La narración lenta se hace fuerte en Europa

 

 

 

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Por: José M Sánchez Moro

 

Como él mismo reconoce el éxito de su novela “Intemperie” no le ha cambiado la vida. Jesús Carrasco (Olivenza, 1972) acude a los “100 Montaditos” de Sevilla y friega los platos en casa. Si eres el amuleto de la editorial Seix Barral durante un año y viene Morena Films y compra los derechos pertinentes para llevar tu libro al cine, uno irresistiblemente tendería a endiosarse. Pero él no. Aun habiéndose derretido la crítica (no toda, estaría bueno, que Ignacio Echevarría en  “El Cultural” –suplemento cultural del diario “El Mundo”- lo situó cercano al realismo de posguerra de Delibes y que manda narices, dijo, que en el exterior aún hoy puedan continuar evaluándonos por practicar estos temas), aun habiendo obtenido ese dulce premio que es el de los libreros de Madrid a mejor novela 2013 y aun teniendo lectores en Hawai y en 2014 en 18 países más, él posa en las fotos con chambergos de un material cercano al plástico y con esos bigotes picudos que brotan con fuerza de una barba gris, similar a las barbas de dos días que luce el parado de larga duración. Ahora, opta al Premio de Literatura Europea.

Jesús Carrasco saltó al panorama literario de repente. En enero del año pasado oí por primera vez su nombre en la COPE, una tarde, siquiera recuerdo de qué se estaba hablando. Y como era escritor extremeño y por eso de leer que igual se te pega algo, me agencié de esa novela de consumo que había hecho un extremeño y que, en pleno 2013, se vendía como churros.

¿Qué tiene “Intemperie”?

Básicamente, es una copia barata o ibérica (si ustedes las han leído ya elijan que tipo de copia les parece más oportuna) de la novela “La Carretera” que publica el escritor Comarc McCarthy en el año 2005. Este último la sitúa en una américa calcinada, mientras que Jesús Carrasco  sitúa su novela en la Extremadura de la sequía. Dice Jesús Carrasco que su vida literaria anterior y posterior a “Intemperie” se reduce a conversaciones con un amigo en los “100 Montaditos” de Sevilla. El interés puede estar, pues, en el amigo, en el que recomienda. Recordemos que Juan Benet hubiera sido un adinerado ingeniero, en vez de dedicarse a definir las líneas básicas de la narrativa de posguerra de no ser por un primo suyo que le recomendó a Faulkner pasada la veintena.

En una entrevista al diario El País Jesús Carrasco que reconocía que en un principio todo esto se le quedaba grande. Advertía, además, que no se atrevería nunca con la poesía. Suena extraño leyendo pasajes de su prosa en la que recupera palabras en desuso (terminología labriega) y consigue imágenes de grandes hallazgos poéticos. Jesús Carrasco no se ve presionado en la redacción de su nueva novela, contrario a Landero, otro escritor extremeño que saltó a la fama literaria repentinamente, y que aseguraba  que el proceso de redacción de “Caballeros de fortuna”, su segunda novela, fue una tarea insoportable en lo psicológico.

 

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