Jesse Owens y su lección a las Olimpiadas de la raza aria

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Por: Adrián G. Rosado

La decisión de que la capital alemana albergara los JJOO de 1936 se tomó cinco años antes en una reunión celebrada en Barcelona, ciudad que, precisamente, era la única competencia de la elegida. En el momento de la decisión no hubo ninguna polémica, ya que Hitler aún no había llegado al poder. Tras el encumbramiento del partido Nazi en 1933, muchos países se replantearon su participación en estos juegos, presos del dilema ético que supondría formar parte de un espectáculo antisemita y racista.

23408958A medida que se acercaba la fecha de la celebración, el régimen se fue “lavando la cara”. Se retiraron muchos carteles que amenazaban a los judíos, las numerosas acciones violentas que se habían producido tiempo atrás contra los opositores del régimen cesaron en los meses previos a las Olimpiadas. El Reich, especialista en manipular opiniones, consiguió convencer a la mayor parte de reticentes de que sus juegos iban a seguir la línea de los anteriores (Los Ángeles 32´), sin grandes alardes ni intromisiones de carácter político. Aunque varios atletas se negaron a asistir, la participación en cuanto a países fue la más alta hasta ese momento, con 49 estados participantes. El boicot se quedó prácticamente en una anécdota. Los estadounidenses, en un principio contrarios a viajar a Berlín en agosto del 36, eran la referencia de todos los “rebeldes”. Avery Brundage, presidente del comité norteamericano, y Jeremiah Mahoney, presidente de la Federación Americana de Atletismo, eran dos pilares en la vida deportiva del gigante americano, y tras analizar lo que supondría para su país ser partícipe en el evento organizado por la Alemania Nazi, se mostraron, en un inicio, reticentes. El primero de ellos, Avery, visitó el emplazamiento meses antes de la inauguración, siendo testigo de ese “lavado de cara” mencionado previamente. Hitler consiguió convencerle y el presidente del comité dio su visto bueno. No fue este el caso de Mahoney, el máximo cargo de la Federación Americana de Atletismo, quien mantuvo su visión de que participar en los JJOO de 1936 iba a ser un gesto de apoyo al dictador y un guiño a la visión nazi que superponía la raza aria por encima de las demás. Finalmente, la delegación estadounidense se presentó a la XI Olimpiada, y con ella muchas que aguardaban el posicionamiento “yankee”, siendo esta una decisión polémica y que, hasta el día de hoy, ha traído mucha cola, ya que muchos historiadores consideran que un boicot en condiciones habría podido frenar la expansión Nazi que derivó en la Segunda Guerra Mundial años más tarde.

El país 50 y las olimpiadas populares

La delegación española desechó la opción de ser el país número 50 en participar, y propuso la ciudad de Barcelona como escenario para una alternativa al circo hitleriano: LasOlimpiadas Populares. La ciudad condal había sido derrotada por Berlín en la elección de la sede y España, siendo República, se encontraba presidida por el Frente Popular, que había ganado las elecciones de febrero del 36. Fue precisamente el Frente Popular quien decidió dar a luz esta opción e invitar a los atletas y delegaciones que no desearan o no tuviesen permitido participar en las Olimpiadas alemanas. Esta competición no llegó a celebrarse, ya que su inicio estaba programado para el día 19 de julio, y el día previo tuvo lugar el levantamiento militar que desencadenaría la Guerra Civil Española.

Los JJOO

El 1 de agosto de 1936, con una capital engalanada para la ocasión, la llama olímpica se prendió y se iniciaron los Juegos de la XI Olimpiada. Adolf Hitler y su ministro Goebbels, fieles a su estilo de ostentosa y abundante propaganda, plagaron las calles de esvásticas y organizaron un desfile que, a ritmo de trompeta y canciones triunfales, fue seguido por más de un millón de alemanes. Ya en el estadio olímpico de Berlín, construído, como no, para la ocasión, sonaron tres himnos: el alemán, el del partido Nazi y el olímpico. Todo estaba listo para que la Alemania aria demostrase al mundo de lo que era capaz.

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La china en el zapato

En un espectáculo de la magnitud de los JJOO nunca puede estar todo controlado. Siempre habrá factores que escapen a la razón y sorpresas con las que nadie contaba. En el caso de los de Berlín,la estelar aparición de Jesse Owens se convirtió en un incómodo invitado a la fiesta aria. Jesse fue un niño delgado, casi raquítico, de aspecto enfermizo y condenado a trabajar en la recogida de algodón durante largas jornadas. Más preocupado por la discriminación racial existente en su país que en la del extranjero, decidió participar el Berlín. Antes de esta cita ya se había hecho un nombre en Estados Unidos. Desde su gran aparición en 1933, pulverizó marcas continuamente durante los años siguientes corriendo para la Universidad Estatal de Ohio.

“Buckeye Bullet” tuvo su primera aparición el día 3 de agosto, poco tardó el Olympiastadion en aclamar al norteamericano mientras este se colgaba el oro en los 100 metros lisos. Al día siguiente, los 120 mil espectadores fueron testigos del impresionante salto con el que Luz Long fue derrotado por Jesse. El 5 de agosto consiguió su tercer oro en los 200 metros lisos. Pero eso no era todo, cuatro días más tarde y junto a otros tres compatriotas, Owens voló sobre la pista de atletismo berlinesa proclamándose el primer atleta en conseguir cuatro medallas de oro en atletismo en los JJOO, hazaña que no fue igualada hasta 1984 por Carl Lewis. Es cierto que los alemanes fueron los grandes triunfadores de esta edición de los juegos, pero el norteamericano fue un escollo para la tan deseada victoria aria.

Poco cambió la vida del exitoso atleta tras este verano mágico. En su vuelta a los Estados Unidos de América retomó su trabajo como botones del Waldorf-Astoria, hotel neoyorkino. Es cierto que, simbólicamente, la bolsa de Nueva York se paró en su nombre como pequeño homenaje, pero este fue uno de los muy pocos gestos de agradecimiento que su patria natal tuvo con él. Ni siquiera el mismo presidente, Franklin D. Roosvelt, se dignó a recibir a la bala humana, ya que se encontraba sumido en plena campaña electoral y homenajear a un negro le podría costar muchos votos, sobre todo los procedentes del sur del país. Al finalizar su carrera deportiva, su vida transcurre de forma discreta pero siempre relacionada con el deporte, siendo promotor de eventos de este carácter en Chicago. Los reconocimientos llegaron muy tarde, pero más vale tarde que nunca. En 1976 Gerald Ford le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad de los EEUU. En marzo de 1980, con 66 años, el cáncer de pulmón pudo con él, diez años más tarde de su muerte George H. W. Bush le concedió la Medalla de Oro del Congreso.

Jesse Owens fue un brillante atleta que puso en jaque a toda una ideología, pero esto no le valió para cambiar su vida de humilde trabajador. Tampoco sus hazañas frenaron al Führer, quien años más tarde provocaría una guerra devastadora. Tras la primera quincena de agosto de 1936 la vida siguió igual, pero ochenta años más tarde la imagen y el nombre de Jesse Owens siguen siendo familiares. Por el bien del atletismo, del deporte, y de los valores del ser humano,esperemos que el negro de los cuatro oros nunca caiga en el olvido.

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