JAVIER MORALES, EL BREVE: “LA BUENA LITERATURA SIEMPRE HA SIDO COSA DE UNAS MINORÍAS” (ENTREVISTA)

Javier 09

Foto de Sole González

Por:  José M. Sánchez Moro.

Ser intelectual en los tiempos del cólera. Bien se podría hablar de Javier Morales en estos términos. Periodista y escritor, nace en Plasencia en 1968. Cursa estudios de periodismo y derecho en Madrid donde actualmente reside. Su incursión en la literatura vino de la mano de la Editora Regional de Extremadura, donde aparecieron “La despedida” y “Lisboa” (dos libros de relatos). En “Huerga y Fierro Ediciones”, la que también fuera casa del poeta Leopoldo María Panero, años después, Javier Morales, con “Pequeñas biografías por encargo”, se acerca a la novela. Acaba de publicar un nuevo libro de relatos “Ocho cuentos y medio” en la editorial Baile del Sol. Colaborador con distintos diarios y suplementos, imparte talleres de narrativa en La Librería Rafael Alberti (Barrio de Argüelles, Madrid).

Aldecoa o, recuerdo, Augusto Monterroso se veían más cómodos en el relato corto y la narración breve. Ambos se definían como escritores perezosos. ¿Te pasa igual?

Es cierto que una novela exige una disciplina mayor, pero creo que ser “perezoso” o no a la hora de escribir nada tiene que ver con el hecho de que uno opte por el cuento o la novela. En esta elección ni siquiera influyen las condiciones vitales, aunque maestros como Carver aseguraban que nunca habían escrito una novela porque debían ocuparse de la crianza de tres hijos. Simplemente, algunos escritores  están más dotados para un género que para otro. Me gusta ese ritual de César Aira, quien asegura que dedica a la escritura una hora al día, en un café de su barrio bonaerense, tanto ahora, que tiene todo el tiempo para hacerlo, como antes, cuando impartía clases y escribía para los periódicos. En mi caso, trabajo mucho para ganarme la vida y tengo un hijo, lo que no me impide escribir todos los días, incluidos los fines de semana. Pero tal vez, si tuviera todo el tiempo por delante me ocurriría como a César Aira.

No obstante, Aldecoa hablaba de que narración corta y novela, imaginando un tren en su curso por una vía, iban en el mismo trayecto. Viendo la estructura de “Pequeñas biografía por encargo” parece ser una afirmación cierta.

Sin duda es una buena imagen, aunque cada género tenga sus peculiaridades, su disciplina. Me parece correcta la afirmación de Ricardo Menéndez Salmón cuando dice que más que cuentista o novelista se considera un narrador. A mí me ocurre igual, solo que incluiría el periodismo, donde también se puede hacer literatura, solo hay que leer alguna de las crónicas de Chaves Nogales o de Josep Pla, por citar a dos de los grandes.

Sus personajes, ¿de dónde vienen?

A la hora de crear un personaje siempre hay una parte de uno mismo y otra de los demás. Un escritor es un “ladrón”, roba las historias y la adapta, unos más y otros menos. En este sentido, me parece curiosa la anécdota que cuenta James Salter en torno a su novela Años luz. Cuando salía de la editorial con el primer ejemplar de la novela se encontró con una antigua amiga y con su hija,  a quienes no veía desde hacía años. Aturdido por el reencuentro, confuso, Salter le regaló el ejemplar a su amiga. Mientras ésta conducía de vuelta a casa, su hija comenzó a leer la novela en voz alta. Menuda sorpresa. Salter les había robado su propia historia. Se detallaban la infidelidades de la amiga, las mentiras de su matrimonio, tanto las suyas como las de su marido. Salter las había conocido de primera mano. Tras la publicación de Años luz, la pareja se divorció.

Más experiencia de la vida que fabulación.

La literatura siempre nace de la vida, aunque luego uno puede trasladar esa experiencia a su antojo.  No creo que sea menos real La metamorfosis que El gran Gatsby. La ficción se diferencia de la no ficción en el dni de los personajes. En el primer caso los personajes carecen de él, en el segundo no.  La fabulación es intrínseca a la ficción, en la no ficción esta prohibido inventarse los hechos. Por lo demás, el proceso creativo es parecido.

