Datos que deberían preocupar a cualquier demócrata

1. Datos que

“La propaganda es a la democracia lo que la cachiporra al estado totalitario”.

Noam Chomsky.

Por M. Escribano

El 71,4 % de los españoles utiliza la televisión a diario para informarse. Además, es el medio preferido para el 56,8% de la población, lejos de la radio o la prensa escrita (1). Esto no sólo evidencia que la televisión es el medio de comunicación por excelencia en España sino que, como consecuencia, también es el más influyente. Estos datos, pertenecientes al barómetro de marzo del CIS, son preocupantes por sí solos. Preocupa que un medio como la televisión tenga tal influencia, un medio que, si bien por su propia naturaleza tiene muchas limitaciones para poder ofrecer una información rigurosa  y de calidad, ha sido usado de forma nefasta, especialmente en nuestro país.

Cuando tratamos de analizar un medio de comunicación, una de las primeras preguntas que debemos hacernos para comprender sus principales atributos, así como la línea ideológica o sus contenidos, es quién es su propietario.

Con la aparición de la TDT se anunció una supuesta pluralidad en la televisión, resultante de una mayor oferta. Pero, a día de hoy, nos encontramos con esto:

– Mediaset ocupa el 28,6% del share, siendo propietaria de: Telecinco, Cuatro, FDF, LaSiete, Boing, Divinity, Energy y Nueve. En otras palabras, casi un tercio de la población que utiliza la televisión, lo hace a través de una empresa de comunicación propiedad, en última instancia, del multimillonario Silvio Berlusconi. Un tipo de televisión que, recuerdo, no quieren en el resto de Europa por su ínfima calidad.

– Atresmedia ocupa el 27,9% del share, y es propietaria de: Antena 3, laSexta, Neox, Nova, Nitro, Xplora, laSexta 3 y Gol Televisión. Además, también son dueños radios, como OndaCero o Europa FM.

Es decir, el 56,5% de la televisión que se ve en España está controlada tan sólo por dos grupos de comunicación, ambos privados, ambos con unos intereses económicos determinados. El resto queda repartido entre los canales de la televisión pública -La1, La2, 24h, Teledeporte y Clan-, que obtienen un 16,9% del share, y otras cadenas de televisión autonómicas (9%), locales (aproximadamente el 2%) o pertenecientes a otros grupos empresariales de comunicación que también operan en otros ámbitos, como la prensa escrita o la radio.

Pese a que TVE sea un servicio público, su utilización al servicio del partido gobernante, deja mucho que desear. Quizá el caso más paradigmático sea el del actual gobierno del Partido Popular, que ya ha provocado varias polémicas por manipulación, que a su vez explican la caída de sus audiencias. Algo que encaja a la perfección con el “Método neoliberal para destruir todo lo que sea público” de la Revista Mongolia: controlar el servicio público, denigrarlo, hundir su prestigio, negar su utilidad, dejarlo sin financiación, desmantelarlo y, por último, ponerlo en manos privadas. No ganamos nada -más bien perdemos- pidiendo el cierre de un medio público, ganan las empresas privadas que aprovechan el espacio que les deja su cierre. Por ello, tenemos que defender que este servicio, como todos los servicios públicos, esté al servicio de todas y todos, y no de unos pocos.

Volviendo al tema principal, la aparición de TDT no ha supuesto ningún avance en la pluralidad o la libertad de información. Más bien al revés, lo que ha sufrido es una (re)concentración de medios: se abrió el espacio a más medios de comunicación y aparecieron nuevos canales que han sido absorbidos por los grandes grupos mediáticos. Las dos grandes empresas de televisión privada en España durante la etapa anterior a TDT, han vuelto a controlar este medio de comunicación (56,5% de share).

El resultado es que la cuota actual de pantalla dividida entre el 28% de los medios públicos y el 72% de los medios privados (2). Es decir, casi las tres cuartas partes de la cuota de pantalla en España están controladas por grupos empresariales de comunicación, que a su vez están controlados por bancos y grandes empresas, cuyos intereses son de sobra conocidos.

Por si alguien duda: la propiedad y accionariado de los grupos de comunicación influye directamente en la información ofrecida. En el Informe Anual de la Profesión Periodística 2013 de la APM, el 79,3% de los periodistas encuestados (1.700 profesionales) han recibido presiones a la hora de enfocar la información y, de ellos, el 76,1% aseguran que este condicionamiento proviene de la propia empresa (3).

La televisión, como el resto de medios de comunicación, es un espacio que debe ser democratizado. O lo que es lo mismo, regulado y puesto al servicio de la mayoría. Dicen que sin periodismo no hay democracia, pero si el periodismo sólo está al servicio de los ricos, tampoco.

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1. Preguntas 11 y 15 del barómetro de marzo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS): http://www.cis.es/cis/export/sites/default/-Archivos/Marginales/2980_2999/2981/Es2981.pdf

2. Es cierto que existen televisiones puestas en marcha por colectivos ciudadanos que deciden organizarse para transmitir información, como TeleK, pero  por desgracia su audiencia suele ser muy baja comparada con la de los grandes medios, por lo que apenas afecta a estos porcentajes.

3. http://www.lamarea.com/2013/12/12/prensa/

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