literatura colombiana actual publicada en libro en los últimos años en España y confirma la valía de una generación de escritores claramente posicionados en la vanguardia de la literatura patria desde hace algunos años y los consagra internacionalmente”.
Uno hubiera querido seguir con Venezuela, Ecuador, Perú y México, ya que había iniciado contacto con gentes de esos países, pero… hasta ahí llegó la cosa. Hubo cambio de gobierno y cambio de políticas, y ya está. Adiós a ese maravilloso proyecto.

P: De Adalberto Agudelo Duque dicen que es un viejo cascarrabias, que gana premios locales y que no lo lee nadie. ¿Es así o su influencia en Colombia es mayor?
R: Agudelo es uno de los cuentistas colombianos más importantes de las últimas décadas. No en vano su libro Variaciones fue Premio Nacional de Cuento del Ministerio de Cultura a principios de los noventa y ha ganado otros de menor entidad en el país y el extranjero. Adalberto de cascarrabias tiene poco, al menos con los amigos. No se imagina lo divertido que es pasar una tarde con él tomando ron Viejo de Caldas en una de esas cafeterías tan típicas de la Avenida Santander de Manizales. Eso sí, no traga entero y es inquisitivo, incómodo para los que detentan el poder y abusan de él. No sé cuánto lo lean en la actualidad, pero no hace mucho ha ganado el Premio Nacional de Novela Ciudad de Bogotá con una estupenda obra titulada Pelota de trapo, de lenguaje exquisito, que habla de su vigencia como narrador. De todas maneras no se debe confundir buen escritor con tribuno mediático.

P: Hace algunas semanas Álvaro Valverde tenía palabras muy duras para la actual situación de la Editora Regional de Extremadura, en tanto que la que fuera casa de Landero, Javier Cercas o Bayal, estaba en un estado lamentable… ¿A quién mirar o a quién culpar?
R: Suscribo las palabras de Valverde casi en su totalidad. La pregunta que uno se haría es, ¿hay una política cultural coherente, firme y motivada en Extremadura en la actualidad? ¿Se puede hacer cultura con esos recortes económicos y de medios tan bárbaros que se han hecho? Dudo que un director sin recursos pueda hacer mucha cosa. Me parece que hay más pantalla que acción efectiva de parte de este Gobierno y que sus prioridades no van precisamente enfocados a lograr o mantener siquiera un decente Estado de Bienestar donde la educación y la cultura, aparte de la sanidad, sean parte efectiva de la acción gubernamental.

P: ¿En qué punto se encuentra el conflicto colombiano? Las FARC mantienen el alto al fuego…
R: Hace un par de años se iniciaron conversaciones de paz en La Habana (Cuba) que, al parecer, van por buen camino. Santos, el presidente reelegido, cifró su victoria electoral precisamente en la esperanza que tiene la población colombiana de que este proceso triunfe. Ya veremos en qué acaba la cosa. Ojalá sea algo positivo, aunque tiene uno sus reticencias.

P: Este conflicto inspiró Desplazados del paraíso. Sin embargo no es un libro de denuncia política, tan sólo se acerca a las consecuencias sociales del conflicto.
R: Desplazados, al igual que Corazón de piedra y En las fronteras del miedo, es un libro de carácter cívico, de compromiso con la humanidad y con los menos favorecidos. Nace de mi fervor por el Hombre y de mi dolor por la injusticia. He vivido la violencia colombiana de primera mano, desde mi más tierna infancia, y he querido dejar testimonio de sus consecuencias, haciendo un llamado a todos para que cese este estado de cosas y para que tratemos a los demás con respeto, para que abramos las puertas de nuestra casa, nuestro corazón, con generosidad. Es un libro de dignidad.

P: Por un poema incluido en este libro a usted se le tacha de machista. Describe a la mujer en mil facetas y variantes distintas…

Mujer: Es igual pero distinta al otro sexo, sobre todo en lo que le interesa. También es llamada ama, amante, amazona, arpía, bachillera, beldad, bruja, callonca, chagorra, chirusa, chuquisa, colipoterra, comadre, concubina, costilla, cuija, dalaga, doncella, dueña, fulana, gacela, guaricha, hembra, hurí, jamona, lechuza, ligera, lolita, madre, maja, Maruja, matrona, ménade, odalisca, pécora, pindonga, piruja, prostituta, puta, señora, señorita, tarasca, tigresa, tití, vampiresa, varona, Venus, virago” Es este el poema. 