¿Serían los mismos en distancias más largas como la novela?

En mi caso, al menos, el género no influye a la hora de crear a los personajes. Es más bien la historia la que define la extensión. En cuanto uno la concibe, más o menos puede intuir el desarrollo que necesita.

En esta era de prisas y digitalización, existe un repunte, fomentado por la industria del blogger y demás plataformas,  del microrrelato y las piezas breves tanto en crítica como en creación literaria. ¿Hay un tiempo de lectura reservado, a tu parecer, para cada género?

Por supuesto que lo hay. No estoy en contra de los nuevos soportes porque atraen a nuevos lectores. El problema, creo yo, no viene tanto de las nuevas tecnologías como de la calidad de lo que se escribe y de la forma en que a veces se lee. La “democratización” de la escritura está muy bien, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que todo lo que se escriba con intención literaria, incluso periodística, lo sea. Es cierto que las grandes historias, como Guerra y Paz o Madame Bovary, tienen  ahora nuevos “competidores”, pero no nos engañemos, la buena literatura siempre ha sido cosa de unas minorías. En cualquier caso, estoy convencido de que, en contra de lo que se piensa, los clásicos son un refugio contra las prisas y el ritmo endiablado en el que vivimos. Sentarse en una butaca a leer un buen novelón no tiene precio.

Leo que impartes talleres de narrativa en la Librería Alberti. No he podido acudir a ninguno, pero sí frecuenté algunos de sus “Encuentros”. Elegante, histórica y coqueta casa…

La Alberti es un referente cultural en Madrid, es algo más que una librería. Lola Larumbe, Iñaki y Miguel Ángel me hacen sentir como en casa. Lola es además una gran lectora, algo que se va perdiendo en la profesión de librero. La Alberti, como ocurre en otros ámbitos de la cultura, se enfrenta ahora al reto de la piratería y de la era digital. Los talleres y los encuentros pueden ser una  alternativa al nuevo contexto, pero no son suficientes. En cuanto a mi experiencia como profesor, disfruto impartiendo clases, aprendo y valoro la extrema motivación de los alumnos. Un lujo.

¿Qué le dice a aquel que quiera “aprender a narrar”?

Sobre todo que lea. Y luego que escriba, en un taller o por su cuenta, eso da igual. Me cuenta una amiga profesora de escritura creativa que a veces llegan a sus clases alumnos a los que no les gusta leer. A mí nunca me ha pasado. Uno no puede escribir sin haber leído antes. Las lecturas pueden ser más o menos  vastas (alguien como Clarice Lispector decía que había leído poco, el mismo Borges lo aseguraba), pero las palabras deben correr por tus venas.

Porque es aprender, ¿no?

Se puede aprender el oficio, pero eso no garantiza que uno llegue a ser un buen escritor. Ocurre con otras manifestaciones artísticas. Debe haber algo más. Richard Ford dice que el ochenta por ciento de lo que escribe es oficio y el resto magia. No todo el mundo tiene esa magia.

¿Cuál es la metodología que sigue en sus talleres?

Aunque la teoría siempre es necesaria, un taller tiene  una connotación eminentemente práctica. En esencia lo que hacemos es leer y escribir. Y analizar lo que leemos y escribimos bajo unos criterios y unos presupuestos que nunca son inamovibles.

Borges dijo que era mejor lector que escritor. Esto no necesitaría escuela, ¿no?

Borges dijo también que no había leído mucho, pero que había leído bien. Creo que ahí está la clave. Puedes haber consumido miles de libros sin haberlos digerido. O haber leído menos pero con ojo clínico, asimilando la narración hasta el punto de incorporarla a tu propio bagaje. Antes citaba a la gran Clarice Lispector, podría ser un ejemplo de lo que hablamos. Aseguraba que sus lecturas no habían sido muy amplias, sin embargo las había aprovechado a fondo, vaya si lo hizo. En el Museo Thyssen imparto un taller de lectura ligado a la colección permanente del museo, Un cuadro/Un libro, y compruebo que cuando se lee atentamente podemos descubrir en el texto señales que antes no habíamos visto.

