MARTÍN FIERRO HUBIERA LLEVADO EL DORSAL “10”

Por: José M. Sánchez Moro

ks

Homero, del que no sabemos si existió o no, hace miles de años, tuvo tiempo para inmortalizar las hazañas de guerreros que, desde ese mismo momento en el que sus nombres quedaban estampados en pergaminos, pasaban a ser leyendas. Más tarde, en el medievo y por influencia de este Homero, de las cruzadas contra los moros un juglar iba de pueblo en pueblo musicalizando versos que las gentes aprendían de corrido vitoreando a sus héroes, caso de las gestas de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid. Siempre derrotados y vencidos, artimañas, trampas, deshonra y orgullo. En el imaginario colectivo pervivían héroes que se sublimaban y, por horas, días o semanas, hacían de la existencia una carga más llevadera. Algo así debieron sospechar Tito en la antigua Yugoslavia o Videla en la Argentina del 78. La propaganda no escatimaba en propinas y el país se paralizaba por completo en caso de que el combinado nacional disputase partido de competición. Olvidaba, quizá, Videla que, la entonces estrella argentina, Mario Alberto Kempes ya tenía, como los héroes de Homero, juglar y titiritero, acompañado de vigüela en su caso, que lo cantase.
“El Matador”, Mario Alberto Kempes, tenía, además, otro sobrenombre: “el guaso”. Si el primer apodo hacía referencia a su demarcación en el campo, el segundo aunque proveniente de Chile y aplicado a un argentino, miraba a su parentesco u origen racial. En Argentina, los términos Gaucho y en Chile Guaso nombran de igual manera a una de las etnias o razas más castigadas en la historia de Sudamérica. Más característicos de Argentina, particularmente de La Pampa y Río de la Plata, constituyeron un grupo poblacional dedicado, en esencia, a la agricultura y a la ganadería, llegando a ser expertos domadores de caballos. Con la expansión de Buenos Aires, muchos de estos gauchos, con falsas promesas, fueron reclutados para trabajos forzosos, cayendo en la desobediencia y teniendo como castigo la mala suerte de ser deportados a las fronteras. Allí, malvivían en condiciones de mendicidad y declarada rebeldía. En condiciones precarias de vida, sólo les quedaban la picaresca y los trucos amorales para sobrevivir entre tanta hostilidad. Poco a poco estos gauchos se convirtieron en personajes populares en el imaginario colectivo. Su salto a la literatura tendrá lugar por primera vez de la mano de un clérigo que en la fiesta de cumpleaños de un virrey añadirá canciones a la manera gauchesca (campestre). Muchos autores cultos, aun siendo la cultura del gaucho arraigada al tradicionalismo y el ruralismo, se acercarán a ellos (Estalisnao del Campo o Bartolomé Hidalgo que popularizó al gaucho Santos Vega). No faltando detractores, caso de Sarmiento o Echeverría que en “La cantina” los demoniza, el apogeo de la literatura gauchesca, la recopilación de su vida, cultura y tradiciones, vendrá con José Hernández y su obra “El gaucho Martín Fierro”. Dedicado al periodismo, José Hernández, denunció continuamente las condiciones de vida de los gauchos. La idea de componer el Martín Fierro brotó con su exilio a Montevideo en tiempos de gobierno de Sarmiento. La obra, rebelde ya desde el lenguaje con arcaísmo y ruralismo, no exenta de burla y sucesos graciosos, reivindicará la figura del gaucho y combatirá el exterminio que contra ellos se sigue. Tuvo una gran polémica y precipitó un cambio de gobierno.

“ Yo soy toro en mi rodeo
Y torazo en rodeo ajeno;
Siempre me tuve por güeno
Y si me quieren probar,
Salgan otros a cantar
Y veremos quién es menos “

Algunos versos del Martín Fierro son aclarativos de la condición chulesca y arrabalero de estas poblaciones.

No me hago al lao de la güeya
Aunque vengan degollando,
Con los blandos yo soy blando
Y soy duro con los duros,
Y ninguno en un apuro
Me ha visto andar titubeando”.

Durante todo el libro, Martín Fierro se verá abocado a obstáculos a los que se sobrepondrá con picardía y gran coraje. Muy cercanos a algunos lances futbolísticos de la historia de Argentina en los mundiales que reproducimos aquí, remarcando el paralelismo entre el carácter de los jugadores y el evidenciado en toda la obra de José Hernández.

