La delgada línea que separa lo erótico de lo pornográfico (I): La vida de Adele

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Por: Diego Rodríguez Sánchez

Muchas veces en el cine aparecen películas que nos hacen preguntarnos dónde se establece la línea entre lo erótico y lo porno. ¿Si aparecen escenas de sexo explícito se trata de porno? ¿Nos atreveríamos a decirle a Nagisa Oshima que es un director de pornografía por su película El imperio de los sentidos?

No sólo en el cine surge este dilema. Es muy reciente el boom que pegó en la literatura, de carácter estrictamente comercial, la serie de libros de Cincuenta sombras de Gray que impulsó la literatura erótica haciendo que estrellas del porno como Sasha Gray se sentaran en frente de una máquina de escribir (lo sé, soy un romántico). ¿Se trata de una literatura porno?

Tras haber leído un poco sobre el tema, parece que la distinción más clara es que lo pornográfico muestra el contenido explícito, y lo que no es pornográfico deja que la imaginación rellene las escenas que la cámara no capta. Pero me niego a pensar que esto sea tan fácil de clasificar y me he dado cuenta que la verdadera diferencia radica en que, mientras lo pornográfico usa cualquier excusa para incluir escenas de sexo, lo erótico plantea temas de mayor profundidad y las escenas de sexo están ahí porque al espectador no hay que ocultarle nada.

La primera vez que apareció un beso en pantalla fue en la época del cine mudo y se consideró erótico porque escandalizó. Hoy en día un beso en una película no escandaliza y el cine erótico empuja un poco más allá la línea para rozar siempre el escándalo. Quizás, las escenas de sexo explícito que tanto llaman la atención en ésta época, dentro de unos años pasarán desapercibidas y se considerarán corrientes y las generaciones futuras pensaran en nosotros como unas personas con una mentalidad muy cerrada que se escandaliza por cualquier cosa.

Con el fin de naturalizar este tipo de cine y mostrar lo que se esconde más allá de simples escenas pornográficas, voy a escribir una serie de artículos analizando la variedad de temas, la forma de abordarlos y las cuestiones que plantean una serie de películas que rozan esa delgada línea de la que venimos hablando.

 

La vida de Adele

La vida de Adele se trata de una película francesa estrenada en el año 2013, dirigida por Abdellatif Kechiche. Consiste en una adaptación de la novela gráfica (o cómic, como se prefiera llamar) del autor Julie Maroh. Busca explorar la complejidad de uno de los sentimientos más sinceros y recurrentes: el amor.

Ambientada en una Francia multicultural envidiable, pero a la que todavía le queda bastante por mejorar, la película trata sobre una joven que explora su sexualidad tanto con hombres como con mujeres. Aunque la joven Adele muestra claras tendencias lésbicas, el guión no intenta crear una clasificación exacta ya que también tiene relaciones con el sexo opuesto, sino que busca destacar que cuando te enamoras de alguien, no te enamoras de un sexo determinado sino de una persona concreta. Y si la protagonista y la coprotagonista son mujeres parece ser que es porque, aceptémoslo, aunque los hombres tengamos una libido mucho más potente que las mujeres, éstas tienen una sexualidad mucho más compleja y fascinante que la nuestra.

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Condicionamiento social

Desde el principio de la película se puede ver como Adele se encuentra sometida a una gran presión. Desde niños, en la escuela, en la literatura que se lee, en el cine que se ve y en la sociedad de la que se es parte, hay una tendencia, quizás involuntaria (o no, no me quiero meter ahí), a mostrar que los hombres tienen que emparejarse con las mujeres y las mujeres con los hombres, haciendo que cualquiera que sienta que su cuerpo tenga unas necesidades diferentes a las establecidas, sea una desviación y no otro camino.

Así le pasa a Adele, que se siente fuera de lugar cuando sus amigas hablan de chicos y cuando se acuesta con uno de su instituto, prácticamente debido a la presión grupal, siente que está fingiendo, que está enferma porque no le gusta lo que le “debe” gustar. Si en la literatura lee las declaraciones de amor de Romeo a Julieta, si Disney lo único que le enseña es a príncipes azules y princesas y si sus amigas sólo hablan de lo bueno que está este o ese chico, cómo no va a sentirse enferma cuando ve que nada de eso le llama la atención.

Tras esta situación de cierta represión, lo que haría cualquier ser humano sería el movimiento natural de buscar la libertad. Lo cual, para Adele consiste en aceptar su atracción por las mujeres y luchar contra los problemas sociales que ello conlleva.

 

Marco filosófico de la libertad

 En una conversación que tienen Adele y Emma (la chica con la que experimenta su sexualidad) se ponen a hablar de filosofía y Emma dice que le gusta Sarte por el pensamiento que plantea. A partir de este momento se puede ver como la película está situada en el marco filosófico de Sartre.

El filósofo francés asumía la muerte de Dios de Nietzsche y aseguraba que ésta creaba un desamparo metafísico que permite que el ser humano se mueva hacia la libertad. No porque Dios fuera algo contrario a la libertad, ni mucho menos, sino porque el pensamiento anterior a Nietzsche dictaba que debido a que Dios crea al ser humano, la esencia precede a la existencia, pero al morir Dios, el hombre primero existe y luego se define a través de la libertad.

