Quitemos políticos e instauremos una democracia

Por Diego Rodríguez Sánchez

En la historia de la filosofía es muy común encontrar filósofos que teorizan sobre política y plantean su particular visión de cómo debe ser un Estado perfecto. En pleno siglo XXI quizás uno de los autores más interesantes de leer sea Rousseau, prestando especial atención a lo que escribía sobre democracia.

Hobbes y Locke hablaban de encontrar una especie de punto intermedio entre las libertades del individuo y la acción del Estado. En cambio, Rousseau defendía que la mejor forma de política es aquella en el que la acción del Estado y la libertad del individuo van ligadas, una persona que acepta que su libertad política consiste en la voluntad general y un Estado que incorpora dicha voluntad. Y esto, es lo que ocurre en la democracia. O al menos se intenta.

Rousseau hablaba de que la forma más perfecta de democracia es la participativa, es decir, donde todos los ciudadanos toman las decisiones en conjunto. Pero por la imposibilidad que presenta el hecho de reunir a un país para votar cada vez que haya que tomar una decisión, lo que se hace es reunir al país cada cuatro años para que elijan a un representante que tome las decisiones por ellos, democracia representativa. Una forma más práctica pero menos directa.

Lo que pasa es que la sociedad en la que vivió el filósofo era un poco diferente a la actual; mientras que en aquella época la imprenta todavía era un gran avance tecnológico, en la época actual Obama puede hacer un retuit y en ese preciso instante sus 41,7 millones de seguidores en la red social pueden ver esa información de manera instantánea. En el siglo XVIII de Rousseau sí que sonaba a locura imposible de realizar juntar un país entero en una asamblea para tomar decisiones. Pero en este siglo XXI no suena tan increíble lograr que un país entero entre en alguna página web. Aunque el espacio físico es el mismo entre las dos épocas, gracias a las nuevas tecnologías la gente se encuentra mucho más cerca, las distancias ya no importan si te quieres comunicar.

Dejando, momentáneamente, a Rousseau, a Obama y a Twitter de lado, pasemos a hablar del movimiento 15M. Aunque no toda España se manifestó, sí que gran parte de la población se sentía en parte identificada con alguna de las facetas que presentaba el movimiento. Dicho movimiento, que se convocó exclusivamente a través de la red, representó la consolidación de una crisis de descontento con los políticos. Hay demasiados cargos públicos, nos engañan, bipartidismo, una vez que llegan al poder hacen lo que les da la gana, son todos iguales, “no nos representan”, etc… Hay que prestar especial atención al “no nos representan” que tanto se ha dicho. Si en una democracia representativa, los políticos no representan, entonces, ¿cuál es la solución?

Imaginen que la ley del aborto que tanta controversia está levantando pudiera ser sometida a referéndum, o la ley de seguridad ciudadana, o imaginen que los ciudadanos pudieran elegir en qué sectores se deben hacer los recortes económicos. A lo mejor cambiaban los recortes en sanidad y educación por recortes en defensa y en coches oficiales. Está claro que no se puede llamar a un país a las urnas cada vez que haya que tomar una decisión importante, pero, ¿se puede hacer que la gente tome dichas decisiones desde su casa a través de un ordenador?

Yo creo que sí. Si toda España tiene la posibilidad de mandar un SMS para votar en un absurdo concurso de televisión, ¿por qué no iba a poder aplicarse eso a ámbitos un poco más importantes? Se pueden usar las nuevas tecnologías para hacer un uso más participativo de la política, una democracia real, donde una vez a la semana la gente vota a través de su móvil u ordenador una serie de decisiones trascendentes con las que se logra la verdadera voluntad general, y no la voluntad de un partido político que si tiene mayoría en el Congreso puede obrar cuatro años sin asumir responsabilidad alguna por lo que hace. Preguntarle al pueblo que qué quiere que se haga con la ley del aborto, así se acataba la voluntad general y se dejaba de lado la ridícula tragicomedia de Rajoy y Rubalcaba y de las mujeres de ambos partidos y que ya hace mucho tiempo que no tiene gracia.

Está claro, es un sistema fácil y también barato, que da la sensación que si no se hace es porque los que lo tienen que promulgar, o al menos proponer, serían los principales perjudicados si se aprobara. Pero bueno, paciencia, si algo nos ha enseñado la historia, es que las formas de Estado están en continuo cambio, y si algo hay claro, es que aún no hemos tocado fondo y todavía nos queda mucho camino por recorrer.

Aún así, a veces la democracia real da miedo, suena muy bien cuando se habla de darle al pueblo español potestad sobre si mismo, pero, ¿es buena idea? ¿Sería buena idea darle completo poder a un pueblo que sólo sale a la calle cuando se gana un mundial, que convierte el programa Mujeres Hombres y Viceversa en líder de audiencia y que sitúa a Belén Estaban en el puesto de autora que más libros ha vendido?

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