A menudo, se ha emparejado el fútbol argentino con la picaresca y las malas formas. Ese fútbol guarro, que nada tiene que ver con el concepto del catenazzo italiano. Se tratan de jugadas puntuales que, sostenidas por el esto es fútbol o en el fútbol todo vale, han hecho visible la idea barrial que los gauchos tienen del deporte rey. Ya de por sí el mundial del 78 fue un mundial extraño. El único, junto al de la era de Mussolini, que se celebraba en un país dominado por una dictadura. Videla, el entonces dictador, no se cohibió en dejarlo todo diseñado para que el seleccionado nacional y anfitrión, la Argentina de Mario Alberto Kempes, saliese ganador. Cambios bruscos de horarios de modo que, analizando los resultados de otros partidos y las futuribles diferencias de goles, Argentina se midiese a uno u otro rival. Bien llamado Mundial de la paranoia, nos dejó en el primer partido del grupo B de la segunda fase uno de los hechos más impactantes de la historia de los mundiales. Argentina se medía a una potente Polonia que llegaba como tercera del anterior mundial (Alemania 74). Kempes10Kempes de un remate de cabeza hizo el primero para los argentinos. Estaba terminando la primera parte, veinte minutos después del gol argentino, cuando una internada de Polonia por la banda izquierda acaba en falta. El centro sobrepasa al portero, Fillol, que, descolocado y sobrepasado perdiendo la posición en el segundo palo, ve como el toque de Deyna, el capitán polaco, habilita a puerta vacía a Grzegorz Lato para con un remate de cabeza poder hacer el empate. Kempes, que había bajado a defender la falta, aparece en la misma línea de gol para realizar un paradón que evitó el gol polaco. No hubo expulsión, pues, por entonces, aquello no lo era, y sí penalti. Chuta Deyna que marró la ocasión. Esta jugada, así como los cambios de horarios ya referidos o el polémico 6-0 que Argentina le endosa a Perú con Quiroga, nacido en Rosario (Argentina), de portero, constituirán los hechos principales de aquel primer mundial de Argentina. Casi un calco a esta jugada, acontecerá en Sudáfrica 2010. Cuartos de final: Uruguay-Ghana. Un 0-0 reinante durante todo el partido. En el descuento, una falta, esta vez en el costado derecho, a favor de Ghana provoca en el área un enredo que acaba con un jugador Ghanés rematando de cabeza a puerta vacía para, por primera vez en la historia, meter a un combinado africano en semifinales de un mundial. Luis Suárez, el delantero que pasará a la historia por ser uno de los máximos goleadores de Uruguay y por sus mordiscos a jugadores, realiza una parada con las manos. Evita el gol Ghanés. Esta vez sí es expulsado. Antes, Fucile, quien se encontraba en la línea de gol junto a Suárez en el momento en que el delantero saca el balón con las manos, intenta, más barrialmente incluso que la jugada de su compañero, despistar al árbitro diciendo que ha sido él quien ha parado la pelota con las manos y, en consecuencia, el que debería ser expulsado. El desenlace es que Niang, el delantero ghanés, lanza el penalti al larguero y, tras la prórroga, son eliminados del mundial en las tandas de penaltis, postergando el maleficio africano de cara a colarse en unas semifinales de un mundial de fútbol.
La publicación de “El Gaucho Martín Fierro” se produce en un momento de intenso revuelo cultural en Argentina en particular y, en Sudamérica, en general. Se ha empezado a filtrar la idea de que hay que, como se consiguió la independencia política, obtener la independencia total en literatura. En Argentina, dos intelectuales pelean por ello. Son Sarmiento y Ernesto de Echeverría. El primero con aquella dicotomía que sembró con su “civilización o barbarie” y el segundo combatiendo férreamente contra el ruralismo, tal y como se manifiesta en su cuento, el que fuera primer cuento de la historia de Argentina, “El matadero”. Les ayudaría un gramático y catedrático chileno, Andrés Bello, que en las aulas inyectaría el miedo y la necesidad del rechazo a los patrones europeos. Los esfuerzos, no obstante, serían en balde. Y lo serían por su marcado elitismo, el miso elitismo que les llevaba a aborrecer que “El gaucho Martín Fierro” tuviera una distribución que casi duplicaba a la de sus libros. Los personajes campestres se imponían en el imaginario colectivo que desoía sus obras didácticas y civilizadoras.
22 de Junio de 1986. Estadio Azteca. El combinado del país gaucho se medía a la potente y candidata al título, Inglaterra. Se presagiaban incidentes entre las dos aficiones, pues años antes los ingleses habían hecho suya unas islas, “Las Malvinas”, que habían traído consigo una guerra imperialista con elevado número de muertes.Maradona Pocos apostaban por la Argentina de Maradona y Bilardo, que había recibido críticas hasta del seleccionador del 78, Menotti, y que partía en inferioridad a los ingleses. Sin embargo, el crack del fútbol mundial se encontraba en las filas de los gauchos. El partido no se decantaba de un lado ni del otro e igualado el combate llega al descanso. Tras este, en el minuto seis de la reanudación, Maradona salva la segunda línea defensiva inglesa y se planta ante los dos centrales. Echa el balón a Valdano que, pese a controlarlo, lo pierde ante el defensa Hogde. El balón, con desgracia para los ingleses, sigue una extraña trayectoria hacia atrás en vez del efecto deseado por el defensa al despejarlo, quedando a la altura del punto de penalty para que lo peleen el portero británico y Maradona, que, habiendo leído con pillería la jugada, acude al salto. Lo que viene después todo el mundo lo sabe. “El Diego”, ayudado por la mano hace un gol, ilegal, que sube al marcador. Es el 1-0. Maradona, aprovecha la confusión y la inacción del árbitro, para celebrar el tanto. Junto a él todos sus compañeros. Otro gesto, sucio y tramposo, vendrá en los octavos del mundial de Italia 90. Brasil-Argentina. A diez minutos del final un gol del argentino Caniggia, clasifica a los gauchos. Antes, tal y como reconocería Branco (jugador de Brasil) “bebí y me sentí mareado”, los argentinos vertieron narcóticos en las botellas de agua de los brasileños. Existe una gran rumorología acerca de este episodio, ya que los mismos protagonistas se encargaron de agrandarla. Así Bilardo, el entonces entrenador de la selección argentina, respondió “en el fútbol todo vale, Branco” al propio Branco cuando este le pidió explicaciones. Igualmente Maradona, con regocijo y malicia, declaró “yo sólo dije: bebe, Branco, tú bebe”.

Anuncios