Ahora la moda es no seguir la moda

Por: Diego Rodríguez Sánchez

Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, el mundo queda completamente descolocado. El modelo político, cultural y de valores que había funcionado hasta el conflicto ya no servía de nada y tocaba buscar un nuevo referente. Así se entra en la Guerra Fría, con las dos superpotencias vencedoras luchando por ser ese líder mundial. Aunque ahora vemos a la URSS como un sistema antiguo y un poco desfasado, en su época de mayor auge, tenía las mismas posibilidades de perpetuarse que las que tenía Estados Unidos. En la literatura de Orwell en la que se hace una representación de un supuesto futuro, se ve como ambas siguen siendo superpotencias. Pero el tiempo pone a cada uno en su lugar y la condición de animal egoísta del ser humano hace que el capitalismo triunfe. Se empieza a vender el American Way of Life como marca, y la gente lo compra. Esto provoca que los flujos culturales, informativos, políticos; todo, salga desde Occidente y vaya a parar a otras regiones del mundo, incluso para imponerse sobre lo local.

Creo que el mejor ejemplo de esto es el mundo cultural. Si Bruce Springsteen hubiera sido japonés no habría llegado ni a una cuarta parte de lo que es hoy. Y aún teniendo en cuenta que Japón es una gran potencia económica, no es una potencia cultural porque existe un flujo unidireccional en el que no es más que un mero receptor. Y así, de esa forma, la gran parte de la música que escucha el mundo es en inglés, la ropa que viste la gente (especialmente los jóvenes) tiene tendencia a ser norteamericana y el cine que se consume es mayoritariamente estadounidense, y este cine no es, ni de lejos, el mejor cine del mundo. Intelectual, filosófica y artísticamente el cine francés o español le dan mil vueltas, pero éstos quedan reducidos a una película en la sesión de noche de “La 2” donde la gente que lo ve, es gente un poco rara o gente aburrida porque en Los lunes al sol no existe ningún superhéroe que haga explotar cosas y salve a la humanidad de un desastre fatal. Otro claro ejemplo de esta hegemonía por parte de Estados Unidos es que en la actualidad el Holocausto está considerado como el mayor desastre humanitario jamás ocurrido, pero no se habla con tanta insistencia de las matanzas de Mao Tse Tung o de los planes quinquenales de Stalin; porque en el Holocausto murieron judíos y a manos de Mao murieron chinos, y en Estados Unidos los judíos tienen mucho poder y no pasa lo mismo con los chinos.

Pero en la actualidad parece que la cosa está cambiando un poco. Se está poniendo de moda no seguir la moda. Starbucks,la empresa americana de café por excelencia, siempre representó ese modo de vida americano que se ve en las películas donde una persona llega al trabajo con un cartón con cuatro vasos de café para él y sus compañeros y demás parafernalias. Ahora esta empresa reniega de esa imagen americana y cuando vas a uno de sus establecimientos puedes ver carteles que dicen que su café se cultiva en países exóticos y de la forma más artesanal posible e intentan darle a todo un aura de multiculturalismo y ciudadanía mundial. Esto en cierta manera está bien; aunque eres tú el que toma la decisión de abrir tus puertas al mundo, se palia un poco ese desequilibrio de flujo de información y eres partícipe de la diversidad cultural. Ahora se valora la excepción cultural, gusta ser diferente de los demás, hasta cierto punto, porque recordemos que sigue siendo una moda.

Realmente este efecto no debería sorprender; las modas siempre están sujetas a este tipo de flujos. En los años 80 se buscaba la modernidad, en la arquitectura en la música en todas las corrientes artísticas, se inventa el cristal-espejo que cubre los rascacielos, la moda atrevida etc. En los 90 se vuelve a rescatar lo anterior a este impulso de modernidad y surgen movimientos culturales que recuerdan a otros previos como el movimiento hippie de los 60. Y cuando se cambia de milenio y se entra en el año 2000 entra de nuevo el flujo de modernidad y crece el iPod y el iPhone y se pone de moda Britney Spears que recuerda al pop de la reinvención de Cher en los 80. Y cuando se pasa la primera década del año 2000 y se entra en el 2011, sigue estando de moda el iPhone pero aparece la aplicación Instagram que recrea el efecto y formato de la cámara Polaroid 1000 que se puso muy de moda a finales de los 80 y así sucesivamente.

¿Y dónde queda Internet entre todo este flujo cultural? Desde luego Internet es la herramienta para lograr que la información llegue de un sitio a otra, y puede ser una gran ventaja o el más grande de los inconvenientes. Ventaja es si puedes disponer de internet. Como ahora se está poniendo de moda el multiculturalismo la red te permite aportar al flujo de información y, hasta cierto punto, elegir qué tipo de información te llega. En cambio, si no puedes disponer de Internet, la brecha digital te absorbe y eres incapaz de aportar algo al flujo de información, por lo que lo más probable es que acabes siendo un único receptor resignado a que te contagien el American way of life.

 

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