EL DÍA QUE FELIPE TRIGO MORDIÓ UN PEZÓN

 

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Por José M. Sánchez Moro.

 

-¡Los médicos sois igual que confesores!

(…)

Y Aurelio un poco inseguro, de sí propio, volvió a tocar con su cara, con su oreja, sin estetóscopo esta vez, aquella carne de gloria… Repentinamente sonó un grito, al tiempo que Concha con un lateral salto de serpiente se apartaba… ¡había sentido que él mordíala con los labios un pezón!

-¡Oh, por Dios!-rugió.

Sentada entre las ropas, mirábale la sonrisa con furor y dijo:

-¡Canalla!…

Una vez le robé a un amigo, se lo tomé de la mochila, un libro. El libro, en sí, es una joya desde la cubierta. De pastas de color dorado, no tendrá más longitud que mi mano. Se corresponde con una edición de “Mi prima me odia” de Felipe Trigo, llevada a cabo por la Junta de Extremadura, en el marco del “Plan de Fomento de la Lectura de Extremadura” que dirigió el poeta, crítico y editor Álvaro Valverde.

Anclado en las formas naturalistas, Felipe Trigo (Villanueva de la Serena, Badajoz, 1864), vivió inadaptado a los ismos narrativos de comienzos del siglo XX, dejando una bibliografía muy amplia, que le ocupó apenas quince años, los que van de 1901 hasta su suicidio. Hijo de ingeniero, estudió medicina en Madrid, en la misma universidad que lo hizo Pío Baroja (de sus períodos de estudios se guardan autobiografías: “En la carrera” de Trigo y “El árbol de la ciencia” de Baroja) y ejerció como médico en pueblos extremeños de las zonas colindantes a Mérida. De este periplo se conserva, al igual, otra autobiografía, “El médico rural”, en la que, equiparando el suicidio de Esteban –protagonista- con el de Felipe Trigo, se alcanza un inquietante calibre profético. Luego, tras otras andanzas, marcha como médico de guerra a Filipinas y tras perder las colonias vuelve a Madrid. A autobiografiarse. En la novela corta, muy insistente en este género, “Mi prima me odia”, Felipe Trigo habla de sí mismo abiertamente y no puede, por disparatado, el lector dar crédito a sus tropelías de depravado.

Una novela corta con pocos escenarios. Un tranvía céntrico madrileño y un cruce de miradas entre una señorita de clase alta y un estudiante, es Felipe Trigo biografiado, que interpreta los desdenes de ella y los que él la devuelve en recíproco tentarse. Descubrimiento por parte del estudiante de que aquella señora, que vive frente a él, es la prima de su futura esposa. Lo demás: conciencias y egos revueltos que acabarán con el muerdo del estudiante, médico ya, en una teta de su prima.

Se hacen referencias continuadas al periódico “Heraldo”, lo que, nos permitiría contextualizar la novelita, a tenor de que Felipe Trigo fue columnista en este diario y su suicidio aconteció en 1916, en el período de la restauración borbónica. Según la técnica (empleo del estilo indirecto libre –marca y sello de Emilia Pardo Bazán-) en el naturalismo tardío o segundo naturalismo.

De Felipe Trigo nos han contado que fue el iniciador de la novela erótica como tal. Se puede entender así, pero para quien no lo haya leído tal vez sea requerida una contextualización, para entender las claves de ese “erotismo”. Período de la restauración borbónica, su único objetivo era, pues, buscar la merma de la moral y el convencionalismo burgués del momento, sugiriendo un tabú y aprovechando el resguardo de las gentes de aquel tiempo hacia un tema tan escabroso aún hoy. A Felipe Trigo vendrían a contarle hoy que es un machista y un dominador de género. El diría que perdón (era un marqués de provincias, pero marques al fin), pero que él solo se autobiografiaba.

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