LO QUE FUE DE “LOS GATOS PARDOS”

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Por José M. Sánchez Moro.

 Una vez acudí a una charla-coloquio de Juan Antonio González Iglesias, que es un poeta homosexual y profesor de latín en la universidad de Salamanca, y nos contó, entre risas irónicas, que lo de ser poeta (escritor al fin de cuentas) no es tan fácil. Por ejemplo, él lo notaba, cuando iba al banco; cuando iba al banco y le decía al que atiende incidencias y reclamaciones que era poeta. Desconfianza y malentendidos. Un poeta puede ser un fanfarrón, un fantasma, un señor poco o nada solvente en lo económico –esto es, con total seguridad, lo general en esta profesión-  o un chiflado. Desconfianza y malentendidos.

Y es que, a ti que me lees, ¿te transmitiría confianza un señor que posa en las fotos con una camiseta de Morrison, Hendrix y Bob Marley, camisetas de estas negras llena de bolitas porque, aunque se laven, están hechas para ser vistas y presentidas como puercas? A ti que me lees, ¿te transmitiría confianza un señor que decide dejar de ser abogado para tener oficios menos remunerados que el de la toga como ser camarero en Dublín, por ejemplo, y rodar así por medio mundo?

A mí también.

Leer “Los gatos pardos”.  Leer “Los gatos pardos” es acercarse al estilo directo libre e indirecto libre, párrafos rápidos de menos de treinta líneas sin, en apariencia, una estructura férrea, pero sin falta de cohesión y, recuperación, en las primeras páginas del habla hispanoamericana. Y es que Ginés Sánchez, que ha maravillado al panorama de la crítica literaria española, vivió en Puerto Rico, tras colgar la toga de abogado, en ese rodar suyo, ya referido, por el mundo y de ahí, el deje y acento hispanoamericano.

La editorial catalana “Tusquets Editores” que nos nutre de esa literatura vendible e imponente a la vez, -imponente porque será la que dentro de un siglo se aplique en los manuales de literatura escolares- ha consolidado mediante premios con jurados de ojos agudos y mentes despiertas, “La sonrisa vertical” en el caso de Almudena Grandes, o el Premio Tusquets de Novela a escritores plenamente desconocidos, que gracias a esto dan un salto repentino y se sumen en el guirigay literario de sopetón. Así es el caso de Ginés Sánchez, que hasta “Los gatos pardos” tan solo había publicado una sola novela y obtiene una consolidación gracias a los esfuerzos de esta editorial y se sitúa a ojos de lectores y críticos como vértebra de un nuevo tiempo narrativo en nuestro país.

¿Cómo presentar al lector avanzado “Los gatos pardos”? Hay una novela que aparece en el 2005, publicada por el escritor Comarc McCarthy y titulada “La carreta”, que ha sido referente argumental para “Intemperie” del extremeño Jesús Carrasco (Seix Barral) y referente estructural/estilístico para Ginés Sánchez y sus gatos pardos. La rapidez lectora que implica una estructura basada en párrafos de nomás de treinta líneas es escogida por McCarthy para agilizar una prosa algo árida y lenta, cercana a la prosa poética. En el caso de Ginés Sánchez esta prosa enlaza y consigue dar ritmo trepidante a un argumento de mismas consideraciones. Mafias, fronteras, vida y muerte, prisas, ambiciones y ansias. Juan Marsé, que es el cabeza visible y testaferro de este premio organizado por Tusquets Editores, escribió en su día una novela titulada “Si te dicen que caí”, en el que tres historias totalmente desconectadas, en origen, entre sí, van a confluir a un mismo punto de desenlace. Igual estructura argumental que la de “Los gatos pardos”. “Los gatos pardos” o cómo robarle el corazón a Juan Marsé.

Ginés Sánchez se consolida firmemente en el panorama literario español moderno, tras conseguir un premio que obtuvieron, entre otros, titanes de la talla de Fernando Aramburu con “Años lentos”, o, con “Todo está perdonado”, Rafael Reig.

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