“Lo oscuro acabamos viéndolo; lo completamente claro lleva más tiempo”

Por: Guiomar Quintana Suárez

Si algo tiene que tener claro el periodista de hoy es que el periodismo es un servicio, o debería serlo, que pretende servir al ciudadano mientras ha de estar bajo las órdenes de otra entidad que nada tiene que ver con su causa o condición. Esta es la contradicción que el informador, el “cuenta-sucesos”, el “profundizador de asuntos”, sea del medio que sea, tiene que asumir si no quiere retirarse antes de empezar; y es que esas entidades –empresas- que probablemente no se preocupan lo más mínimo por los valores éticos, morales y culturales del periodismo, están tan cubiertas de roña (razones varias) que apenas pueden pagar los altísimos intereses de sus propias deudas.

En cuanto al sector informativo televisivo, la situación deja bastante que desear. Quedan pocos programas culturales, de actualidad, de esos que conciernan, o podrían hacerlo, a la mente curiosa que busca y rebusca y quiere ver más allá. Nos tragamos cualquier basura que emita este o aquel canal aunque éste pertenezca a uno de los tantos grupos editoriales que se prostituyen para alcanzar un incremento porcentual a la hora de recibir el veredicto del señor EGM. Así que la basura apesta, y la peste mata, y nos estamos muriendo y permanecemos impasibles ante la caja tonta, porque la caja tonta esta para eso, para atontar. El mundo televisivo es de empresas y banqueros, y somos los atontados que creemos que importa la audiencia cuando lo que importa es cómo esté repartida, que nos sentamos a ver el telediario confiando en que eso sea suficiente para tener una mínima idea de lo que está sucediendo en el mundo. Y una cosa digo yo: que los informativos son espacios determinantes de las conciencias que se dejen determinar, y que los periodistas son los hechos, la sociedad, tú ética y la mía. Que los medios que defienden el buscar el rumbo a pesar de estar perdidos, los de la profesionalidad en tiempos complicados, los buenos medios, cierran, y mientas eso sucede, lo que hacemos es esperar a que lleguen más porque “esto es todo lo mismo, cuando no son unos son otros”.

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En los años 50 la situación no estaba en nuestras manos, pero Edward R. Murrow creía que era algo que podíamos cambiar. Para el cierre de CNN+ (y este es sólo un ejemplo) el 28 de diciembre de 2010, la situación estaba en manos de la fusión de Telecinco con Cuatro. CNN+ se convirtió en Gran Hermano 24 Horas, y no sé por qué me da que Prisa TV tuvo algo o todo que ver. Nefasto ha sido, y es, el negocio (que no industrialización) de la comunicación fundamentalmente en su vertiente televisiva, la más rápida, impactante y voraz vertiente de todas. Por ello, doblemente nefasto, porque esa caja tonta podría ser la más inteligente de todas. Por ello, y porque parece que sólo cabe decir “buenas noches, y buena suerte”, habrá que aplacar la apatía buscando la honestidad crítica en otra parte.

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