La noche más blanca

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La Copa del Rey 1979/80 nos regaló una curiosa historia que hoy en día no se podría repetir. El Real Madrid y su filial, el Castilla, se enfrentaron en la final del 4 de junio, una cita que fue toda una fiesta para el madridismo.

Por: Adrián G. Rosado

Imagínese ir a ver una final sabiendo que volverá a casa contento con el resultado, que celebrará todos y cada uno de los goles que se anoten en ese partido y que animará a los veintidós jugadores que estén sobre el césped. Algo tan idílico como esto fue lo que pudieron vivir los aficionados del Real Madrid el 4 de junio de 1980, cuando el primer equipo batió al filial en la final de la Copa del Rey jugada, como no podía ser de otra forma, en el Santiago Bernabéu.
La normativa en aquella época permitía la participación de los filiales, algo que no sucede hoy en día. En esta edición, la número ochenta, participaron 225 equipos de las cuatro principales categorías del fútbol nacional (desde Primera hasta Tercera). El conocido como “Bebé Castilla” fue el cuarto conjunto de Segunda División que se plantó en la final, tras Betis, Sabadell y Ferrol. 
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Camino de la final
Dirigidos por Juan José García, los jóvenes del “B” fueron avanzando ronda tras ronda. Extremadura, Alcorcón y Racing de Santander fueron los tres primeros en caer. El aparentemente imposible camino que separaba al Castilla Club de Fútbol de la final se hizo menos cuesta arriba cuando Hércules y Athletic sucumbieron, tan solo dos eliminatorias les separaban de la final. El rival en los cuartos fue la Real Sociedad, que en la ida logró endosarle un 2-1 a los blancos, pero el 2-0 de la vuelta en un Bernabéu abarrotado permitió a los de la capital colarse entre los cuatro mejores de la competición. El Sporting de Gijón de Quini y Maceda tampoco pudo frenar la ilusión y fuerza del equipo revelación, que en la vuelta remontó el 2-0 de ventaja de los asturianos con un histórico 4-1.
Por su parte, el primer equipo partía con el distintivo de favorito. En los últimos cinco años había ganado cuatro ligas. Un equipo de ensueño dirigido por el recientemente fallecido Vujadin Boskov y en el que jugaban, entre muchos otros, futbolistas de la talla de Del Bosque, Stielike, Santillana o Juanito, y que llegó a la final imponiéndose en los penaltis a un incómodo Atlético de Madrid.
Delirio blanco
El partido era lo de menos, el Real Madrid iba a salir campeón sin importar lo que aconteciera en el terreno de juego. La prodigiosa generación que había dado a luz la Ciudad Deportiva de la Castellana, vestida de morado aquel día, y el ilustre equipo que mandaba sin rival en el fútbol nacional, congregaron a 65000 personas en el templo blanco, que colgó el cartel de aforo completo.

Aquel que haya jugado al fútbol sabe que en los partidos de entrenamiento, de vez en cuando, los filiales le dan un repaso a los jugadores ya consagrados por la diferencia de motivación entre unos y otros. Esta vez el primer equipo no se podía permitir semejante relajación, y salió desde el primer minuto con la mentalidad que una final requiere. Seis goles encajó Agustín, guardameta del Castilla, dos de ellos de Juanito. Ricardo Álvarez tuvo el honor de batir la portería de García Remón en el minuto 80 de partido, el centrocampista del filial hizo el llamado “gol de la honra” con un golpeo desde fuera del área que entró por el segundo palo.  Tras el pitido final, la fiesta del madridismo continuó, todos habían ganado aquel partido. Una imagen que ilustra a la perfección lo que supuso aquella noche para el club más laureado del siglo XX es la de los jugadores del Castilla levantando la copa y alzando los puños.

La llegada de la “Quinta del Buitre”
De los jóvenes que lograron el subcampeonato en la Copa del Rey de la temporada 79/80, llegaron al primer equipo algunos como Agustín, Pineda o Gallego. La siguiente camada que aterrizó en el equipo canterano fue la “Quinta del Buitre”.
A principios de los ochenta llegaron Míchel, Pardeza, Martín Vázquez, Sanchís, Butragueño y compañía. Estos jóvenes derrochaban talento, jugando incluso mejor que el primer equipo. Su popularidad fue creciendo hasta tal punto que el club decidió trasladar sus encuentros al Santiago Bernabéu, que se llenaba cada dos domingos para ver como el Castilla jugaba sus partidos de Segunda División. Bajo el mando de Amancio llegó la confirmación de los chavales del “B”, que se alzaron campeones de la división de plata del fútbol español en 1984, siendo el primer y único filial que ha logrado semejante hazaña.  Se podrían llenar hojas y hojas hablando de este gran recuerdo blanco, pero aquí dejamos la historia por el momento. Los integrantes de “La Quinta” fueron incorporándose al primer equipo de la mano de Don Alfredo Di Stéfano. 
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Una historia que merece ser contada
Habrán pasado unos diez años desde que mi tía Marina, “La Titi”, me contara la historia de cómo el Real Madrid dominó el fútbol español aquel año. Una de tantas que me ha contado y que seguiré escribiendo. Es vital que se recuerden estas curiosidades que sucedieron hace tiempo, estas pequeñas historias que, sean del equipo que sean, deben ser conocidas por todos los que amamos el mundo del deporte. Cuéntele a sus hijos estos recuerdos, o a sus nietos, pero no se limite únicamente a leer estas líneas, porque serán ellos los que gracias a usted escriban sobre esto mismo cincuenta años más tarde.
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