R: Desplazados del paraíso es la historia de una pareja de enamorados que se ve obligada a huir de su pueblo en razón de la violencia. Por el camino se encuentran con la muerte y la soslayan. Creen que la ciudad es el paraíso sustituto y a ella llegan con esa esperanza, pero pronto descubren que no es así y que para sobrevivir tienen que delinquir, prostituirse, denigrarse. Esto afecta su relación y el amor, que era lo que los mantenía unidos, se deteriora y prácticamente finiquita. ¿Y si el amor se acaba?, ¿qué queda? Así de simple es la historia. Pero es la historia que viven y han vivido centenares de miles de personas en aquel país y en otras partes del mundo, porque el desplazamiento es un fenómeno universal y de vieja data muy difícil de afrontar y erradicar.

Así pues, si se lee el poema aisladamente, descontextualizado de la historia a la que pertenece, pues puede tener un montón de interpretaciones ajenas a la voluntad de su autor. Y este es un poema marginal, juguetón, teatral, que rompe el discurso narrativo del libro, que agrede y genera reacciones encontradas en quien lo lee y más en quien lo escucha. Y bueno, de eso se trataba también, de provocar para pensar.
De machista no tiene nada, en mi opinión, pero es necesario respetar al auditorio, lo que siente. La vaina nace de una lectura que hice en un encuentro de escritores colombo-venezolano celebrado en Cúcuta al que me invitaron en 2004. Leí ese único poema en un acto colectivo y un grupo de mujeres patriotas se indignó por lo que entendían como una prueba más de machismo insultante. Incluso una de ellas escribió un artículo bastante agresivo en un periódico de aquel país. Todo terminó cuando tuvieron oportunidad de leer el libro entero. Nada que ver con lo que pensaban ¡Ahhhh!

P: ¿Cómo concibe la creación poética? En algunos pasajes es deliberadamente narrativo y prosaico (como ese al que aludíamos) y en otros es más rítmico, como en algunos poemas de Bajo tus pies la ciudad (“la miro, miro, me ve, me ve”).
R: Como un parto, diría uno usando una expresión muy médica.
Pienso que la poesía también puede “contar”, tener elementos narrativos, pero sin perder la esencia de lo que es, la musicalidad, el ritmo. Ha admirado uno mucho a la Beat Generation americana y esa manera tan suya de Allen Ginsberg, de Ferlingetti, de construir el poema basado en el ritmo respiratorio también me ha marcado bastante.

P: Andaba siempre Carlos Barral con un poemita de tres versos estampado en un papelillo rugoso y guardado en el bolsillo de la chaqueta tres meses. Dándole vueltas. ¿Por qué se caracterizan los procesos creativos de Antonio María Flórez?
R: Primero el arrobamiento, la emoción, la idea que se plasma en el papel, y luego el trabajo, darle vueltas y vueltas; correcciones van y vienen, hasta que quede algo que me diga que ya o que ya casi.

P: Narrativa poca. Sí recuerdo El arte de escandalizar, una biografía de Dalí publicada en Colombia. Y La abuela… Esta novelita corta fue finalista del Premio “Felipe Trigo”, ¿no es así?
R: ¡Qué va!, ¡qué va! Narrativa bastante, desde siempre, pero especialmente los últimos años. Otra cosa es que no haya casi publicado, pero ahí tenemos alguna que otra obra acabada y otras en marcha. Efectivamente, esa novelita fue finalista del Felipe Trigo en 1997, y alguna más… Y hay, por aparte, dos becas a la creación de la Junta de Extremadura en Novela.
Curiosamente esa biografía de Dalí que menciona es mi libro más vendido, ¡por goleada! Yo no sé cuántas reediciones lleva ya Panamericana del mismo.
A veces no depende de uno que se publiquen los libros que uno quisiera. La poesía es la que me ha dado más premios, más prestigio, por así decirlo, y quizás por eso me resulte más fácil publicar en este género.

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