¿Visita mucho Extremadura?

Menos de lo que me gustaría. Llevo mucho tiempo viviendo en Madrid pero nunca he dejado de considerarme extremeño. Ya dijo Rilke que la patria es la infancia y en Plasencia viví mi infancia y mi adolescencia. Nada podrá cambiar eso. Pero además de por motivos sentimentales, el paisaje extremeño me renueva. En cuanto me adentro en la dehesa o paseo por los valles del norte de la región, donde suelo ir con más frecuencia, comienzo a respirar de nuevo. Cáceres me parece una ciudad estupenda para vivir. Ahora he comenzado a escribir un libro de no ficción, un libro de viaje en torno a la figura de uno de los grandes poetas españoles de las últimas décadas, Ángel Campos Pámpano, que en gran parte transcurrirá en Extremadura. Lo que lamento es que el transporte público, en concreto el tren, sea tan deficiente. Mejorarlo sí sería una buena forma de vertebrar España.

Hace escasos días leía un post en el blog de Álvaro Valverde (el que fuera director) muy duro contra el estado actual de la Editora Regional de Extremadura. ¿A quién mirar?

No sigo muy de cerca la labor de la Editora y solo puedo hablar de mi experiencia personal tras haber publicado ahí dos libros y de las noticias que me llegan de los amigos, como Álvaro, y por mi propia profesión. Leí la entrada que escribió Valverde y ciertamente lo que cuenta es muy grave. La creación de una editorial pública y prestigiosa como la Editora ha sido un logro de los extremeños y de las personas que a lo largo de las años la han dirigido o han colaborado con ella. Sería una lástima perder un activo que ha costado tanto crear, que había alcanzado un prestigio sorprendente en el resto del Estado y que era una salida muy digna para muchos escritores extremeños que tenían dificultad para publicar sus primeras obras. En el mercado editorial cada vez tienen menos salida las obras “no comerciales” y precisamente una de las ventajas de la Editora era que sus criterios eran exclusivamente literarios. Creo que la Editora debería estar al margen del juego político, lo que es mucho pedir en estos tiempos. ¿Hacia dónde mirar? Quizás hacia las pequeñas editoriales independientes que han ido surgiendo en los últimos años.

En este punto, ¿por qué Madrid y Barcelona albergan (Tusquets, Seix Barral…) las editoriales más consolidadas? ¿Circunstancias históricas, falta de población lectora?

Supongo que por un poco de todo. No obstante, aun con las similitudes, el caso de Barcelona y Madrid son diferentes. Después de la Guerra Civil, la capital se llenó de funcionarios franquistas y buena parte de la burguesía ilustrada existente tuvo que exiliarse. El nivel cultural bajó tanto que aún hoy padecemos sus consecuencias. Barcelona, en aquel momento más abierta (todos conocemos el boom), tomó el relevo, aunque igualmente hubiera que ir a Madrid a “prosperar”. Creo que la situación ha cambiado en los últimos años, en parte gracias a las nuevas tecnologías, que han abaratado mucho los costes de producción y distribución. Una prueba de ello es la Editorial Periférica, ubicada en Cáceres, que está haciendo una labor encomiable a la hora de descubrirnos autores del otro lado del charco.

¿La situación es irrevertible?

La globalización lo ha cambiado todo y no sabemos adónde vamos, tampoco en el mundo editorial. Dentro de las grandes empresas hay movimientos de concentración editorial, de los propios agentes (hemos visto hace poco la fusión entre Wily “El Chacal” y Balcells)…Todo esto sería muy peligroso si al mismo tiempo no hubieran surgido pequeñas editoriales que pueden sobrevivir con menos márgenes de beneficio. Quizás ocurra como en el Cretáceo, cuando desaparecieron casi todos los dinosaurios…Quién sabe.

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