Para los homosexuales (y para muchas otras personas, no se me malinterprete) este pensamiento resuelve muchas claves ya que si se acepta la libertad como forma de crear el yo de un ser humano, entonces se niega cualquier tipo de determinismo y se hace al ser humano responsable de todo lo que le rodea, hasta responsable de elegir sus propios valores.

Paradójicamente. Esta forma de pensamiento invita a la acción tras aceptar la resignación. Es decir, la muerte de Dios nos impone la libertad; no somos libres para decidir si queremos ser libres o no, pero a partir de ahí somos libres para determinar qué queremos ser, para construir nuestro yo.

Cuando Emma le explica algo similar a Adele, parece que ésta no se entera, quizás porque le falta madurez, pero lo que sí entiende es esa invitación a la acción y por eso compara esa parte del pensamiento de Sartre con la canción Get up, stand up de Bob Marley que incita a lo mismo.

Entonces se entiende que la película entera intenta transmitir ese espíritu de lucha personal por ser quien se quiere ser sin atender a otros criterios que los propios. Todos deberíamos aspirar a eso.

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La experimentación y la orientación

Existe una tendencia retrograda a criticar a los homosexuales como viciosos. Es decir, a ti te gusta el sexo opuesto como a todos, pero estás tan salido que te vale lo que sea. Sin explicar ya más sobre ese tipo de comentarios, porque no lo merecen, la película planteó una diferencia entre experimentación y orientación. Aunque el personaje de Adele se presenta muy difícil de clasificar, tanto yo como las otras personas con las que he hablado de ella la etiquetaríamos como lesbiana, aunque practica sexo con hombres y mujeres. Pero, no clasificaríamos como lesbiana a una compañera suya que le da un beso en el baño.

¿Por qué? Porque creo que hay una clara distinción entre la experimentación de su sexualidad que pueden llevar a cabo algunos personajes, y la verdadera orientación sexual. He hablado muchas veces con homosexuales, tanto lesbianas como gays, sobre este tema y la mayoría habían tenido ya relaciones con personas del sexo opuesto, o al menos pensaban en tenerlas para probar. Eso sería experimentación. Y luego la orientación es como cada uno se siente. Por eso creemos que Adele es lesbiana, porque aunque se acueste con hombres, sabemos que su verdadero amor es Emma.

Pero al intentar clasificar algo tan complejo como el amor o la representación que tiene en el sexo, nos estaríamos equivocando si tachamos a Adele de lesbiana. La clave viene cuando la protagonista va por primera vez a una discoteca gay y un hombre que anda por ahí la ve confundida por todo lo que está aconteciendo a su alrededor y le dice: “El amor no tiene género, elige a quien te quiera. Qué más da”. Es cuando pensamos en esto cuando nos damos cuenta de que intentar reducirlo todo a experimentación o a orientación es absurdo y que lo que de verdad plantea la película no es mostrar a un personaje al que le gustan los hombres o las mujeres sino mostrar a un personaje que se enamora de una persona, sin importar su género.

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Tópicos, tópicos y más tópicos

Por último, para dejar ya de hablar de la vida de Adele y dedicarnos a otras cosas, me pareció interesante y fundamental tratar ciertos tópicos. En primer lugar el de siempre, la amistad entre sexos atrayentes (sean diferentes o el mismo). A Adele le costó más de un problema que sus amigas se enteraran que tenía relaciones con otra chica porque ya todas pensaban que quería acostarse con ellas. Pasa mucho en la sociedad también.

Yo no sé si un hombre al que le gusten las chicas puede o no puede tener amigas sin una tensión sexual de por medio. Bueno, sí lo se pero no me apetece desviarme del tema. Pero si tomamos las palabras del hombre en la discoteca, que hay que enamorarse de una persona, seguramente puedas tener un amigo o amiga homosexual sin preocuparte de que a la primera de cambio te intente follar. Esto sí que no sé, quizás cada persona lo vea de una manera diferente pero me pareció interesante el planteamiento que aparece en la película.

Otro tópico que aparece y quizás de una manera más chapuza es el de que en una pareja homosexual siempre hay uno que hace de hombre y otro de mujer. Se dice que en las parejas homosexuales una persona asume los roles que tradicionalmente han desempeñado las mujeres y la otra persona los roles que tradicionalmente han desempeñado los hombres. En esta película caen de lleno en esto. Primero en la forma de ser de los personajes, Adele desprende una sensualidad mucho más femenina mientras que Emma por el corte de pelo y por la actitud que tiene parece más masculina. Además de que en la vida doméstica es Emma la que tiene el trabajo aparentemente más importante, la dueña de la casa y Adele la que cocina. No se si lo hicieron a propósito pero yo en las parejas homosexuales que he conocido, y son bastantes, nunca he visto tal distinción y me parece un fallo muy burdo caer en ello.

Excepto por este detalle, el resto de la película plantea una serie de temas muy interesantes y complejos en los que merece la pena pararse a pensar.  

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